Donald Trump quiere dejar su rostro impreso en uno de los símbolos más reconocibles del poder estadounidense: el dólar. La idea, impulsada en torno al 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, contempla la creación de un billete de 250 dólares con la imagen del presidente.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha confirmado que su departamento ha dado ya algunos pasos preparatorios y que existe un diseño, aunque ha subrayado que la decisión final corresponde al Congreso: “En la Cámara de Representantes y en el Senado hay ahora mismo una propuesta para que una persona viva, Donald J. Trump, pueda estar en los billetes de 250 dólares”.
El principal obstáculo está en la ley. El Código Federal de Estados Unidos (31 U.S.C.) establece que solo puede aparecer el retrato de una persona fallecida en la moneda y los valores del país. La norma, recogida en el título 31, impide por tanto que Trump figure en un billete mientras siga vivo, salvo que el Congreso apruebe una excepción específica o modifique la legislación vigente.
«Los billetes de Estados Unidos llevan la inscripción «In God We Trust» (En Dios Confiamos) en el lugar que el secretario del Tesoro considere apropiado. Solo el retrato de una persona fallecida puede aparecer en los billetes y valores estadounidenses. El nombre de la persona se inscribirá debajo del retrato», reza la ley federal.
El argumento de sus defensores es conmemorativo. Estados Unidos celebra en 2026 el 250 aniversario de su independencia, una fecha redonda que abre la puerta a monedas, sellos, actos oficiales y piezas especiales de memoria nacional. Y Bessent ha defendido que un billete de 250 dólares encajaría en ese contexto.
La última gran polémica comparable se remonta a los años 1860, cuando Spencer M. Clark, responsable de la oficina encargada de imprimir billetes, acabó con su propio retrato en un billete fraccionario de cinco centavos. El escándalo llevó al Congreso a aprobar en 1866 una prohibición que hoy se mantiene y pesa sobre la propuesta de Trump.
Las monedas conmemorativas han dejado excepciones. En 1926, el entonces presidente Calvin Coolidge colocó su rostro en una moneda de un dólar para el aniversario 150 de la independencia de Estados Unidos.
La marca Trump
Durante años, Donald Trump ha construido una relación muy particular con su propia imagen: edificios, hoteles, gorras, retratos oficiales y una estética política basada en la repetición de su nombre.
El Departamento de Estado de EEUU anunció hace solo un mes un pasaporte también con la imagen del presidente para conmemorar los 250 años de su independencia. El billete de 250 dólares sería, en esa lógica, el salto definitivo de la marca privada y electoral a la iconografía monetaria del Estado.
La iniciativa no es nueva, el billete de 250 dólares con la cara de Trump lleva más de un año circulando por el Congreso. El 27 de febrero de 2025 el republicano Joe Wilson presentó una propuesta formal, pero ha vuelto al debate después de que el Tesoro reconociera que ha preparado un diseño por si el Congreso lo desbloquea.
La iniciativa plantea dudas sobre la relación entre dinero, poder y memoria. Los billetes seleccionan qué vidas merecen ser recordadas, qué relatos nacionales se consolidan y qué figuras se convierten en representación cotidiana del país. En ese sentido, la prohibición de retratar a personas vivas es una barrera para evitar que el poder en ejercicio se premie a sí mismo en tiempo real.

