El aeropuerto de Palma encara el tramo decisivo del verano con 19,5 millones de pasajeros y el debate sobre la masificación en el horizonte. Son Sant Joan registra en julio 4,6 millones de pasajeros, un 2,2% más que hace un año. El crecimiento confirma la fortaleza de la demanda turística en Mallorca, aunque también intensifica el debate sobre los límites de un modelo que vuelve a tensionar infraestructuras y servicios. Por ora parte, el Aeropuerto de Ibiza rozó los 1,5 millones de pasajeros (un 3% más) y va camino de superar el récord de pasajeros que marcó el año pasado. Hasta julio de 2026 ya ha superado ya los 5,2 millones, un 3,1% más que en 2025.
Se trata de un nuevo avance del tráfico aéreo que confirma la fortaleza de Baleares como uno de los grandes destinos turísticos del Mediterráneo. Según los datos de Aena, el crecimiento se ha apoyado tanto en el mercado nacional como, especialmente, en la conectividad internacional. Los vuelos domésticos en Palma movilizaron 925.900 pasajeros, un 2,8% más que un año antes, mientras que el tráfico internacional alcanzó los 3,7 millones de viajeros, con un incremento del 2,1%. El aumento de pasajeros ha venido acompañado también de una mayor actividad aeroportuaria. Durante julio, Son Sant Joan gestionó 32.198 operaciones entre aterrizajes y despegues, un 2,4% más que en julio de 2025.
La fotografía del acumulado del año refuerza esta tendencia. Entre enero y julio, el aeropuerto de Palma recibió 19,5 millones de pasajeros, un 2,2% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior. En esos siete meses se registraron además 143.017 operaciones, un 1,6% más.
Los datos de Palma llegan en pleno tramo central de la temporada alta y dibujan un escenario de crecimiento moderado, pero sostenido. El sector turístico balear afronta así un verano que, más que por un salto espectacular en el número de visitantes, se caracteriza por la consolidación de unos niveles de demanda ya extraordinariamente elevados.
A mediados de julio, la ocupación hotelera en Palma rondaba el 83%, con expectativas especialmente positivas para los meses de julio y agosto, cuando la llegada del turismo internacional alcanza su máxima intensidad. La evolución del tráfico aéreo es especialmente relevante para Baleares porque el aeropuerto constituye uno de los principales termómetros de la economía turística de las islas. Más vuelos y más pasajeros significan actividad para hoteles, restauración, transporte, comercio y ocio, pero también una mayor presión sobre infraestructuras que durante los meses de verano operan cerca de sus límites.
Más allá de su capacidad operativa
De hecho, Palma figuraba ya antes del verano entre los aeropuertos españoles que más se aproximaban a su capacidad operativa, con una ocupación estimada del 99,4% para el periodo analizado. Es más, Son Sant Joan excederá su capacidad durante 18 días de este mes de agosto, es decir, en más de la mitad del mes, según se desprende de un informe de Eurocontrol. El de la capital balear es el único aeropuerto español que figura en esta lista, elaborada por la organización intergubernamental encargada de la gestión del tráfico aéreo en Europa, de aquellos en los que se prevén desajustes entre la demanda y la capacidad tanto a lo largo de agosto como de septiembre.
Entre el 3 y el 31 de agosto, el aeropuerto de Son Sant Joan superará su capacidad en 18 ocasiones. En diez de ellas será durante más de dos horas consecutivas y en las ocho restantes, durante solo dos horas. Ya en septiembre, entre el día 1 y el 27 la capacidad del aeropuerto de Palma se superará en al menos ocho ocasiones, tres durante más de dos horas consecutivas y cinco durante dos horas. En el listado, aunque algunos con peores previsiones, figuran también los aeropuertos de Atenas, Corfú, Heraklion, Kos y La Canea, en Grecia; el Sabiha Gökçen de Estambul (Turquía), y Gatwick, en Londres.
El crecimiento de Son Sant Joan se produce, además, en un momento especialmente delicado para Baleares. El récord de actividad turística convive con un debate cada vez más intenso sobre la capacidad de las islas para absorber nuevos incrementos de visitantes. En 2025, Baleares recibió más de 19 millones de visitantes, frente a una población residente de alrededor de 1,2 millones. La magnitud de esta diferencia explica en buena medida por qué el debate ha dejado de centrarse únicamente en cuántos turistas llegan y empieza a girar alrededor de cuánto turismo puede soportar el territorio.
La tensión social se ha hecho especialmente visible este mes. El pasado 8 de agosto, alrededor de 2.500 personas se manifestaron en Sóller contra la masificación turística y el modelo de crecimiento basado en un elevado volumen de visitantes. Las protestas pusieron sobre la mesa problemas como la presión sobre los servicios públicos, la vivienda, el tráfico y la conservación del entorno.
El propio Govern balear ha reconocido que las Islas han alcanzado un límite en su capacidad de crecimiento y ha defendido la necesidad de combatir la oferta turística no regulada y gestionar de manera diferente el desarrollo del sector.
El dato de julio resume, por tanto, una de las grandes contradicciones de la economía balear: el turismo continúa creciendo y generando actividad, pero el modelo que permite ese crecimiento afronta una presión social y territorial cada vez mayor.

