Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 27 | «Cumplo 600 días a bordo y lo celebro en buena compañía», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

Diario de A Bordo

Hace más de 600 días que zarpé desde España para intentar cumplir mi sueño: dar la vuelta al mundo a vela en solitario. Firmaría ahora mismo para que todo siguiera igual y llegar a casa tal y como zarpé. Mentalmente, está siendo todo nuevo. La velocidad con la que pasan los días no tiene sentido y es una de mis preocupaciones. Es imposible frenarlos, cogen velocidad de crucero y, en media hora, pasan días; en días, semanas y, en semanas, los meses. Cada amanecer es un regalo.

El Sofía VI viste sus mejores galas para recibir a los armadores y a mi hermana. En unos días, Itxi se irá de vuelta a España y me quedaré con mis padres y mi hermana para seguir explorando rincones de Seychelles. Fijamos el fondeo de Eden Island como sede base. Desde aquí, tenemos acceso a las facilidades de tierra firme y al transfer al aeropuerto más barato, ya que durante los próximos días habrá muchos cambios en la tripulación del Sofía. Estas visitas exprés me dan un chute de energía que utilizo para superar los momentos complicados, cuando aparecen.

No veía a mis padres desde hacía un año y hacía un año y medio que no coincidía a la vez, con mi hermana y los armadores. El primer día de los cuatro a bordo del Sofía, navegamos 30 millas hasta Praslin Island. Fondeamos en 6 metros de profundidad sobre arena blanca y, desembarcamos a tierra con el objetivo de festejar por la familia. Al final de la playa, entre cocoteros, encontramos una caseta de madera que se hace llamar «Coco Loko». Tiene una barra y una zona con mesas y sillas desde donde tienes unas vistas panorámicas de toda la playa. Al fondo, descansa inmóvil el Sofía. Viendo el sol desaparecer por el horizonte, acabamos nuestro último cóctel de la carta que nos quedaba por probar y volvemos a bordo. Ducha de agua dulce y preparamos una buena cena para volver a celebrar por la familia.

Pasamos unos días en esta idílica playa de Praslin y navegamos otras 25 millas para fondear en el oeste de Mahé, la capital de Seychelles. En esta costa hay rincones preciosos por descubrir que tienen algunos de los requisitos que más me gustan de un fondeo: que no haya acceso por tierra y que esté protegido de los vientos predominantes. Pasamos unas noches en una bahía muy estrecha que solo hay espacio para un velero. Rodeados de arrecife y con la protección de tres playas de apenas 20 metros de largo, fondeamos en 9 metros de profundidad para estar a una distancia prudente de los arrecifes. Las tres playitas están separadas por formaciones rocosas y, antes de llegar a la orilla, hay arrecife que dificulta mucho el desembarque en dinghy.

Al no haber acceso por tierra a esta bahía, podemos decir que disfrutamos de nuestras playitas privadas durante unos días. Cada día exploramos una playa y pasamos el tiempo haciendo buceo entre los arrecifes, recogiendo caracolas y paseando por caminos sin salida que hay marcados por la costa. El mar está en calma total y los arrecifes, desde la altura, se distinguen perfectamente. Incluso se aprecia el fondo donde está fondeado el Sofía, más alejado de la orilla. No fallamos a nuestra cita con el sol: cada tarde, cuando no está demasiado nublado, disfrutamos de la puesta de sol sobre las 18:30.

Después de unos cuantos días desconectados de la sociedad, volvemos a la costa noroeste para fondear en una de las playas mejor valoradas de Seychelles. Según las guías náuticas, es un buen fondeo en arena blanca y con buen agarre. Según las valoraciones de internet, es la típica playa llena de resorts y turismo, con una bonita playa de arena blanca y cocoteros. Nuestra misión en este fondeo es encontrar un garito de comida local para celebrar por todo lo alto el fin de nuestros días en familia.

Cualquier motivo es bueno para celebrar, pero, si es por la familia, aún con más motivo. Con mi hermana liderando la búsqueda, no habrá nada que temer. Ella te asegura buena comida y bebida. Tras investigar en un par de locales, todos con vistas a la playa, encontramos una zona con diferentes casetas con diferentes tipos de comida y la caseta de los «refrescos». Al costado hay unas mesitas para sentarte y ver pasar el tiempo desde la playa. Nos enamoramos de la zona. Después de unas rondas, nos hacemos amigos del coctelero y, para las próximas rondas, tendremos doble ración de ron.

En cuanto vemos el reflejo de la luna en el mar, recuperamos la noción del tiempo. Deberíamos empezar a pensar en ir tomando la última. Dicho y hecho, pedimos la última.

Tener a mi familia y a mi novia a bordo del Sofía en este lugar ha sido otro sueño cumplido. Ahora toca poner el foco en la preparación para llegar a Sudáfrica.

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