Hay pocas personas capaces de mover los mercados con una frase. Elon Musk es una de ellas. Pero esta vez no habló de Tesla, de SpaceX ni de X. En una entrevista concedida a The Economist y publicada hace unos días, el hombre más rico del mundo, expuso una de sus visiones más ambiciosas hasta la fecha: un futuro en el que el dinero perderá gran parte de su importancia, la inflación dejará de ser el principal problema económico y trabajar será una elección, no una necesidad.
No es la primera vez que Musk pronostica una revolución provocada por la inteligencia artificial, pero sí una de las ocasiones en las que ha ido más lejos. Su planteamiento no gira únicamente alrededor de la tecnología, sino de cómo esta podría transformar los principios básicos sobre los que se ha construido la economía durante siglos.
El punto de partida de su argumento es sencillo:
si las máquinas pueden producir prácticamente todo y hacerlo a un coste cercano a cero, la escasez, el motor tradicional de los precios, deja de existir.
Del miedo a la inflación a la era de la deflación
Durante los últimos años, gobiernos y bancos centrales han librado una batalla constante contra la inflación. El aumento del coste de la energía, las tensiones geopolíticas o las interrupciones en las cadenas de suministro han convertido la subida de precios en una de las principales preocupaciones económicas del planeta. Musk, sin embargo, cree que el verdadero cambio de paradigma llegará cuando ocurra exactamente lo contrario.
En la entrevista sostiene que la inteligencia artificial y los robots humanoides multiplicarán tanto la capacidad productiva que muchos bienes y servicios tenderán a abaratarse de forma permanente. En otras palabras, la economía dejaría de enfrentarse a una inflación estructural para entrar en un escenario de deflación tecnológica, donde producir resulta cada vez más barato.
Su razonamiento rompe con buena parte del debate económico actual. Hoy, aumentar el dinero en circulación suele traducirse en un incremento de los precios cuando la oferta no puede responder al mismo ritmo. Musk plantea que, si la oferta crece de forma casi ilimitada gracias a la automatización, ese efecto podría invertirse.
«El dinero será mucho menos importante»
viene a resumir el empresario al imaginar un horizonte situado alrededor de 2036, cuando la abundancia tecnológica podría alterar profundamente el funcionamiento de la economía.
No habla de una renta básica: habla de un «ingreso universal alto»
Uno de los conceptos más llamativos de la conversación fue su referencia al «universal high income», un término que él mismo diferencia de la conocida renta básica universal. La diferencia no es menor. Mientras que la renta básica pretende garantizar un mínimo para cubrir las necesidades esenciales, Musk imagina una sociedad en la que la productividad generada por la IA sea tan elevada que permita ofrecer a todos los ciudadanos un nivel de ingresos muy superior al de un simple subsidio de supervivencia.
La idea parte de una premisa clara: si prácticamente todo puede producirse mediante robots y sistemas inteligentes, el coste de mantener un elevado nivel de bienestar disminuiría de forma drástica.
Trabajar dejaría de ser una obligación
Quizá la afirmación más provocadora de toda la entrevista no tenga que ver con el dinero, sino con el empleo. Para Musk, llegará un momento en el que la inteligencia artificial será capaz de realizar prácticamente cualquier trabajo mejor que un ser humano, tanto físico como intelectual. Eso no significa, según él, que las personas vayan a dejar de trabajar por completo. Significa que el trabajo dejaría de ser una necesidad económica para convertirse en una elección personal.
Quien quiera desarrollar una empresa, investigar, crear arte o emprender podrá hacerlo por satisfacción o por vocación, no porque dependa de un salario para pagar el alquiler o llenar la nevera.
Es una visión que recuerda más a una economía de abundancia propia de la ciencia ficción que al mercado laboral actual, pero que encaja con el optimismo tecnológico que Musk lleva defendiendo desde hace casi una década.
¿Y la inflación? Musk cree que el problema desaparecerá
Otro de los aspectos más debatidos de la entrevista es su rechazo a la idea de que un ingreso universal provocaría necesariamente inflación.
Su tesis es que si la producción crece mucho más rápido que el dinero distribuido, los precios seguirán bajando. La automatización masiva compensaría el aumento de la demanda porque la capacidad para fabricar bienes y prestar servicios sería prácticamente ilimitada.
Es una hipótesis que cuestiona algunos de los principios tradicionales de la política monetaria y que ha generado un intenso debate entre economistas.
Muchos expertos coinciden en que la inteligencia artificial ejercerá una fuerte presión a la baja sobre el precio de numerosos servicios digitales, como el software, la programación, la traducción o la generación de contenidos. Sin embargo, dudan de que esa lógica pueda extenderse por igual a activos que siguen siendo escasos, como el suelo urbano, determinadas materias primas o algunos recursos naturales.
En otras palabras, la IA puede abaratar muchas cosas, pero no puede fabricar más Manhattan ni más centro de Madrid.
La verdadera pregunta no es tecnológica
La entrevista deja una reflexión que probablemente sea más importante que cualquiera de sus predicciones.
Si la inteligencia artificial llega realmente a generar una riqueza sin precedentes, la cuestión decisiva ya no será cuánto produce la economía, sino quién controla esa producción y cómo se distribuyen sus beneficios. Porque una sociedad capaz de fabricar casi cualquier bien a un coste mínimo podría convertirse tanto en la etapa de mayor prosperidad de la historia como en una de las de mayor concentración de riqueza, dependiendo de quién sea el propietario de esa nueva capacidad productiva.
Ahí es donde el discurso de Musk deja de ser únicamente una predicción tecnológica para convertirse en una reflexión sobre el futuro del capitalismo.
Y, como ocurre con muchas de sus ideas, resulta imposible saber si acabará teniendo razón. Pero sí parece evidente que el debate ha cambiado de dirección. Durante décadas la economía ha discutido cómo combatir la inflación. Musk plantea que la verdadera conversación de la próxima década podría ser muy distinta: qué hacer cuando la inteligencia artificial haga que producir sea tan barato que el dinero deje de ser el recurso más valioso.

