Graells, abogado, empresario y escultor de futuros, según la definición en su perfil de Linkedin, es hijo y nieto de agricultores, aprendió desde muy pequeño la cultura del esfuerzo, el rigor y la templanza. Valores y principios que rigen su vida personal, consolidados y enriquecidos por la formación y su experiencia. Nacido en La Fuliola (Lleida), tenía un sueño: convertirse en abogado de prestigio. Y así hizo. Un abogado que durante los años de la Gran Recesión tuvo que afrontar la amargura de ver cómo muchos de sus clientes se veían abocados al cierre de sus empresas y se vio convertido, a su pesar, en experto en derecho concursal. En ese momento, Vallformosa era uno de esos clientes, pero en este proyecto vio la luz que lo empujó a empeñarse en reconvertir la bodega, que en la actualidad opera con un modelo de negocio único: una compañía vitivinícola sin finca ni viñedos propios. Esta es su historia.

Enhorabuena por el Premio. ¿Qué significa para ti presidir la Pyme del Año de los que otorga Foment del Trabajo?

Que te den un premio siempre es un motivo de orgullo y satisfacción, sobre todo por el esfuerzo de todo el equipo que hay detrás. Pero no deja de ser una gran responsabilidad porque hay cientos de familias involucradas en el ecosistema Vallformosa.

En su Linkedin se define como “escultor de futuros”. ¿Nos podría explicar qué significa?

Soy de los que piensa que el futuro se puede esculpir, porque el resultado de la obra en la que estás trabajando hoy no se visualizará hasta mañana. Nuestra misión es ir un poquito más allá del futuro, para que lo puedas diseñar. Así lo aplico en todo lo que hago en mi vida.

¿Con qué palabras resumiría su implicación en la reflotación de Vallformosa?

Vallformosa es una historia de fe y un poco de utopía. Cuando todo el mundo te dice que algo no es posible, hay una luz al final que te ilumina a visualizar que sí. Que, con esfuerzo y proyecto, se puede convertir en lo que tú quieras.

¿Por qué entró?

A mí me contrataron para cerrar la compañía. Trabajamos en una fórmula para que la compañía reflotara y empecé a participar activamente en este proyecto mucho antes de entrar como accionista.

¿Qué es lo que le llamó la atención de Vallformosa? ¿Decidió salvar la empresa por algo especial o porque los números, en realidad, no eran tan malos y había posibilidades de reflotar la empresa?

Los números estaban mal… la compañía tenía todos los retos posibles: era una compañía con una deuda importante, con una marca muy perjudicada en un entorno que se mueve por el volumen y el precio y no por la calidad.

Pero había otro gran reto mucho más significativo, y es que la compañía como consecuencia de la crisis y la reestructuración había perdido todas las fincas. Por tanto, estamos hablando de una bodega que, tenía otro añadido: convertir la necesidad en virtud, como modelo de negocio diferente y transversal.

¿Qué es lo que le empujó a decidirse eso de “¡se puede salvar!”?

Me sentí identificado con Vallformosa. Soy hijo de agricultor que emigró a Barcelona para tratar de prosperar, con una maleta cargada de sueños. Viví y conocí lo que es la vida del agricultor, que no sabe si después de pasar todo el año trabajando, le van a comprar la uva y a qué precio. Pensé que era una gran oportunidad para intentar construir un modelo de compañía que buscara el equilibrio entre el que trabaja la tierra y el consumidor, repartiendo la cadena de valor de forma equitativa y sostenible para todos.

Lidera otras compañías, empresas, de sectores diferentes… ¿Nos podría explicar? ¿Todo lo que toca lo transforma?

La transformación es aquello que te permite cambiar las cosas. Hay modelos de negocio que te permiten hacer transacciones, pero hay otros modelos que son los en los que yo disfruto: los que destacan la transformación, el posicionar una marca, el reinventarse, sumar talento a la trazabilidad, aportar esa visión femenina a la compañía, utilizar la inteligencia emocional.

Me gusta la combinación de hombres y mujeres que ven el mercado de forma complementaria, que trabajan con un sentimiento de pertenencia y que no miran la cuenta de explotación del día a día. Sino que siembran para recoger los frutos en el futuro.

¿Cuáles son las otras empresas en las que interviene?

He puesto en valor una empresa agraria de fruta dulce en mi tierra junto con mi familia.

He tenido la oportunidad de participar en reflotar dos empresas fabricantes de puertas junto a dos familias empresarias con las que comparto la misma visión de negocio. Contamos actualmente con más de 400 trabajadores.

Es apasionante analizar modelos de negocio y empresas con potencial, conectando diferentes players, profesionales y personas con talento donde todos ganemos.

Y todo esto siendo abogado, sin haber estudiado Empresariales…

Somos aquello que hacemos de forma continuada, luego la excelencia no es un acto sino un hábito. Ser abogado me ha permitido aprender de mis clientes, de los éxitos y fracasos, así como que las empresas tienen varias vidas. Vallformosa es hoy una empresa nueva, con 150 años de historia.

Preside una compañía que exporta más del 85% de la producción al exterior. ¿Qué visión tienen de España desde otros países?

Tienen una visión infinitamente mejor de la que tenemos nosotros sobre nuestro propio país. España tiene grandes empresas que ofrecen en el exterior una imagen extraordinaria. Grandes grupos hoteleros, empresas de gastronomía, empresas punteras en innovación…

Deberíamos dar muchísimo valor a la marca Barcelona, yo entiendo una Barcelona que empieza en el Delta del Ebro, llega hasta Figueras, tienen unas pistas de esquí en la Cerdanya, una huerta en Lleida y unos viñedos en el Penedès. Y la marca España. Donde se visualiza en el extranjero la imagen de nuestro país.

¿Cómo visualiza el sector del cava?

No me gusta pensar en “sectores”. Para mí lo que priman son los ecosistemas. Como en cualquier otro sector, el cava será lo que las empresas que lo conforman seamos capaces de ser, de proyectar y de transmitir.

En este momento, estamos liderando su redefinición donde el principal objetivo sea encontrar el equilibrio entre el que trabaja la tierra y el consumidor.

Y ¿cómo lo hacen?

Hemos conseguido generar un sentimiento de pertenencia, que es el motor principal de la compañía, en las más de 400 familias de viticultores que son nuestro principal activo, nuestros socios en el viñedo, que tienen la propiedad de las fincas y que trabajan como un solo equipo.

¿Cuál es el secreto?

El secreto está en tener un proyecto sólido. Y en nuestro caso, una voluntad de legado a las siguientes generaciones. Por un salario las personas trabajamos, pero por un proyecto nos dejamos la piel.

El reto es conseguir que el consumidor se sienta parte del mismo.

¿Qué os hace mágicos?

En nuestro modelo, la propiedad no es la base de nuestro negocio. Las familias que trabajan con Vallformosa son socios permanentes. Nuestra implicación en sus fincas es total. Tenemos a un equipo de viticultura que trabaja todo el año los viñedos de estas familias para mejorar sus fincas, sus rendimientos, la calidad de sus frutos. Nuestro principal desafío es cuidar de ese viticultor y su familia, como auténticos socios de Vallformosa. Esto es lo importante: la voluntad del ser frente a la voluntad del tener.

¿Qué nos puede decir de la Vallformosa Foundation?

Vallformosa Foundation tiene como objetivo promover y liderar proyectos de prosperidad para los territorios que como consecuencia del cambio climático, de las nuevas tecnologías y el reto demográfico precisan de nuevas fórmulas económicas y nuevas formas de gobernanza. La sostenibilidad debe ser ecológica, económica y social.

¿Qué significa?

Si conseguimos que las personas de nuestro entorno se enriquezcan en el sentido más amplio de la palabra, conseguiremos una auténtica sostenibilidad.

¿Con qué dificultades se encuentra en su día a día? ¿Cuáles son sus prioridades en su agenda?

Las dificultades no existen. Existen los retos. Todos tenemos el mismo tiempo, las mismas horas; la diferencia radica en la dedicación de nuestro tiempo, con quién comes, con quién te reúnes y en qué piensas.

¿Cómo se plantea los próximos 5 años?

El mundo evoluciona de forma tan rápida que debes adaptarte. Si me hubiesen preguntado esto hace cinco años, no hubiera podido prever la crisis de la Covid, la crisis de las materias primas, la crisis del consumo. Al final, lo que tenemos claro es dónde queremos ir, pero sobre todo, cómo queremos hacerlo. Esta voluntad de ser es lo que nos guiará para los próximos cinco, diez o cincuenta años.

¿Cuál es el mejor consejo que le han dado?

El mejor consejo que me han dado es no tener miedo. Debes tener tu propio sueño y luchar por él. El resultado, tarde o temprano, vendrá. Cuando yo empezaba, un empresario catalán me dijo: “no pienses en el dinero; trabaja lo mejor que sepas, sigue tu sueño y tu proyecto y, el dinero llegará”.