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Proteger al inversor

Dunas Capital supera los 5.000 millones bajo gestión tras una década marcada por una estrategia centrada en proteger el patrimonio y navegar los ciclos de mercado.

David Angulo, presidente ejecutivo de Dunas Capital Group. Foto: Alfredo Arias.

En un mercado cada vez más complejo para el inversor, la forma de gestionar el riesgo se ha convertido en un elemento diferencial entre gestoras. Hablamos con David Angulo, presidente ejecutivo de Dunas Capital Group, sobre el modelo que ha guiado el desarrollo de la firma, su cultura de inversión y los desafíos que plantea crecer sin perder esa identidad.

Dunas Capital cumple diez años en un entorno especialmente cambiante para los mercados. Mirando atrás, ¿qué ha sido más determinante para el crecimiento de la firma: el contexto de mercado o las decisiones estratégicas internas?

Nada es resultado de una sola circunstancia, pero creo que las decisiones estratégicas internas han sido la piedra angular de nuestro crecimiento. El contexto influye, pero no determina. Lo que ha marcado la diferencia en Dunas Capital ha sido construir un modelo centrado en la preservación de capital, mantener la independencia como un valor no negociable, atraer talento muy especializado e innovar. Los ciclos de mercado cambian; nuestra forma de navegar esos ciclos, no.

Desde el principio tuvimos claro que nuestro principio fundacional es la preservación del capital de nuestros clientes. Toda decisión y estrategia que desarrollamos parte de esa premisa.

En un entorno donde los mercados suben y bajan y lo único seguro es esperar lo inesperado, hemos demostrado en momentos complejos que nuestra estrategia funciona. Un ejemplo fue 2022: un año de fuertes correcciones en renta fija y renta variable en el que, en España, solo diez fondos de inversión terminaron en positivo y cinco de ellos eran gestionados por Dunas Capital. Eso confirmó a nuestros clientes que estamos realmente enfocados en el retorno absoluto y en proteger su capital.

Muchas gestoras hablan de preservación de capital, pero pocas la colocan realmente en el centro del modelo. ¿Cómo se construye una cultura donde proteger el capital del cliente pesa más que maximizar rentabilidad a corto plazo?

Con coherencia. La preservación de capital no es un eslogan, sino una forma de pensar, invertir y gestionar el riesgo. Se construye con procesos disciplinados, alineación de incentivos y una cultura interna que premia la prudencia tanto como la rentabilidad. En Dunas, antes de invertir nos preguntamos: “¿cuánto podemos perder y cómo lo protegemos?”.

Analizamos a fondo cada inversión con un fuerte enfoque en el riesgo. Cada fondo tiene definidos sus límites y, según las circunstancias del mercado, ajustamos el nivel de exposición incorporando coberturas cuando es necesario. Además, gestores y equipo tenemos nuestro propio dinero invertido en los fondos, lo que asegura la alineación con nuestros clientes. Las decisiones se toman de forma colegiada y solo invertimos en activos que cuentan con el consenso del equipo.

En nuestra cultura empresarial hemos interiorizado este principio: preferimos preservar el capital de nuestros clientes antes que “ganar el último euro”. Nuestros inversores buscan rentabilidad sin sobresaltos y previsibilidad en la forma de actuar.

Con perspectiva, ¿hubo alguna decisión en los primeros años que en ese momento resultara incómoda o arriesgada, pero que hoy considere clave para la identidad de la firma?

    Decisiones incómodas hemos tenido muchas; arriesgadas, ninguna. Apostar por un modelo independiente en una industria dominada por grandes grupos no fue lo más cómodo. Tampoco lo fue priorizar la gestión del riesgo por encima de crecer rápidamente en volumen. Pero precisamente esas decisiones son las que hoy definen quiénes somos.

    A veces, cuando el mercado está muy alcista y nosotros consideramos que el riesgo es elevado o que los activos están caros, optamos por no seguir la tendencia. Ir en contra del mercado puede resultar incómodo, pero creemos que esa disciplina es la que permite proteger el capital de nuestros clientes y mantener una estrategia sostenible a largo plazo.

    En un sector dominado por grandes grupos financieros, ¿qué implica en la práctica ser una gestora verdaderamente independiente?

      Implica mucha responsabilidad y también libertad de tomar decisiones pensando única y exclusivamente en lo que entendemos es mejor para nuestros clientes. Independencia significa que solo respondemos ante nuestros clientes, que no arrastramos conflictos de interés y que nuestras decisiones no están condicionadas por objetivos comerciales externos. Para nosotros no es un concepto de marketing: es una ventaja competitiva real.

      ¿Ha habido momentos en los que esa independencia les haya permitido tomar decisiones que otros actores del mercado no podían permitirse?

        Sí. En varios episodios de tensión en los mercados —desde crisis de liquidez hasta repuntes de tipos— pudimos reducir riesgo, incrementar coberturas o cambiar posicionamientos sin necesidad de justificar la decisión ante estructuras corporativas complejas, pensando únicamente en proteger el capital de nuestros clientes. Esa agilidad ha protegido de manera tangible el patrimonio de nuestros clientes.

        La confianza del inversor se construye también desde el gobierno corporativo. ¿Cómo se traduce esa filosofía en la relación diaria con los clientes?

          En transparencia radical. Comunicación constante, expectativas realistas y ausencia total de euforias o riesgos innecesarios. El cliente entiende que vamos a priorizar su capital incluso cuando significa renunciar a oportunidades aparentemente atractivas. Esa coherencia genera confianza, y nuestras decisiones de inversión están basadas en un firme gobierno corporativo. Un tema que nos encanta es que nuestros clientes dicen que somos muy previsibles, y en eso consiste el gobierno corporativo, en tomar decisiones bajo los mismos parámetros de riesgo, así saben sin ninguna duda que tomaremos las decisiones necesarias, bajo una gestión activa de riesgos.

          Dunas ha superado los 5.000 millones bajo gestión. ¿Cómo se gestiona el crecimiento sin perder el ADN que permitió construir la firma?

            Para nosotros el crecimiento exponencial que hemos tenido en estos años, creciendo a más de un 30% anual compuesto, ha sido una consecuencia de cómo gestionamos y la coherencia de nuestras decisiones, manteniéndolo intacto desde el primer día hasta hoy, y nunca ha sido un objetivo en sí mismo. Así, hemos ido creciendo hacia dentro tanto como hacia fuera. Invirtiendo en sistemas, distribución, atrayendo al mejor talento y en gobierno corporativo para ser más robustos sin perder agilidad. Nuestro ADN —disciplina, independencia, innovación y preservación de capital— no se protege con discursos, sino con procesos y resultados, que hemos demostrado a lo largo de estos 10 años.

            ¿Existe un tamaño óptimo para una gestora independiente antes de que el propio volumen empiece a condicionar las decisiones de inversión?

              Más que un tamaño óptimo, existe un tamaño crítico: aquel que permite invertir en capacidades, gestión de riesgo y especialización sin que el volumen de activos condicione las decisiones de inversión. Ese equilibrio es el verdadero reto, y en Dunas somos muy conscientes de ello y el volumen no ha condicionado nuestra toma de decisiones, ni lo condicionará nunca. Lo único que nos condiciona es preservar el capital de nuestros clientes.

              Cuando una firma crece con rapidez, mantener la cultura interna suele ser uno de los mayores desafíos. ¿Cómo se protege esa cultura cuando la organización deja de ser pequeña?

                Dedicándole tiempo y dándole prioridad. La cultura no se delega; se vive. Hemos sido muy cuidadosos al incorporar talento alineado con nuestra filosofía y muy exigentes al mantener prácticas que reforzaran esa identidad. La cultura se preserva en las decisiones diarias, no en los manuales y así el espíritu del primer día se mantiene siempre y forma parte del ADN de todos los empleados de Dunas Capital.

                La creación de una gestora específica de alternativos parece una evolución natural del proyecto. ¿Qué papel cree que jugarán los activos reales y el private debt en la próxima década?

                  Sin duda, la gestora de Alternativos es una evolución natural de nuestra filosofía de inversión, en activos reales, diversificados, descorrelacionados de los mercados, que ofrecen una rentabilidad muy atractiva y protegen el capital de nuestros clientes. Este papel es creciente y así seguirá: los inversores buscan estabilidad, flujos de caja más predecibles y estrategias menos correlacionadas. Los activos reales y la deuda privada encajan perfectamente en ese marco y creemos que serán pilares esenciales de las carteras institucionales en los próximos diez años.

                  En un entorno de tipos más altos y mayor volatilidad, ¿qué diferencia la aproximación de Dunas a los alternativos frente a otros actores del mercado?

                    Nuestro enfoque no empieza por el producto, sino por el riesgo, llevando a nuestros clientes soluciones de gestión multi-asset coherentes. Analizamos los alternativos desde la óptica de la resiliencia, no de la rentabilidad aparente. Y aplicamos la misma estricta y exitosa disciplina que en los mercados líquidos: estructuras sólidas con buenas rentabilidades, inversión a largo plazo, análisis profundo, minimización de riesgos y un escrutinio exhaustivo de los posibles downsides.

                    Después de diez años al frente del proyecto, ¿qué ha aprendido sobre liderazgo y toma de decisiones en momentos de incertidumbre en los mercados?

                      Que el cliente siempre tiene que estar en el centro de nuestras decisiones. Que la serenidad y la paciencia en el mundo de la gestión de activos es un activo en sí mismo. Que rodearse de gente mejor que uno mismo es una gran fortaleza, no una amenaza. Que la humildad y el trabajo en equipo sin egos es una ventaja competitiva, y finalmente que, en los momentos de mayor ruido de mercado y cambio de contexto de inversión, las decisiones deben estar siempre basadas en los principios fundamentales, manteniendo el criterio: proteger el capital de nuestros clientes, priorizar lo importante y actuar con convicción.

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