Mikhail Fridman y Oleg Deripaska, dos de los grandes empresarios rusos, son los primeros en posicionarse en contra de la invasión que el régimen de Vladimir Putin inició en Ucrania la semana pasada.

Fridman, uno de los hombres más ricos de Rusia, es el fundador de Alfa Bank (el banco privado más grande del país) y controla la firma de capital privado LetterOne, el principal accionista de la cadena española de supermercados DIA. A través de un correo electrónico a sus empleados de LetterOne, el empresario nacido en Ucrania pidió el «fin del derramamiento de sangre» y escribió que «la guerra nunca puede ser la respuesta», recoge el diario británico Financial Times.

«Nací en Ucrania y viví allí hasta mis 17 años. Mis padres son ciudadanos ucraniamos y viven en Lviv, mi ciudad favorita. Pero he pasado gran parte de mi vida como ciudadano ruso, construyendo y haciendo crecer negocios. Estoy profundamente ligado a ambos países y creo que el conflicto es una tragedia para ambos», afirma el magnate en la carta.

El empresario ruso subraya en su comunicado interno que «no hace una declaración política, que es un hombre de negocios con responsabilidades hacia miles de empleados en Rusia y Ucrania. Estoy convencido, sin embargo, de que la guerra nunca es la respuesta. Esta crisis costará vidas y dañará dos naciones que han sido hermanas durante cientos de años». El magnate ruso es conocido por mantenerse al margen de los posicionamientos políticos, pero se ha convertido en el primer empresario ruso en declararse en contra del conflicto ahora que Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea se plantean profundizar en sus sanciones económicas contra el país.

Tras las palabras de Fridman, otro de los grandes oligarcas rusos y un ferviente seguidor de Putin, Oleg Deripaska, publicó un breve mensaje en Telegram en el que pedía el fin de la guerra. «La paz es muy importante. Las negociaciones deben empezar lo antes posible», afirmó en la aplicación de mensajería el fundador del gigante ruso del aluminio Rusal, firma en la que todavía tiene una participación a través de acciones en la empresa matriz EN+ Group, que cotiza en Londres.

La petición de diálogo y el fin del conflicto de ambos oligarcas se produce al tiempo que aumenta la presión para imponer sanciones económicas sobre los grandes empresarios rusos. Según un funcionario de la Casa Blanca, el bloque de Occidente tiene bajo su punto de mira los «yates, aviones, coches y casas de lujo» de los grandes ricos rusos en todo el mundo.

Según las estimaciones de Forbes, la fortuna de Fridman asciende a 11.700 millones de dólares. A través de LetterOne, Fridman es el dueño de L1 Retail, el brazo que controla el negocio minorista de alimentación y que participa en la cadena Holland&Barrett en Reino Unido y DIA, en España; además tiene la firma de telefonía Turkcell, con clientes en Turquía, Ucrania, Bielorrusia y Chipre.

La fortuna de Deripaska se sitúa en unos 4.000 millones de dólares. Ninguno de los dos se ha visto afectado por las sanciones más recientes, pero Deripaska, que construyó su fortuna materias primas, sí se ha enfrentado a sanciones por parte de Estados Unidos desde 2018 por sus vínculos con el gobierno de Putin.

Varios ciudadanos rusos con un perfil mediático alto se han posicionado en contr de la guerra, pero la mayoría son artistas como la actriz Liya Akhedzhakova o el periodista y Premio Nobel de la Paz Dmitry Muratov. Al igual que Fridman, la mayoría de las celebridades y oligarcas rusos se mantienen al margen de la política evitando señalar directamente a Putin o culpar a Rusia de haber iniciado el conflicto, limitándose a pedir el fin de la guerra. Roman Abramovich, el oligarca ruso dueño del Chelsea Football Club, anunciaba este domingo que dejaba la dirección del club en manos de la fundación benéfica.