En el marco del Forbes 30 Under 30 2026, y como colofón de esta intensa jornada tan agradecida por el público, Alba Farelo i Solé (Vilassar de Mar, Barcelona, 1997), conocida artísticamente como Bad Gyal, ha aparecido como una de las figuras más representativas de una generación que ha reescrito las reglas de la música urbana en español. Durante la conversación con la periodista y podcaster Nerea Pérez de la Hera, la artista había articulado su trayectoria no como una sucesión de grandes saltos, sino como un proceso continuo de pequeñas transformaciones.
Desde el inicio, ha rechazado la idea de un punto de inflexión concreto. “No te podría decir una brecha en un momento concreto”, ha explicado. Ha insistido en que su carrera se ha construido a partir de “brechitas” acumuladas con el tiempo, y ha subrayado el papel esencial de su equipo en ese recorrido. “Ha sido mucho más del proceso. El equipo que tengo ha sido clave para llegar hasta donde he llegado”, ha afirmado.
La artista ha situado sus inicios en la composición como un punto de partida casi instintivo. Ha recordado haber empezado “muy a lo loco, muy joven, muy naive”, y ha admitido que, aunque sigue siendo impulsiva, con los años ha incorporado aprendizajes que le han permitido evolucionar como compositora. Aquella impulsividad, lejos de desaparecer, se ha integrado en su método creativo.
Con el paso del tiempo, ha explicado, ha trabajado con personas que le han enseñado nuevas formas de escritura musical, permitiéndole profundizar en su proceso creativo. “Sigo disfrutándolo. Es una de las partes que más me gustan de mi trabajo”, ha señalado.
A medida que su carrera ha crecido, también lo ha hecho su implicación en cada decisión. Bad Gyal ha reconocido que delega poco. “Delego poquito. Mi proyecto soy yo”, ha afirmado con rotundidad. Y es que ha explicado que ese nivel de implicación no responde únicamente a una cuestión de carácter, sino a la naturaleza misma de su trayectoria. Ha construido su proyecto desde cero, y el crecimiento había reforzado su necesidad de controlarlo. “Cuando vienes de algo pequeño y ves lo grande que se vuelve, quieres llevarlo más al detalle”, ha añadido.
Sin embargo, también ha reconocido el coste de esa implicación constante. La parte empresarial y estratégica, según ha explicado, es la que más le pesa. Frente a ello, ha situado su espacio natural en lo creativo: el estudio, la música, el flujo artístico.
La intensidad de una industria sin pausa
La cantante ha descrito un sistema de trabajo marcado por la ausencia de horarios claros. En ocasiones, ha explicado, ha trabajado con equipos en distintas partes del mundo, lo que ha eliminado cualquier frontera entre vida personal y profesional.
Las sesiones creativas, según ha relatado, han llegado a durar entre ocho y catorce horas durante varios días consecutivos. “Tu proyecto eres tú, no te escapas de él”, ha resumido.
El directo ha ocupado un lugar central en su discurso. Bad Gyal ha recordado etapas especialmente intensas, como una serie de conciertos consecutivos en grandes recintos. “He hecho tres Wizink y tres Sant Jordi seguidos. Es heavy”, ha dicho. Pero los ensayos han sido igualmente exigentes, con jornadas prolongadas durante semanas. Sin embargo, «también se crea una energía compartida con el equipo cuando el resultado funciona». En ese contexto, su implicación ha sido total, desde la dirección escénica hasta los detalles técnicos. También ha reconocido incluso su tendencia a intervenir activamente durante los shows: corregía cámaras, ajustaba decisiones en tiempo real y supervisaba aspectos del directo. “Estoy encima de todo”, ha confesado.
La dimensión visual ha sido una parte esencial de su proyecto artístico. «Mi trabajo no se limita a la música, sino que incorpora una fuerte carga estética. Me interesaba el placer visual, la figura femenina, vestirla, hacerla bonita”, ha afirmado. De ahí que en sus propias letras se identifique un elemento recurrente: la expresión directa del deseo: «Mis canciones están llenas de imperativos, una forma de enunciación que considero central en mi identidad como compositora. Digo lo que quiero constantemente”, ha explicado.
Esa afirmación ha derivado en una reflexión más amplia sobre la representación del deseo femenino en la música contemporánea, que ella ha situado como una parte fundamental de su trabajo.

Moda, códigos y circulación cultural
A lo largo de su carrera, Bad Gyal ha mantenido una relación estrecha con la moda. Ha trabajado con firmas internacionales y ha ampliado su presencia en ese sector, incluyendo colaboraciones con marcas de lujo y su rol como embajadora global, como es el caso con Dsquared2.
En eventos internacionales, ha compartido espacio con figuras icónicas de la industria, como Madonna. «Me senté en un front row y los cinco minutos la tenía (a Madonna) al lado. O a Rihanna cerca en una cena, no podía dejar de mirarla. Si eso se lo dicen a la Alba de 10 años, no se lo hubiera creído nunca», ha confesado. Ahora ella es la artista. Su imagen, ha explicado, varía según el contexto cultural. «En España, me perciben como una figura urbana; en Miami, en cambio, adopto una lectura distinta, más sofisticada y distante, condicionada por los códigos locales, me dicen ‘ya está aquí la europea«.
¿Y el carácter? Durante la conversación también ha reflexionado sobre la percepción pública de su carácter, rechazando la idea de construir una imagen ‘inocente’ o artificialmente cercana: «Nunca podría ser esa persona». Ha reconocido que su forma de ser le ha generado interpretaciones diversas, incluyendo etiquetas de frialdad o distancia. Sin embargo, se define auténtica y muy atenta a su energía social.
También ha señalado la tensión entre la exposición pública y la vida privada. La intimidad, ha dicho, se ha convertido en un lujo: «Me gustan las joyas, la ropa, viajar, pero la intimidad es el mayor lujo que anhelo».
«Mamá, quiero ser artista»
En el núcleo de su estructura personal y profesional ha aparecido su madre, a quien ha definido como una figura clave en la toma de decisiones. Ha explicado que su madre forma parte activa del equipo, especialmente en el área económica y estratégica. Y de ella ha recordado el mayor consejo que lleva escuchando desde los 19 años, cuando se inició en esto:“No hagas las cosas por dinero. El dinero va y viene”. Consejo que ha influido en su toma de decisiones profesionales, hasta el punto de haber rechazado propuestas que no consideraba alineadas con su proyecto.
Hasta el infinito y más allá…
Con casi 30 años, Bad Gyal se toma su tiempo para responder a la pregunta más difícil: ¿cómo te ves en 15 años? «Hay una distancia enorme entre la persona que he sido al inicio de mi carrera y la que soy ahora. Lo mismo ocurrirá en 15 años, cuando tendré unos 45. Evolucionaré de forma natural, como necesidad de un cambio natural». Imagina una vida más estable y menos acelerada: «Espero tener menos ritmo de trabajo, viajar menos y disponer de más estabilidad personal. Pero seguiré en la música. Me encanta».

