Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 16 | «Tormentas, basura y mercantes rumbo a Malasia», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online

Esta ha sido, sin duda, una travesía dura, marcada por tormentas y obstáculos constantes.

La idea para estos siguientes seis meses es llegar hasta Tailandia, explorar la zona y aprovechar para sacar del agua al ‘Sofía’ y hacer unos trabajos de mantenimiento. Me llevará bastante tiempo llegar hasta ahí. Estamos a finales de octubre y calculo que podría estar en Tailandia en enero. Decido no navegar de noche por las aguas del sudeste asiático debido a las dificultades que presentan: pescadores sin luces, boyas con redes a la deriva, troncos flotantes y muchísima basura flotante. Navegaré durante el día y, por la noche, buscaré algún fondeo donde dormir para, al día siguiente, seguir la marcha.

La ruta que trazo sobre la carta me llevará a recorrer toda la costa de Java y Sumatra, llegar a Singapur, subir por el estrecho de Malaca bordeando la costa de Malasia y, finalmente, llegar a Tailandia. Muchas millas y obstáculos que superar; día a día y milla a milla iré avanzando hasta el destino final.

Durante 20 días costeo la costa de Java hasta llegar a Sumatra. Es una navegación muy complicada: cada día hay algo nuevo que superar. Como estamos en la temporada de transición del monzón seco al húmedo, el clima es muy inestable y se generan chubascos diarios muy violentos. Llego a ver 36 nudos de viento en el anemómetro y rayos que caen a escasos metros del ‘Sofía’. Una noche, mientras descanso fondeado en la costa de Java, a las 3 a. m. pasamos de 3 nudos de viento a 32 nudos en cuestión de minutos; un chubasco nos pasa por encima. El ‘Sofía’, fondeado en 10 metros de profundidad con 60 metros de cadena largados, aguanta la embestida. A causa de los rayos, no pego ojo en toda la noche. Es la primera vez que paso realmente miedo. Si nos cae un rayo, podría causarnos daños muy graves, quizás irreversibles: desde un incendio a bordo hasta fundir toda la electrónica o dañar el motor y las baterías. Son horas que pasan muy lentamente, pero finalmente sale el sol y el chubasco pasa sin incidencias. Prosigo la marcha.

Otro día, navegando tranquilamente por la costa de Java, de repente siento que la velocidad del Sofía disminuye de golpe. Miro a proa y el ‘Sofía’ está envuelto en una isla flotante de troncos, plásticos y todo tipo de basura. Arrío las velas y trato de librarme de aquella masa flotante con los bicheros que llevo a bordo. Es inútil. Quiero evitar tirarme al agua. Intento dar marcha atrás, pero la hélice hace un ruido ensordecedor: está golpeando todos los troncos atrapados entre la hélice y el timón. Vuelvo a intentarlo con los bicheros; me cargo los dos y sigo atascado. Vuelvo a poner marcha atrás y, esta vez, poco a poco el ‘Sofía’ va dejando los troncos y plásticos hacia proa. Estamos libres y seguimos navegando.

Tardo 19 días en recorrer toda la costa de Sumatra. Durante este tramo todo sigue igual: chubascos diarios, poco viento, una enorme cantidad de obstáculos que esquivar mientras navego y multitud de boyas con redes de pesca. Una noche, mientras dormía fondeado cerca de la costa, empiezo a oír unos golpecitos contra el casco. Salgo de la litera y me veo rodeado de boyas con redes de pesca; a unos doscientos metros, un pescador en su bote está largando redes. Hago sonar la bocina durante 30 minutos, pero no hace caso. Por la noche dejo la cubierta del ‘Sofía’ bien iluminada para evitar este tipo de problemas. Vuelvo a hacer sonar la bocina, pero es inútil. Dejo pasar una hora, pero el pescador cada vez está más lejos. La red empieza a hacer mucha fuerza sobre la cadena del ancla debido a la fuerte corriente. Necesito deshacerme de la red o acabaré garreando. Lo siento, pescador, pero lo primero es mi seguridad. Cojo el machete y empiezo a cortar la red para liberarme de ella. Estoy literalmente una hora cortándola y, por fin, quedo libre… o eso espero. Mañana por la mañana, antes de zarpar, revisaré la hélice y el timón.

Después de 40 días de navegación diurna superando todo tipo de trampas, llego a Belitung, la última isla de Indonesia que pisaré y, por tanto, donde debo hacer la salida oficial del país. Los trámites me llevan un día y aprovecho el fondeo, protegido y seguro, para descansar unos días y hacer mantenimiento al ‘Sofía’. Los chubascos diarios no cesan y la lluvia es constante. Tras cuatro días fondeado en Belitung, me despido y pongo rumbo a Malasia. Continúo con la navegación diurna.

Los 14 días que tardo en entrar en aguas malayas, la navegación es un poco más tranquila. Únicamente, en una jornada muy lluviosa y con chubascos, a unas tres millas por babor se forma un torbellino. Rápidamente arrío la mayor y trinco todo lo de cubierta con firmeza. Por suerte, el torbellino va en dirección opuesta a mi rumbo; sin embargo, siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo y me pone la piel de gallina bajo el traje de aguas. Fondeo en una zona segura.

Esa noche, mientras ceno, se me viene a la cabeza la imagen del torbellino: increíblemente bonito, pero mejor verlo desde casa.

Hace 54 días que zarpé desde Bali y hoy llego a Malasia. La navegación de hoy es espectacular. Cruzo el estrecho que separa Indonesia de Singapur, uno de los más transitados del mundo. Mercantes que vienen de todas partes navegan en todas direcciones y a toda velocidad. Tengo que planificar muy bien el cruce hasta Malasia para no quedar en medio de la derrota de ninguna de esas moles de hierro; de lo contrario, el destino del ‘Sofía’ sería fatal. Con corriente a favor, navegamos a 7 nudos bordeando el límite de las aguas de Singapur. Alucino con las vistas de hoy: el skyline de Singapur por estribor, decenas de mercantes de más de 200 metros de eslora por babor y, a proa, Malasia. Es una de las mejores navegaciones desde que entré en el sudeste asiático. Cómo la he disfrutado. A las 16:00 h fondeo en aguas malayas. En dos días tengo reservado un amarre en una marina para pasar la Navidad acompañado.

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