Hasta hace muy poco, tres palabras vivían confinadas en mundos muy distintos entre sí. Hantavirus era un término que rara vez abandonaba los congresos de epidemiología y los ‘papers’ de virología. Oceanwide Expeditions era una naviera de la que hablaban los connaisseurs de un sector tan específico como los viajes de expedición polar y los operadores turísticos especializados. Y Hondius era, para la mayoría, un nombre neerlandés asociado vagamente a los mapas del siglo XVI y a la Edad de Oro de la cartografía flamenca.
De repente, las tres palabras colisionaron y dieron la vuelta al mundo. Detrás de cada una de ellas hay una historia que merece ser contada.
Un hombre que dibujó el mundo
Joost de Hondt nació en 1563 en Wakken, en el condado de Flandes (la actual Bélgica), y es conocido en la historia como Jodocus Hondius, versión latinizada de su nombre neerlandés. Grabador y cartógrafo, es una de las figuras destacadas de la Edad de Oro de la cartografía holandesa, y fue determinante para consolidar Ámsterdam como el gran centro cartográfico europeo del XVII. Su apellido tiene, además, cierta ironía lingüística: ‘hond’ en neerlandés significa perro, y el propio Hondius lo sabía.
La marca que utilizaba como editor era un perro apoyado con sus patas delanteras sobre la esfera, acompañado de la leyenda sub Cane Vigilanti, el vigilante bajo el perro.
En 1604 adquirió las planchas del Atlas de Mercator y preparó una edición revisada en Ámsterdam. El nuevo atlas, publicado en 1606, conservaba los mapas de la edición original, aunque incorporó varios nuevos grabados por el propio Hondius, ampliando la cobertura hacia África, Asia y las Américas.
Un hombre del Renacimiento que cartografió lo desconocido, que dibujó las costas que otros exploraban e inmortalizó los viajes de Francis Drake. Cuatro siglos después, su nombre navega por los mares polares que él jamás imaginó.
Una naviera nacida de una fundación y un velero
Fundada en 1994, la historia de Oceanwide Expeditions no empieza aquel año, sino antes. La Fundación Plancius, creada en los Países Bajos en 1981, fue su predecesora directa: el primer operador de cruceros en organizar, de manera regular y anual, expediciones a las Spitsbergen y sus aguas.
Desde 1983, el Plancius llevó a los primeros viajeros de expedición a ese archipiélago situado en la confluencia del océano Ártico, el mar de Barents y el de Groenlandia. Una pasión estaba naciendo. Cuando la Fundación cesó su actividad una decada mas tarde, Oceanwide recogió el testigo y continuó exactamente donde la fundación lo había dejado.
El primer barco en el que Wijnand van Gessel llevó una expedición propia al Ártico fue una goleta de tres palos, la Rembrandt van Rijn, con destino a la isla de Spitsbergen. Corría 1994 y Van Gessel acababa de crear su compañia de navegación. Dos años después absorbió el legado de la Fundación Plancius.

Tres décadas más tarde, lo que nació como una aventura familiar con un velero se ha convertido en un operador de referencia mundial: en 2024, la asociación Expedition Cruise Network reconoció a Oceanwide como el mejor operador de expediciones polares del mundo.
Treinta años después de aquella primera goleta, la empresa familiar de los Van Gessel facturaba 44 millones de euros anuales y operaba varios buques de expedición polar.
El barco que nació donde se construían submarinos
El hoy célebre MV Hondius tiene su propia historia de contrastes. Fue construido en el astillero croata Brodosplit, en Split y entregado a Oceanwide en mayo de 2019. Brodosplit no es un astillero cualquiera. Cuando Croacia formaba parte de la Yugoslavia, los submarinos de Armada de aquel país se construían en esas mismas gradas, que entonces se llamaban ‘Brodogradilište specijalnih objekata’, el astillero de objetos especiales.
De los submarinos del mariscal Tito a los cruceros de expedición polar. Del secreto industrial de la Guerra Fría al lujo discreto de 170 pasajeros observando hielo y pingüinos en la Antártida. Pocos trayectos industriales resultan tan cinematográficos.
El Hondius tiene una eslora de 107,6 metros y una manga de 17,6 metros, con un tonelaje bruto de 6.603 GT. Sus ocho cubiertas para pasajeros albergan 95 camarotes, y la tripulación oscila entre 69 y 72 personas. Posiblemente la característica técnica que más ha sorprendido al gran público durante la crisis del hantavirus es otra: el barco está registrado con clasificación Polar Class 6, cumpliendo con los más recientes estándares del Lloyd’s Register para buques de crucero reforzados para el hielo.

El continente que dejó de ser solo de los científicos
La crisis sanitaria ha puesto también el foco sobre una tendencia que venía creciendo en silencio: la masificación relativa de la Antártida. Lo que durante décadas fue territorio exclusivo de investigadores y un puñado de aventureros de recursos considerables, se ha convertido en un destino de expedición accesible (caro, aunque accesible) para un público crecientemente amplio.
Según la patronal CLIA, el número de pasajeros que contrataron cruceros de expedición aumentó un 71% entre 2019 y 2023, siendo las rutas polares las que más crecieron en ese periodo. Desde hace algunas temporadas ya se ha superado la barrera de los 100.000 visitantes al año y la cifra va en aumento.
Son números que hace una generación habrían parecido inverosímiles. El continente helado recibe hoy más turistas que muchos destinos consolidados del Mediterráneo en temporada alta. Y la mayoría de esos viajeros, significativamente, rechazan ser llamados cruceristas: se definen como expedicionarios, exploradores o viajeros de naturaleza. La semántica importa cuando el precio del camarote suele superar varios miles de euros.
Tres palabras que ahora medio mundo conoce
Hay algo extrañamente simbólico en que un virus, una naviera y un cartógrafo del siglo XVI hayan confluido para abrir una ventana sobre un mundo que operaba discretamente y fuera del radar de la opinión pública. Oceanwide Expeditions no buscaba la celebridad.
El Hondius es un barco técnicamente sofisticado y prácticamente invisible para quien no formara parte de ese universo específico. Y Jodocus Hondius llevaba cuatro siglos dormido en las enciclopedias especializadas.
La crisis los ha sacado a todos a la luz. Y con ellos, ha revelado la existencia de toda una industria que funciona perfectamente sin necesitar muchos titulares.
Quizás esa era, en el fondo, su mayor virtud.

