Ya sea vestidas de Prada, Armani o Dior, las protagonistas de El diablo viste de Prada 2 han demostrado a Hollywood cómo es regresar a la pantalla con estilo y éxito, convirtiendo la moda y el cine, una vez más, en objetos de millones. Meryl Streep (Nueva Jersey, 76 años), Anne Hathaway (Brooklyn, 43 años) y Emily Blunt (Londres, 43 años) -sin olvidarnos del magnífico Stanley Tucci (Nueva York, 65 años)- han hecho de una cinta nostálgica inolvidable, un fenómeno cultural y financiero que ha sobrepasado las expectativas de cualquiera, incluso las de Irv Ravitz -el pez gordo al que pertenece Runway en la secuela.
Tras dos décadas de asentar las ideas y de cambiar el armario, la espera ha merecido la pena tanto para los fans como para los profesionales implicados. Con apenas 15 días en cartelera, la película ya acumula 443,2 millones de dólares de recaudación mundial y las previsiones apuntan a que la cifra seguirá creciendo. Pero un éxito de estas dimensiones no se celebra únicamente con aplausos y satisfacción creativa: en Hollywood, y más aún cuando hablamos de tres de las actrices más demandadas de la industria, el regreso también se mide en cifras, contratos y beneficios.
Según distintas informaciones publicadas por medios como Variety, Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt habrían cobrado 12,5 millones de dólares cada una (más de 10 millones de euros) por volver a meterse en la piel de Miranda Priestly, Andy Sachs y Emily Charlton. Se trataría de un acuerdo cerrado con 20th Century Studios que establece igualdad salarial entre las tres protagonistas, un modelo poco habitual en grandes producciones de la industria y que subraya el peso conjunto del trío en el éxito de la franquicia.
‘Un ángel vestido de Prada’
Meryl Streep habría sido clave no solo en la negociación del proyecto, sino también en la estructura del reparto salarial. Diversas fuentes apuntan a que la actriz, pese a poder haber exigido una cifra superior por su peso en la franquicia, habría impulsado que sus compañeras recibieran exactamente la misma cantidad, consolidando así un acuerdo de igualdad entre las tres protagonistas. ¿Será que el corazón de Miranda Priestly se ha ablandado con los años?
Este modelo de contratación incluiría además una cláusula de “favored nations”, una práctica habitual en Hollywood que garantiza que ningún actor del mismo nivel jerárquico cobre menos que otro dentro del reparto principal. Gracias a este acuerdo, Hathaway y Blunt habrían recibido la misma compensación que Streep, reforzando el equilibrio entre los personajes icónicos de la saga.
Los beneficios de un fenómeno cultural con estilo
Más allá del salario base, las tres actrices habrían firmado también contratos con importantes bonificaciones ligadas al rendimiento en taquilla. Este sistema de incentivos les permitiría aumentar significativamente sus ingresos en función del éxito comercial de la película, un mecanismo habitual en grandes producciones pero especialmente relevante en este caso por el volumen de recaudación alcanzado.
Por el momento, el rendimiento que lleva ha activado ya parte de los bonus pactados y, de mantenerse la tendencia, las actrices podrían llegar a ingresar hasta 20 millones de dólares adicionales, elevando sus ganancias totales a cifras propias de grandes blockbusters contemporáneos.
El éxito de la secuela, dirigida por David Frankel, no solo ha reactivado el interés por la franquicia, sino que también ha abierto la puerta a la posibilidad de nuevas entregas en el futuro. Mientras tanto, el regreso de Streep, Hathaway y Blunt confirma que El diablo viste de Prada sigue siendo, dos décadas después, una de las propiedades más rentables, influyentes y difíciles de olvidar de Hollywood.
Al fin y al cabo, Miranda tenía razón cuando dijo: «Venga, no seas ridícula, Andrea. Todo el mundo quiere esto. Todo el mundo quiere ser como nosotros».

