Hablar hoy de Rimas Entertainment es hablar de una de las compañías que mejor representan el cambio de paradigma que atraviesa la industria musical. El sello que impulsó la carrera internacional de Bad Bunny ha demostrado que el éxito ya no depende únicamente de las grandes multinacionales, sino de la capacidad para construir comunidades, interpretar la cultura y acompañar a los artistas desde el inicio de su trayectoria. Esa fue una de las principales conclusiones de la conversación entre Thomas Plocher, responsable de Estrategia y Desarrollo de Rimas Entertainment España, y Lucas Barbosa, director de Estrategia y Desarrollo Global, moderada por Manu Piñón, redactor jefe de Forbes España.
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Lejos de definirse únicamente como una discográfica, ambos coincidieron en describir Rimas como una empresa de entretenimiento con una visión mucho más amplia. Moda, experiencias, contenidos o merchandising forman parte de un ecosistema que busca ampliar el universo de cada artista. «Somos independientes, y eso nos permite hacer lo que queramos y hacerlo mucho más rápido», resumió Barbosa, quien contrapuso la agilidad de la compañía frente a la estructura de las grandes multinacionales.
Pero esa independencia no es un fin en sí mismo. Para Thomas Plocher, la diferencia está en la forma de entender la relevancia. «No queremos ser simplemente una fábrica de éxitos, sino crear momentos culturalmente relevantes que realmente signifiquen algo para la gente», explicó. Una filosofía que nace, aseguró, de un equipo joven que sigue conectado con los hábitos de consumo de su generación y que observa qué música escucha el público, qué series ve, qué deporte sigue o qué conversaciones ocupan las redes para formar parte de ellas desde la autenticidad.
Plocher defendió que esa cercanía difícilmente puede sustituirse con analítica. Aunque los datos son una herramienta imprescindible, considera que el verdadero valor reside en seguir siendo consumidor antes que ejecutivo. «Cuando eres fan de los artistas, no pierdes la perspectiva y tomas mejores decisiones», afirmó. Esa cultura interna, añadió, sigue siendo posible gracias a una organización de menos de un centenar de empleados, capaz de conservar la agilidad y la mentalidad de una startup pese a cumplir ya una década de trayectoria.
Si hubo una idea que atravesó toda la conversación fue la del acompañamiento al talento. Barbosa recordó que algunos de los mayores artistas del catálogo de Rimas llegaron cuando aún estaban muy lejos del éxito global. Bad Bunny, Mora, Eladio Carrión o Arcángel son hoy referentes internacionales, pero antes fueron proyectos en los que la compañía decidió confiar cuando apenas comenzaban. «Nosotros no hacemos más que ayudarles a potenciar sus ideas y sus sueños», aseguró, reivindicando un modelo en el que el protagonismo pertenece siempre al artista.
Ese mismo enfoque se ha trasladado a España, donde Rimas aterrizó hace apenas tres años. Según explicó, el objetivo no ha sido importar un modelo latinoamericano, sino construir un puente entre ambos mercados y acompañar el crecimiento de nuevos talentos desde las primeras salas hasta los grandes recintos.
Durante la conversación también surgieron las diferencias entre la industria española y la latinoamericana. Para Plocher, el talento español mantiene una relación más prudente con la promoción de su propia marca. «En América hay mucho menos miedo a mostrarse», apuntó, mientras que muchos artistas españoles siguen refugiándose únicamente en la dimensión artística. Sin embargo, insistió en que la estrategia de Rimas no distingue fronteras: todos los lanzamientos se diseñan desde una visión global para conectar mercados a ambos lados del Atlántico.
Esa mirada integral también alcanza el directo. Frente al aumento constante del precio de las entradas, Barbosa defendió que la experiencia del fan continúa siendo el principal criterio para tomar decisiones. «Pensamos muchísimo en la accesibilidad», explicó, recordando que buena parte del público de artistas como Mora o Eladio Carrión está formado por jóvenes que, en muchos casos, dependen de sus familias para asistir a un concierto. La prioridad, aseguró, es ofrecer el mejor espectáculo posible aunque eso suponga reducir márgenes.
Precisamente esa presión económica estuvo presente en una de las preguntas del público sobre la cancelación de varias citas del Reggaeton Beach Festival. Barbosa atribuyó la situación a un mercado excesivamente tensionado por el aumento de los cachés, la proliferación de festivales y la dificultad para atraer suficientes patrocinadores. A su juicio, el sector atraviesa una fase de ajuste en la que sobrevivirán formatos más sostenibles y de menor tamaño.
La sesión concluyó con otra pregunta del público sobre cómo acceder profesionalmente a la industria musical. Plocher respondió sin rodeos: el talento es imprescindible, pero la confianza y la reputación terminan siendo determinantes. «La primera oportunidad es la más difícil. Después, el boca a boca hace el resto», señaló.
Más allá de cifras de reproducciones o récords de asistencia, la mesa dejó una idea clara: la llamada «badbunnización» de la industria musical no consiste únicamente en exportar artistas latinos al mundo. Supone entender que la música se ha convertido en un fenómeno cultural mucho más amplio, donde la construcción de comunidad, la identidad y la capacidad de generar conversación pesan tanto como las canciones.

