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Réserve de la Terre, o cómo el champagne ha empezado a hablar de la tierra

Maison Telmont presenta la tercera edición de su cuvée ecológica, concebida desde el respeto por el suelo y el tiempo.

Ludovic du Plessis, CEO de Maison Telmont.

Durante décadas, el champagne ha sido una cuestión de estilo, de precisión, de herencia. La tierra —ese elemento fundacional del vino— quedaba antes en un segundo plano, eclipsada por la técnica, la marca o el ritual. Sin embargo, en los últimos tiempos, algo ha empezado a cambiar en el savoir-faire de algunos espumosos. Y Réserve de la Terre, la cuvée ecológica de Maison Telmont, es una de las expresiones más claras de esa transformación silenciosa.

“Un gran champagne solo puede nacer de un suelo vivo”. La frase, repetida en numerosas ocasiones por Ludovic du Plessis, CEO de la casa francesa, no funciona como eslogan, sino como punto de partida. Desde su llegada a la compañía, el directivo —que cuenta con una dilatada experiencia en algunas de las grandes firmas del lujo, como Dom Pérignon o Louis Vuitton— ha impulsado un cambio profundo en la manera de entender la excelencia: menos artificio, más origen; menos corrección, más respeto por la naturaleza que sostiene al viñedo.

Cuando la sostenibilidad deja de ser un discurso

Hablar de viticultura ecológica sigue siendo una excepción. Por eso, la decisión de Telmont de elaborar Réserve de la Terre exclusivamente con uvas certificadas no responde a una tendencia coyuntural, sino a una convicción estructural. “No se trata de compensar, sino de reducir”, señala Du Plessis al explicar una filosofía que rehúye los atajos y apuesta por decisiones reales, aunque sean más lentas y exigentes.

La maison que encabeza, fundada en 1912, avanza así hacia un modelo en el que la biodiversidad, la salud del suelo y el tiempo vuelven a ocupar un lugar central. Una transición progresiva que afecta tanto a los viñedos propios como a los de sus socios, y que aspira a transformar por completo la manera en la que se producen estas referencias en las próximas décadas.

La cuvée como reflejo de una idea

La tercera edición de Réserve de la Terre no busca diferenciarse por exceso, sino por coherencia. De hecho, nace del ensamblaje de dos vendimias contrastadas (2020 y 2021), pensadas para preservar equilibrio y tensión sin perder frescura. Chardonnay, Meunier y Pinot Noir se combinan desde una lógica de mínima intervención, con un dosage contenido y una crianza prolongada que permite al vino expresarse sin correcciones innecesarias.

“La naturaleza ya sabe lo que hace; nuestro papel es no estorbar”, resume Du Plessis. El resultado es un espumoso de perfil limpio y preciso, donde la energía del vino pesa más que la exuberancia, y donde la textura y la longitud hablan directamente del terruño.

Una revolución verde, sin estridencias

Más allá de la copa, el compromiso de Telmont se extiende a todo el proceso: botellas más ligeras, eliminación de embalajes superfluos, supresión del transporte aéreo y una hoja de ruta clara bajo el proyecto In the Name of Mother Nature (En el nombre de la tierra). No como gesto comunicativo, sino como arquitectura industrial. Una visión que cuenta también con el respaldo de inversores alineados con esta manera de entender la sostenibilidad, como Leonardo DiCaprio y el grupo Rémi Cointreau.

En un sector acostumbrado a asociar el lujo con la espectacularidad, esta revolución verde se produce con discreción. Pero su impacto es profundo. Réserve de la Terre no pretende reescribir las reglas del sector, sino devolverlas a su origen: la naturaleza como principio activo, no como decorado. Y quizás ahí resida su verdadera singularidad. En demostrar que el futuro no pasa por añadir capas, sino por retirar ruido. Por volver al suelo. Por escuchar, de nuevo, lo que la tierra tiene que decir.

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