A las 17:15, el escenario se ha convertido en un espacio de conversación más que de entrevista. María G. Durán, creadora de @pikingli y @Mariaspeaksenglish y Forbes 30 Under 30 2025, ha abierto el diálogo con una idea que atraviesa toda la sesión: cómo se crece cuando la vida ha sido observada desde el principio.
Con el patrocinio de OMODA & JAECOO, Cervezas San Miguel, Redken, McDonald’s, Yamaha, Holded, Barceló Ron Dominicano y Universidad Camilo José Cela, Lolalolita (Alicante, 2002) arranca en el origen, en ese momento en el que todo era todavía juego. “Antes de TikTok era Musical.ly, y era una plataforma donde básicamente era hacer de la guapa, grabarte, cantar canciones… Era como muy sencillo, muy de pasarlo bien”, recuerda. Ese inicio, casi inocente, no anticipaba lo que vendría después.
El punto de inflexión llega con el tiempo y, sobre todo, con la profesionalización. “Creo que se volvió más profesional en el momento en el que empiezas a cobrar de ello. Yo empecé con 18 a hacer mis primeras campañas de trabajo, y ahí ya deja de ser un hobby porque empiezas a darte cuenta de que puedes vivir de algo que realmente te gusta”, ha explicado. Un cambio que no sólo transforma la actividad, sino la identidad.
Pero si empezar fue intuitivo, mantenerse no lo ha sido tanto. En una industria en constante mutación, Lola ha insistido en que el reto no está en la visibilidad, sino en la adaptación. “Llevo diez años haciendo contenido y lo más complicado es adaptarte a cómo cambian los algoritmos constantemente, porque no solo cambia lo que tú haces, cambia también cómo la gente consume lo que tú haces. Instagram hoy no tiene nada que ver con el de hace cinco años”, ha señalado.

La conversación se desplaza hacia una de las tensiones más repetidas en el mundo digital: el éxito y su continuidad. Y ahí Lola es clara. “La gente piensa que lo difícil es llegar, pero para mí lo realmente complicado es mantenerse. Tú puedes tener uno o dos años muy buenos, pero estar diez años seguidos construyendo algo, reinventándote y no desaparecer… eso es lo que de verdad pesa”.
También ha hablado del entorno digital actual, con una mirada crítica hacia la cultura de la queja. “Creo que estamos en una etapa un poco oscura en redes sociales. Hay mucha gente que en vez de ponerse a hacer cosas, prefiere coger una cámara y criticar a los que sí están haciéndolo”, ha dicho. Y ha rematado con una idea directa, sin rodeos: “Si de verdad quieres vivir de esto, coge el móvil y empieza, porque todos tenemos acceso a lo mismo”.
La exposición constante obliga también a construir una identidad pública que evolucione sin romperse. Sobre si ha sentido la necesidad de cambiar la imagen que otros tenían de ella, Lola no ha dudado: “Yo soy bastante natural. Prefiero que me odien por cómo soy a que me quieran por algo que no soy. No quiero construir una versión falsa de mí para gustar más”. Y lo ha resumido todavía más claro: “Prefiero ser auténtica y al que no le guste, que se vaya a tomar viento”.
Esa misma lógica atraviesa su relación con las expectativas ajenas. “He aprendido que prefiero defraudar a alguien antes que defraudarme a mí misma, porque si no, al final la que no se reconoce soy yo”, ha explicado.
El paso hacia el mundo empresarial aparece como una evolución natural del proyecto. Hoy, además de creadora, es empresaria, con iniciativas como su festival Lolalolitaland o su agencia de influencers junto a su madre. “Tengo la suerte de tener a alguien de mi máxima confianza, que es mi madre. Ella es la que dirige la agencia, y desde el principio me ayudó cuando yo era menor y no me querían en otras agencias. Se involucró porque vio que aquello tenía sentido y quería ayudarme a construir algo sólido”, cuenta.
En ese crecimiento también aparecen errores. No tanto por exceso de oportunidades, sino por impulso. “Soy muy impaciente. Quiero todo para ya, y eso a veces me ha hecho cometer errores, porque en el mundo empresarial las cosas necesitan tiempo, necesitan madurar”, reconoce.
La conversación avanza hacia el liderazgo y la gestión de equipos. Para Lola, ahí está una de las claves del aprendizaje. “Una de las cosas más importantes es rodearte de gente buena, en la que confíes plenamente, y saber delegar. Si no confías en tu equipo, es imposible que algo funcione bien. Tiene que haber conexión, confianza y también feeling humano, no solo profesional”.
Cuando llega la pregunta sobre qué pesa más —talento, constancia o capacidad de conexión—, su respuesta evita la jerarquía y apuesta por el equilibrio. “Creo que es una mezcla de las tres cosas. Tienes que tener algo, llámalo talento o intuición, tienes que saber conectar con la gente, y sobre todo tienes que ser constante. Porque lo difícil no es tener un momento viral, lo difícil es seguir ahí durante años”.
En el tramo final, la conversación se ha vuelto más personal. Cuando se le pregunta por el legado, Lola no busca grandes discursos. “Me gustaría que me recordaran como una niña que hizo lo que le dio la gana, alguien que vivió su vida a su manera”, dice. Y añade una segunda idea, más íntima: “Y también como alguien que intentó transmitir amor por los animales, la adopción y el cuidado, porque es algo que siempre me ha importado mucho”.
El cierre no busca la épica, sino la continuidad. Porque crecer bajo los focos no consiste en convertirse en otra persona, sino en aprender a habitar todas las versiones que uno ha sido sin perder el hilo entre ellas.

