La Acadèmia de Gastronomia d’Eivissa i Formentera ha celebrado en la Escuela de Hostelería de Ibiza una nueva edición de sus premios anuales, una cita que reconoce la excelencia gastronómica de la isla y pone en valor la tradición, la innovación y la defensa del producto local como ejes fundamentales de la identidad culinaria de las islas. Desde la Real Academia de Gastronomía se ha destacado que “la cocina de un pueblo es parte de su alma”, subrayando el papel imprescindible de agricultores, pescadores, cocineros y productores en la construcción de este patrimonio vivo.
Durante la gala, el presidente de la Acadèmia en las Pitiüses, Pedro Matutes, ha señalado que Ibiza atraviesa un “momento extraordinario” en el ámbito gastronómico, fruto del esfuerzo conjunto de todo el sector. Ha defendido que estos galardones reconocen “el talento, la constancia y el compromiso” de quienes trabajan por mantener una cocina que evoluciona sin perder sus raíces, basada en el producto de proximidad, la sostenibilidad y la identidad cultural del territorio.
En esta sexta edición se han entregado ocho premios principales que reflejan la diversidad del panorama culinario ibicenco, previamente anunciados el pasado enero. Han sido distinguidos el restaurante Camí de Balàfia por su tradición y defensa del producto local;la Familia Marí Mayans por su apuesta por el producto ibicenco; Ca n’Anneta como historia viva de la isla; Es Xuclar como mejor chiringuito; el Celler de Can Pere como restaurante tradicional; NOHO como mejor apertura del año; la frita de calamar como receta tradicional; y el chef Olivier Pérez, del restaurante Mariner, como mejor cocinero 2025.
La gala ha servido además para reconocer a los nuevos embajadores de la Acadèmia de Gastronomia d’Eivissa i Formentera, los chefs José Miguel Bonet y Antonio Pacheco, que también han recibido su distinción en esta edición.
En este contexto, se ha subrayado también el valor del producto local, con especial atención al cordero ibicenco como uno de los ingredientes más representativos de la cocina tradicional, cuya producción atraviesa dificultades pero cuenta con proyectos de recuperación.
El corazón de la ceremonia
Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia ha sido el homenaje a Juan Riera “Aliso”, reconocido a título póstumo por su trayectoria dedicada al producto local y a la gastronomía. Su viuda, Estela González, ha recogido el galardón recordando su compromiso con la tierra y su visión pionera en la agricultura ecológica, así como su defensa de que el vino y el producto ibicenco forman parte inseparable de la identidad gastronómica de la isla.
Trabajo en equipo
El último galardón de la noche, el de mejor chef, ha sido para Olivier Pérez, del restaurante Mariner, quien ha recibido el reconocimiento con emoción en un contexto de gran nivel gastronómico en la isla. “La verdad es que, con todo el talento que hay en Ibiza, es un súper orgullo y una alegría”, ha señalado el chef, que ha querido dedicar el premio especialmente a su equipo, al que ha señalado durante su intervención en la sala. Pérez ha destacado que trabaja con ellos desde hace años y que son una pieza clave en el funcionamiento del restaurante: “Sin ellos no hubiera querido estar aquí ni recoger este premio”, ha afirmado, poniendo en valor el trabajo colectivo.

Historia de Ibiza a bocados
Ca n’Anneta ha sido distinguido en esta edición de los premios de la Acadèmia de Gastronomia d’Eivissa i Formentera como historia viva de la isla, un reconocimiento a más de 150 años de trayectoria familiar en Sant Carles. En el vídeo proyectado durante la gala, Paula, representante de la sexta generación, recordó los orígenes del establecimiento, cuando José Noguera adquirió el terreno junto a la iglesia y levantó una casa que albergaba tienda de ultramarinos, bar y estanco bajo el nombre de Sa Botiga de Can Pep Benet.
A lo largo de las generaciones, el negocio ha ido evolucionando sin perder su esencia familiar, pasando por la gestión de Antònia Noguera y posteriormente de los bisabuelos Bartolomé y Anita, quien mantuvo el local en tiempos difíciles y consolidó la elaboración del licor de hierbas, convertido en uno de sus emblemas. Con la llegada de los años 60 y el auge del turismo y el movimiento hippy, el establecimiento se transformó en un punto de encuentro clave en Sant Carles, evolucionando hacia un espacio de vida comunitaria y referencia social en la isla. En las décadas siguientes, la siguiente generación convirtió el negocio en restaurante y reforzó la proyección de sus hierbas tradicionales, logrando una notable difusión dentro y fuera de Ibiza y consolidando un legado reconocido con distinciones como el Premio Ramón Llull en 2006.
Reconocimiento y concienciación
La gala ha puesto en el foco el equilibrio entre tradición y modernidad que define hoy la gastronomía pitiusa, en una edición en la que los premiados representan tanto la herencia culinaria como la innovación en cocina, producto y modelos de negocio. Sin embargo, también ha servido para evidenciar uno de los principales retos del sector en las Pitiusas: la falta de personal en la hostelería, una problemática generalizada que afecta a buena parte de los establecimientos y que condiciona su funcionamiento diario, desde aperturas retrasadas hasta dificultades para mantener estándares de servicio.
En conjunto, los premios han reafirmado su función de reconocer el esfuerzo de toda la cadena gastronómica -del campo y el mar a la mesa- y de impulsar un modelo que protege la identidad culinaria de Ibiza y Formentera, reforzando su papel como motor cultural, económico y turístico de las islas.

