Así se reinventa un sector tradicional como el de la moda mediante la tecnología. La ucraniana Yuliya Raquel, a quien conozco en París, abrió un pequeño taller de moda en San Francisco en 1995. Diseñaba y confeccionaba ropa a medida para clientas particulares y novias. En aquellos años, hacer los patrones manualmente era un proceso “increíblemente tedioso”, me dice. Gajes del oficio. En 2000, lanza una marca de moda de comercio electrónico directo al consumidor, pero “justo entonces estalla la burbuja de las puntocom”.
A pesar del revés, su salto al mundo online fue realmente exitoso. “Vestimos a famosas y creamos un nicho interesante para mujeres voluptuosas. Nos situamos en primera línea, celebrábamos la belleza de las distintas tallas en los 2000, cuando eso ni siquiera existía, queríamos cambiar el mundo”. Hacer un patrón para una mujer con curvas es mucho más complejo que para una figura estandarizada, fue un “duro aprendizaje”, pero Yuliya encontró la fórmula. “Llegué a vender decenas de millones de dólares junto a la línea para las celebrities y tenía un equipo de 27 personas”.
No obstante, su inquietud persistía. “Pasar de una idea a la producción seguía siendo demasiado difícil, caro y generaba muchísimo desperdicio”, con el consiguiente impacto medioambiental. Incluso si un diseño se vendía bien y una marca quería pasarlo a la siguiente temporada, simplemente cambiando un poco la tela, necesitaba hacer dos o tres pruebas y rehacer muestras, porque la relación entre la tela y el patrón no es fácil.
En 2013, algo hizo clic en su mente. “Me dije: ‘vivo en Silicon Valley, el epicentro de la tecnología, tiene que haber una forma mejor de hacerlo’». Yuliya decidió vender las acciones de su empresa e investigar cómo la inteligencia artificial podía acelerar el proceso de creación de patrones, el verdadero cuello de botella de su sector.
San Francisco tenía unos 200 talleres de costura, hoy no queda ninguno. No supieron aliarse con la pujante revolución digital. La modista exploró el diseño paramétrico y su relación antropométrica con el cuerpo. Llegó a desarrollar patrones con más de 179 puntos de medición. Era un rompecabezas. Un patrón funcionaba para un tipo de cuerpo, pero no para otro. Si cambiaba la tela un poco, fallaba. En el ajuste de la ropa, un par de milímetros aquí y allá podían desbaratarlo todo.
En 2019, Patternfast, la startup de Yuliya, entró en la mítica aceleradora Y Combinator. Su pitch era que un cliente subiría sus inspiraciones a su aplicación y, tras responder a unas pocas preguntas, el sistema sería capaz de encontrar con IA las coincidencias más cercanas a un patrón real. A partir de ahí, ya se podría cortar sin desperdicios. En paralelo, abrió una fábrica en Ucrania.
La demanda explotó. Era capaz de fabricar vestidos de novia en menos de 30 días con una tasa de devolución inferior al 3%, algo inaudito en la industria. La positiva dinámica se vio interrumpida por el doble golpe de la pandemia, que la obligó a reembolsar pedidos, y de la invasión de Ucrania ordenada por Vladímir Putin. “Bombardearon nuestras fábricas, nadie murió, pero fue tan traumático que decidí pausar el modelo directo al consumidor”.
Hoy Patternfast es una brillante luminaria en el mundo de la moda que la IA generativa puede amplificar como un cristal de dispersión… si se usa con criterio profesional. “Es una máquina fantástica para idear millones de posibilidades, pero más del 90% de lo que genera no se puede fabricar porque no tiene en cuenta el patrón de costura técnico”.
Yuliya ha invertido el proceso tecnológico de la moda. Ha construido un modelo con más de 100.000 millones de puntos de datos, cada uno de los cuales corresponde al diseño de un patrón único que puede ser escalado en segundos. No pienses en un patrón como un dibujo, piensa en él como un… ¡sistema! “En lugar de dejar que la IA alucine en abstracto, la hacemos alucinar en un sistema estructurado de posibilidades fabricables”.
Instagram, TikTok y Youtube están haciendo un trabajo “increíble” de democratización de la IA, “pero de cada 10 nuevas soluciones tecnológicas que llenan mi bandeja de entrada, 9 son basura”, me explica. Hay mucho hype y promesas de diseños que terminan siendo imposibles de fabricar. “Mi reto es: hagámoslo real, no dejemos que la IA diseñe cosas infabricables”.
Patternfast tiene un interés inmenso en las marcas históricas de lujo y se está abriendo hueco especialmente en Milán. De hecho, “estamos trabajando con un grupo de lujo top en IA para bolsos de cuero, porque nuestra experiencia abarca tanto ropa como marroquinería”. Ha lanzado también un producto para diseñadores independientes con una suscripción mensual que les cubre el equivalente a 100 patronistas. “En el futuro, cuando escalemos a nivel empresarial, nuestra intención es ir a la producción en masa con marcas como Inditex o H&M para hacer una fast fashion verdaderamente sostenible”.
La gran visión es un «espejo inteligente» frente al cual “la clienta interactúa: ‘no me gusta este escote’, lo baja con la mano, o cambia el color, o ajusta el largo. Una vez lo compra, el paquete técnico de fabricación se genera al instante, un humano lo valida rápidamente y va a la fábrica, donde se corta, se cose y se envía en 24 a 48 horas”. Ese es el futuro, según Patternfast.
¿Por qué pagar mucho por algo que se puede hacer en segundos? La industria de la moda pierde 22.000 millones de dólares al año por falta de tecnología adecuada. Entre el 40% y el 60% de las personas no encajan en las tallas estándar. Nos hemos acostumbrado a comprar ropa que simplemente no nos favorecen. Eso causa un impacto masivo en el medio ambiente y un insoportable coste en forma de devoluciones online.
“Mi única duda es si realmente todo el mundo sabe lo que es mejor para ellos mismos a la hora de diseñar”, apunto maliciosamente. “¡Ahí es exactamente donde la IA nos ayudará!”, replica, “es una visión co-creativa entre el diseñador y el consumidor. No eliminamos la visión de la marca, la adaptamos perfectamente al cuerpo del cliente. Todo ser humano es un experto en la industria de la moda, ¿sabes por qué? Porque usamos ropa. Sabemos qué nos gusta y qué no. Hay muchísimo talento ahí fuera que nunca ha entrado a la industria por falta de herramientas, y ahora podrán pasar de la idea a la producción de manera increíblemente rápida y económica”.

