La cantidad de dinero que Google va a invertir en inteligencia artificial (IA) este año iguala al gasto en defensa de Gran Bretaña y Francia juntas. Escuchar a Alex Connock dos años después de nuestro primer encuentro, sigue siendo una experiencia perturbadora de la que no te protegen ni los centenarios muros del Balliol College en Oxford. Lo difícil a estas alturas es ya distinguir qué armas son más poderosas, si las reales o las virtuales.
Experiodista en People Magazine en Nueva York, exproductor de televisión y asesor de empresas como BBC, Fox, Warner Bros, la Unión Europea de Radiodifusión (EBU) y Goldman Sachs, Connock deja, no obstante, muchas puertas abiertas al periodismo en la era de la IA. Google no diseña herramientas pensando en el mercado español, por ejemplo, son los profesionales los que deben adaptar esos recursos multimillonarios a su nicho. Domar la IA, el gran reto de la actualidad.
«Lo maravilloso de la IA es que todos pueden tener razón al mismo tiempo», y cita a Cindy Rose, CEO de la poderosa agencia de publicidad WPP, para quien «la IA automatiza lo ordinario y difunde masivamente lo extraordinario». La escala del cambio es lo que está saltando por los aires, según Alexandr Wang, ex CEO de Scale AI, dos personas utilizando agentes de IA pueden replicar el modelo de negocio de una empresa en una sola tarde.
En un ejercicio impulsado por la televisión pública alemana ZDF, se creó en cinco minutos un agente de IA capaz de rastrear feeds de noticias de periódicos por todo el mundo. Identificaba las historias de crímenes reales, evaluaba su potencial para Netflix y generaba un ranking. Una de las nuevas leyes del mundo de la programación informática es, en efecto, que el software debe prepararse al instante en el momento de usarse.
Connock habla de un terremoto en la creación de contenido. Hollywood abraza masivamente la IA no por filosofía, sino porque la ley impone a los directivos de los grandes estudios la llamada “obligación fiduciaria”, deben maximizar el beneficio económico y proteger a sus accionistas. Si una tecnología les permite ahorrar millones de dólares, ignorarla podría considerarse mala gestión.
Estalla la nueva generación de herramientas de generación de vídeo, como el modelo Kling de la empresa china Kuaishou Technology, la gran rival de ByteDance por el mercado de las historias breves. El fenómeno está llegando a un nuevo nivel, con modelos capaces de procesar un segundo de vídeo en 0,5 a 0,8 segundos de tiempo real. Tardar menos en crear un vídeo de lo que éste mismo dura supone un auténtico cambio de paradigma, aunque exija por ahora sacrificar pasos de refinamiento visual y, en definitiva, calidad.
La tecnología de ElevenLabs AI Dubbing permite doblar producciones como La Casa de Papel manteniendo las voces originales de los actores y sincronizando los labios en cualquier idioma. “Cada vez más, el producto de lujo será aquello que está hecho por y para seres humanos», es la conclusión de Connock. “Si no hacemos Chanel y hacemos Primark, probablemente la versión de la IA nos aniquilará».Si un medio de comunicación produce contenidos de poco valor, la IA lo reemplazará pronto.
A raíz del debate en Hollywood sobre el uso de la IA en el análisis de los guiones de cine, se han realizado experimentos de prueba ciega en los que se ha sometido el mismo texto a lectores profesionales y a modelos de IA. Estos últimos suelen fracasar, son incapaces de detectar la originalidad, la ironía, el tono humorístico sutil y el peso de la visión de un autor en una historia. Tampoco es buena la IA vaticinando el impacto cultural que tendrá una película. Es famoso su desdén hacia estrenar La Guerra de las Galaxias en 1976.
No esperemos de la tecnología más de lo que puede dar. Los tokens no son palabras, nunca nos cansaremos de insistir en eso. Al formular en idioma ruso la pregunta sobre si “es ética la actuación de Rusia en Ucrania”, el modelo responde que sí es ética. Si se formula exactamente la misma pregunta en ucraniano, responde que no es ética, debido a los datos de entrenamiento específicos de cada lengua.
La cosa se complica si se utilizan diferentes modelos. El experimento “Emergence World”, llevado a cabo por la empresa de investigación Emergence AI, pidió a diversos agentes de IA interconectados que formaran sociedades. El mundo impulsado por Claude evolucionó hacia una democracia deliberativa regida por 15 artículos y con cero violencia.
El mundo impulsado por Grok derivó en 204 eventos criminales, el incendio de la estación de policía y la extinción total en pocos días. El mundo de OpenAI tuvo casi cero delitos, pero colapsó al cabo de una semana porque los agentes se olvidaron de realizar las acciones básicas necesarias para gestionar sus recursos y mantenerse con vida.
La emisora RadioGPT, creada por la empresa Futuri Media usando la tecnología de OpenAI, comenzó bien, pero pronto decidió emitir programas sobre los desastres más mortíferos de la historia combinados con música pop. La mezcla resultaba poco apropiada: tras hablar del ciclón Bhola de 1970, que causo con 500.000 muertos, emitió una canción de Pitbull.
El truco está en saber domar la IA. Para predecir el éxito comercial de un producto audiovisual, ya no se invita a opinar sólo a humanos, sino también a agentes artificiales configurados con perfiles demográficos concretos. Son los “públicos sintéticos”. El proyecto del cineasta y tecnólogo Vashi Nedomansky Distant Signal es capaz de generar una lista de proyectos audiovisuales ordenados por su potencial estimado de adquisición por parte de plataformas como Netflix, Apple TV+ y National Geographic.
Hay agentes de IA que analizan videos de YouTube en tiempo real y determinan la velocidad y los momentos exactos de mayor atención del público. En el caso de OutlierKit y LongStories.ai, son capaces de evaluar la efectividad de los primeros 15 segundos, mientras que vidIQ y TubeBuddydetectan los puntos exactos de abandono y pueden sugerir cambios en el ritmo visual.
La publicidad conversacional gana fuerza. Ahí es donde queríamos llegar. OpenAI, Microsoft y Google han comenzado a explorar la integración de resultados patrocinados, recomendaciones de marcas y sugerencias de productos dentro de las respuestas que genera la IA. La fachada del nuevo mundo en el que estamos adentrándonos tiene en la parte superior un friso con la leyenda: “Más humanos que las máquinas”. No es de Connock.

