BrandVoice

Private Equity: sofisticando al inversor actual

Dos años después de su lanzamiento, Crescenta refleja cómo el Private Equity empieza a integrarse en las carteras minoristas y abre el debate sobre una nueva cultura inversora basada en el wealthness financiero.

Ramiro Iglesias fotografiado el 26 de febrero en la sede de Crescenta en Madrid. Foto: Jaime Partearroyo.

“El gran cambio que estamos viendo es cultural”. Así resumen desde Crescenta la evolución del inversor particular en España. Dos años después de su lanzamiento, la plataforma observa cómo el Private Equity empieza a integrarse en las carteras minoristas mientras emerge un nuevo concepto que quieren impulsar: el wealthness financiero.

La idea de que los mercados privados formen parte de la estrategia patrimonial de un inversor particular habría parecido improbable hace apenas unos años. Hoy, sin embargo, el escenario empieza a cambiar. “Durante mucho tiempo el inversor particular sabía que los grandes patrimonios invertían en mercados privados, pero simplemente no tenía acceso a ellos. Ahora ese acceso se abre”, explican a Forbes.

Desde su creación en 2023 por Ramiro Iglesias y bajo la presidencia de Eduardo Navarro, Crescenta nació precisamente con ese objetivo: acercar el Private Equity a un público más amplio permitiendo invertir en fondos de capital privado desde 10.000 euros. Dos años después, la plataforma se ha convertido en uno de los proyectos que mejor refleja la evolución de esa cultura inversora en España.

Entre los cambios más visibles destacan la transformación del perfil del inversor. Cuando la plataforma comenzó su actividad, el conocimiento sobre mercados privados entre los particulares era todavía limitado. Hoy el interés por comprender estos activos es mucho mayor. Según señala Iglesias: “Cada vez más inversores llegan preguntando cómo funcionan los fondos, cómo se construyen las carteras o qué papel puede jugar el Private Equity dentro de su estrategia patrimonial”.

Ese cambio responde también a un contexto financiero en transformación. La volatilidad de los mercados públicos, la concentración del crecimiento en unas pocas compañías tecnológicas y la búsqueda de nuevas fuentes de rentabilidad han llevado a muchos inversores a mirar más allá de los activos tradicionales. En ese escenario, los mercados privados ofrecen una oportunidad distinta. “Una parte muy relevante del crecimiento empresarial ocurre hoy fuera de los mercados cotizados; participar en esa fase es precisamente lo que ha permitido a los grandes patrimonios generar valor durante décadas”.

“Estamos viendo cómo el Private Equity empieza a formar parte de la conversación patrimonial del inversor particular”

Históricamente, los grandes inversores han reservado una parte de sus carteras a este tipo de activos, con rentabilidades medias que en determinados segmentos se han situado en torno al 15% anual. El problema no era el atractivo del activo, sino su accesibilidad: durante años, los elevados mínimos de inversión y la propia estructura del sector lo mantuvieron prácticamente fuera del alcance del inversor minorista.

Con los cambios regulatorios y el desarrollo de nuevas plataformas se han comenzado a reducir esas barreras. “La democratización del Private Equity no es solo tecnológica o regulatoria; también es una cuestión de educación financiera y de evolución del propio inversor”, afirma Iglesias.

Ese proceso ha permitido que cada vez más inversores particulares puedan acceder a fondos de Private Equity de primer nivel y diversificar sus carteras más allá de los mercados cotizados.

En un corto periodo de tiempo, Crescenta ha conseguido captar el interés de un número creciente de inversores y superar ampliamente sus previsiones iniciales: la compañía triplicó su objetivo de gestión en su primer año, alcanzando más de 120 millones de euros bajo gestión y consolidando dos vehículos –Crescenta Private Equity Buyouts Top Performers I y Crescenta Private Equity Growth Top Performers I–. “Más allá de las cifras, lo relevante es que estamos viendo cómo el Private Equity empieza a formar parte de la conversación patrimonial del inversor particular”, apunta Iglesias.

El concepto de “wealthness financiero”

Junto a la democratización del acceso a los mercados privados, Crescenta está impulsando una idea que busca redefinir la forma en que se entiende la inversión: el wealthness financiero. “El debate sobre inversión se ha centrado durante mucho tiempo únicamente en la rentabilidad. Nosotros creemos que empieza a surgir algo más amplio: una forma más consciente de relacionarse con el dinero y con la construcción del patrimonio”, explica Iglesias.

El concepto propone entender la inversión como parte de una visión más amplia del bienestar personal: no solo maximizar retornos, sino construir una estrategia patrimonial informada, diversificada y alineada con los objetivos vitales de cada inversor.

En la práctica, este enfoque se apoya en tres pilares: educación financiera, diversificación real de las carteras y acceso a activos que históricamente han estado reservados a una minoría.

Las nuevas generaciones de inversores muestran, además, un mayor interés por comprender cómo funcionan los mercados y por estructurar carteras más sofisticadas desde etapas tempranas. Al mismo tiempo, la digitalización del sector financiero y la mayor disponibilidad de información están reduciendo barreras que durante décadas parecían inamovibles.

En este contexto, dos años después de su lanzamiento, Crescenta se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de esta transición. “Lo que está cambiando no es solo el acceso a nuevos activos; está cambiando la forma en que las personas entienden su relación con el dinero y con la inversión”, concluyen desde la compañía.

Artículos relacionados