Forbes Women

Eugenia Martínez de Irujo presenta el libro sobre su madre Cayetana de Alba: «Siempre se arrepintió de no posar para Picasso, desnuda, como la maja»

Aristócrata libre, musa cultural y espíritu español que sigue habitando la memoria colectiva: la figura de Cayetana Fitz-James Stuart es homenajeada por sus hijos en el libro ‘Cayetana, la duquesa de Alba: arte, aristocracia y el alma de España’.

La duquesa de Alba cabalga con traje cordobés en Sevilla, 1965. © Jerry Cooke/Getty Images

Hay mujeres que atraviesan la historia y otras que la convierten en escenario. Cayetana Fitz-James Stuart pertenece sin duda a la segunda categoría: una aristócrata irrepetible que logró transformar el peso de los siglos en una narrativa profundamente contemporánea. Hoy, su figura regresa con fuerza gracias a libros, documentales y la reapertura de uno de los palacios más ligados a su vida, componiendo un retrato coral que oscila entre el mito y la intimidad.

El punto de partida de esta nueva mirada arranca de la mano de la editorial Assouline. Cayetana, la duquesa de Alba: arte, aristocracia y el alma de España está concebido como un objeto de colección. El libro despliega una iconografía fascinante que invita a entrar en los salones privados de la XVIII duquesa de Alba. Fotografías familiares inéditas, interiores cargados de historia y escenas cotidianas revelan a una mujer que supo habitar con naturalidad el contraste entre tradición y rebeldía. No se trata sólo de una aristócrata rodeada de obras maestras, sino de una musa, mecenas y guardiana cultural que entendía el arte como forma de vida. El prólogo de Eugenia Martínez de Irujo y los textos de Carlos Fitz-James Stuart y Jacobo Siruela aportan una dimensión familiar que suaviza el brillo del título con una luz más íntima.

El libro ‘Cayetana, la duquesa de Alba: arte, aristocracia y el alma de España’, editado por Assouline.

Escrito por Cristina Carrillo de Albornoz, este homenaje a la duquesa de todos ha sido presentado en el Palacio de Liria este martes 28 de abril. La autora ha mantenido una conversación íntima con la única hija de la aristócrata, Eugenia Martínez de Irujo (Madrid, 1968), Martine Assouline –cofundadora y editora jefa de la prestigiosa editorial de lujo homónima Assouline, fundada en París en 1994 junto a su esposo, Prosper–, y Pablo Melendo, consultor y experto en arte.

«Ella (Cayetana) fue una mujer cosmopolita e hizo de España un destino cosmopolita. No sé si nos puso en el mapa, pero desde luego proyecto una imagen del país fresca y con potencial. De ahí que este libro esté escrito en dos idiomas, español e inglés, porque su relevancia es internacional, como lo fue su vida», señalaba Carrillo de Albornoz mientras recordaba junto a Martínez de Irujo aspectos íntimos de la vida de la duquesa, como su infancia, su adolescencia, el matrimonio con su padre o su relación de amistad con Jackie Kennedy, de quien Eugenia cree que se distanció tras el matrimonio de la que fuera primera dama con Onassis, «a mamá no le caía bien. Yo creo que pudo ser por eso».

La sala, abarrotada de amigos de la familia –como Jaime de Marichalar y su hija Victoria Federica, Fernando Martínez de Irujo, Piru Urquijo, nieta de Gregorio Marañón y abuela de Teresa Urquijo, mujer del alcalde de Madrid, Sandra Falcó, hija de Carlos Falcó, marqués de Griñón, Boris Izaguirre y algunos condes y duques– tuvo un gran protagonista, el actual duque de Alba, Carlos Martínez de Irujo. Acompañado de su primogénito, Fernando, y la mujer de este, Sofía Palazuelo, tomaba la palabra con cada imagen proyectada, como si de su propia retrospectiva se tratara. Motivado por la nostalgia, describía cada fotografía, facilitando identidades que ni su hermana Eugenia conocía. Jacobo, el perro que siempre estuvo al lado de su aubelo y luego de su madre (sí, su abuelo ponía a los perros de la casa su mismo nombre «así acudían siempre los dos cuando los llamabas», bromeaba), Vicente, el mayordomo de su madre y después de todos ellos…

Algunas de las fotos recuperadas de los archivos personales de Cayetana de Alba expuestos durante la charla.
Algunas de las fotos recuperadas de los archivos personales de Cayetana de Alba expuestos durante la charla.
Algunas de las fotos recuperadas de los archivos personales de Cayetana de Alba expuestos durante la charla.

Tanto la familia, como Melendo y Carrillo de Albornoz coincidieron en un adjetivo para la duquesa, ‘pasional’. Con pasión. Así fue su forma de vivir. Esto se aprecia en el texto que da sentido a este libro y en las imágenes, que hablan por sí mismas. «Cuando me dicen que mi madre vivió como quiso, siempre digo ‘vale, sí, lo hizo’, pero lo cierto es que fue una mujer con un gran sentido de la responsabilidad. Nunca descuidó su cometido. Mi abuelo la educó para ser quien tenía que ser», destacaba Eugenia tras comentar que su madre vivió su vida a su manera sin olvidarse de lo importante. «Nunca se arrepintió de nada. Bueno sí, siempre se arrepintió de no posar para Picasso, desnuda, como la maja. Papá se ‘meaba’ cuando lo decía», confesaba entre risas y ante la negativa de su hermano Carlos. «Creo que mi hermano no está de acuerdo con esa imagen de mamá». Reímos todos.

El acto acabó con unas palabras de amor, agradecimiento y admiración de Carlos por el exhaustivo trabajo de selección de archivos de su hermana Eugenia para dar forma a este libro, a Cayetana, la duquesa de Alba: arte, aristocracia y el alma de España: «Nadie mejor que tú, tan pasional como mamá, para honrar su memoria».

Larga vida a Cayetana: otro libro, un palacio y un documental

Si el libro de Assouline es una ventana estética, la obra La última duquesa, escrita por su hijo Cayetano Martínez de Irujo, funciona como un espejo emocional. En sus páginas emerge la madre, la mujer que convivía con la presión mediática, las expectativas del linaje y la complejidad de una familia observada por todo un país. Este relato familiar, a veces tierno y otras incómodo, humaniza a la figura legendaria y la devuelve a una escala profundamente humana: la del afecto, el conflicto y la memoria compartida.

La narrativa contemporánea se completa con la mirada audiovisual de Netflix y su documental Cayetana, la duquesa de todos. La producción traza el retrato de una mujer que logró algo extraordinario: convertirse en aristócrata popular. En pantalla, la duquesa aparece como una figura que transitaba con soltura entre el flamenco y la alta sociedad internacional, entre la tradición sevillana y las amistades con iconos del siglo XX como Isabel II, Winston Churchill, Jacqueline Kennedy, Yves Saint Laurent, Maria Callas, Rudolf Nureyev y Stavros Niarchos. El documental confirma lo que siempre insinuó su figura pública: que su magnetismo trascendía cualquier etiqueta social.

Y, como si la historia necesitara un escenario físico para seguir respirando, la reapertura del Palacio de las Dueñas devuelve al presente uno de los espacios más evocadores de la Casa de Alba. Caminar hoy por sus patios, jardines y salones es recorrer la memoria de una vida tejida entre cuadros, fiestas, silencios y tradiciones. El palacio se convierte así en un puente entre generaciones, un lugar donde el pasado no se contempla, sino que se experimenta. 

Entre páginas satinadas, confesiones familiares, imágenes en movimiento y estancias abiertas al público, la duquesa de Alba continúa reinventándose. No como reliquia aristocrática, sino como símbolo estético, cultural y profundamente español. Una mujer que entendió el privilegio como responsabilidad y la tradición como punto de partida para la libertad.

Artículos relacionados