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Marta y María, las artistas españolas que han conquistado Los Ángeles y trabajan con Bad Bunny y Karol G

Marta Castellano y María Aramburu han recreado un pueblo puertorriqueño en los camerinos de Bad Bunny en sus conciertos en Madrid, pero su historia de éxito se remonta a muchos años atrás: Karol G, Sabrina Carpenter y ‘El señor de los anillos’, entre otros grandes trabajos. Charlamos con ellas.

Marta Castellano y María Aramburu. Fotografía: Cedida.

Aquel día en el que una amiga en común insistió en que tenían que conocerse acabaría convirtiéndose, sin que ninguna de las dos pudiera imaginarlo, en uno de los más importantes de sus vidas. «Un día una amiga que teníamos en común nos llevó a las dos a la playa, en plan ‘creo que os vais a caer muy bien’. Y literalmente fue como el día más necesario de nuestras vidas», recuerda María Aramburu (Madrid, 1990). No exagera. Aquella misma semana, María estaba buscando un sitio donde vivir y Marta Castellano (Valencia, 1990), una nueva compañera de piso. «Yo creo que al final de esa semana estábamos viviendo juntas«, recuerda María. Lo que empezó como una casualidad terminó siendo una compañera de piso durante casi ocho años. Además, con el tiempo, se convertirían en grandes amigas y socias de trabajo.

Marta Castellano y María Aramburu aterrizaron en Los Ángeles con la idea de quedarse poco tiempo. Marta llegó para hacer un máster en Comercio Internacional en UCLA y María, para unas prácticas como diseñadora de interiores después de terminar un máster en Milán. Ninguna pensó que se quedarían en Estados Unidos durante tantos años y que terminaría siendo su hogar. Tuvieron que aplicar a diferentes visas, estudiar, trabajar, cambiar y emprender hasta llegar al lugar en el que están.

A la izquierda María Aramburu con Marta Castellano. Fotografía: Cedida.

Quizá la clave de su conexión y éxito estuvo precisamente en lo distintas que eran. Marta, más reservada y metódica; y María, más espontánea y habladora. Una procedía del marketing y la producción; la otra, del diseño de interiores y la arquitectura efímera. Dos perfiles que, sobre el papel, parecían alejados, pero que terminaron encajando como un puzzle.

La empresa nació con el tiempo, de forma paulatina y natural. No se sentaron un día a plantear todo lo que querían construir, sus objetivos y valores que definirían la empresa. Sino que, a diferencia de la mayoría de estas, las dos estaban cansadas de sus respectivos trabajos y encontraron un pequeño refugio en organizar fiestas temáticas para la comunidad española y latinoamericana de Los Ángeles. Organizaban las fiestas a las que a ellas les gustaría asistir y terminaron por hacer de su hobby un trabajo: «Nos dimos cuenta de que había un hueco», reconoce Marta, que, con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en un punto de encuentro para marcas, creativos, músicos o productores. «Mucha gente quería formar parte de esa comunidad y muchas marcas empezaron a contactarnos, continúa Marta. Sin buscarlo, estaban creando algo mucho más grande que una fiesta.

El momento en el que se dieron cuenta de que podían vivir de ello fue cuando un amigo les pidió ayuda para producir un evento de tres días para una marca española de bebidas. No tenían experiencia organizando algo de esa magnitud, pero aceptaron. Esto supuso su verdadero punto de inflexión en la creación de la empresa. «Una cosa es una fiesta entre amigos y otra muy distinta un evento de tres días donde había que transformar completamente un espacio», recuerdan. «Pero fue ahí cuando literalmente nos dimos cuenta de que este era nuestro sitio», añaden.

Mientras María imaginaba cómo quería que el público sintiera el espacio (por dónde entra la gente, dónde come, cómo quiero que viva este lugar), Marta se encargaba de toda la maquinaria invisible: invitados, logística, producción y coordinación. «Ese evento no solo fue un éxito, sino que además nos lo pasamos bomba», confiesan. Entonces llegó la pandemia. Y con ella, la pausa obligatoria para una industria basada precisamente en reunir personas. Sin embargo, para ellas el confinamiento terminó convirtiéndose en el momento en el que la empresa tomó forma.

La llegada de la pandemia

«Teníamos mucho tiempo para pensar», bromean. Las noches en casa se transformaron en sesiones interminables de brainstorming. Ahora sí, hablaron del modelo de negocio, de los valores de la empresa, del tipo de proyectos que querían hacer y hasta del nombre. «Retomamos todas esas conversaciones y seguimos dándole vueltas». En 2021 llegó su primer evento como empresa; en 2022 empezaron a trabajar con clientes como Amazon Prime y sintieron que el proyecto empezaba a coger forma. Sin embargo, emprender no fue tarea sencilla por los visados, burocracia e incertidumbre constante y que fue María quien más dudas tuvo en un principio.

«Siempre digo que Marta y yo somos el equipo perfecto. Si vamos en un avión y hay que tirarse en paracaídas, Marta ya se ha tirado y yo llevo el paracaídas. Pero sin ella yo no me tiro. Y Marta se ha tirado, pero sin seguro», reconoce. Entre risas, la comparación resume cómo funcionan. María es quien pone sobre la mesa todos los riesgos. Marta encuentra la manera de resolverlos. «Yo planteo los problemas y Marta enseguida dice: bueno, por aquí podemos salir, por aquí podemos hacerlo».

Esa forma de entenderse sigue marcando el funcionamiento de MALENGE, una boutique agency formada por ellas dos y otras dos trabajadoras fijas, además de una red de colaboradores freelance que se incorporan según las necesidades de cada proyecto. Aunque existe un reparto natural de funciones, Marta suele liderar la producción y María la parte creativa y espacial, ambas insisten en que cualquiera podría sacar adelante un proyecto completo. «Las dos podemos llevar cualquier proyecto de principio a fin», explican. «Pero siempre empezamos juntas. La primera pregunta siempre es la misma: ¿qué necesita realmente el cliente y cómo podemos resolverlo de la mejor manera?». Las discusiones, si las hay, rara vez tienen que ver con la empresa. Llegan cuando aparecen las decisiones creativas. «Ahí sí debatimos mucho», aseguran, «pero porque las dos defendemos mucho las ideas», concluyen.

El evento de Marta y María para los fans de Karol G. Fotografía: Cedida.

Hasta el nombre de la agencia resume su historia. MA de Madrid, LEN de Valencia y GE de Los Ángeles. Un nombre inventado para no pertenecer a ningún idioma ni a ningún país concreto. «No queríamos un nombre que nos limitara ni en España ni en Estados Unidos». «La verdad es que a los americanos no les cuesta pronunciarlo; le cuesta más al español».

Desde entonces han diseñado experiencias para Amazon Prime, creado espacios inmersivos para marcas internacionales y trabajado en giras de artistas como Karol G, Sabrina Carpenter o Bad Bunny.

Sus proyectos más destacados

Curiosamente, sus proyectos favoritos son completamente distintos. María recuerda con especial cariño el estreno de la serie El Señor de los Anillos para Amazon Prime en Malibú, donde transformaron el espacio en un bosque inspirado en la Tierra Media. «Nos dio muchísimo margen para crear. Todo estaba pensado: la decoración, la comida, los cócteles… Fue uno de esos proyectos donde puedes hacer realidad todas las ideas que tienes en la cabeza».

Marta, en cambio, se queda con la gira estadounidense de Karol G. Durante tres meses diseñaron y produjeron las zonas de experiencia para los fans en cada concierto. «Fue un reto enorme. No solo había que diseñar espacios bonitos; tenían que montarse y desmontarse cada día, resistir toda una gira y coordinarse con un equipo gigantesco». Aquel proyecto les enseñó una necesidad que apenas existía en el mercado y terminó abriéndoles nuevas oportunidades.

Esta experiencia facilitó su posterior trabajo, el más reciente y uno de los trabajos más mediáticos de su carrera: diseñar el backstage de Bad Bunny. Haber convivido durante meses con una gira les hizo comprender que esos espacios no son simples zonas de descanso. «Después de tanto tiempo viajando, entendimos la importancia de que los artistas y todo el equipo se sintieran como en casa«, explican. Esa filosofía fue la que quisieron trasladar al backstage del artista puertorriqueño: crear un lugar que les acercase a Puerto Rico, sin caer en los estereotipos durante su tiempo en Madrid.

Confían en que proyectos como ese les acerquen también a España. Aunque Los Ángeles les ha permitido crecer profesionalmente de una manera que reconocen que probablemente habría sido mucho más difícil desde casa, las dos tienen claro que les gustaría que el futuro estuviera repartido entre ambos países. «Ahora mismo quizá tenemos un 80-20 entre Estados Unidos y el resto, pero nos encantaría llegar a un 50-50», dicen. «Al final somos españolas y seguramente nos vemos volviendo a casa».

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