Es una de las especies marinas más enigmáticas y maravillosas. Tiene una aleta dorsal y otra anal que hacen que parezca una media luna cuando nada con su estilo ortopédico en mar abierto y un cuerpo aplastado rematado por unos pequeños ojos curiosos. Se han llegado a capturar ejemplares de tres metros y más de dos toneladas, toparte con uno de ellos buceando es una lotería y sus costumbres siguen siendo un completo misterio.
El pez luna ha escogido en España como refugio estival un enclave maravilloso de la costa vasca, el pueblo de Guetaria, localidad natal del marino Juan Sebastián Elcano o del modista Cristóbal Balenciaga, presidida por una antigua isla convertida en istmo desde el siglo XVI. Se trata del archiconocido Ratón, un paraje natural coronado por un faro que se prolonga bajo el mar varios cientos de metros conformando un ecosistema marino único y absolutamente desconocido para el gran público.
Nadie sabe muy bien por qué pero a principios de verano comienzan a llegar los lunas a estas frías y turbias aguas, y se llegan a agrupar familias de decenas o centenares. Se refugian en este rincón de la costa guipuzcoana de las mareas del Cantábrico y lo han convertido en una suerte de balneario para desparasitarse. Con el mar en calma se tumban en la superficie agitando sus aletas llamando a la colonia de gaviotas que nidifica en los alrededores y éstas se posan sobre ellos para limpiar su piel cartilaginosa. En otras ocasiones saltan casi un metro fuera del agua para golpear sus costados con la misma intención de limpiar su cutis y ponen a raya a la población de medusas que acecha la zona convirtiéndolas en su manjar favorito.
Me apasiona el buceo y practico este deporte con botella de hace más de 25 años. En cuanto pude me saqué el carné de conducir y la licencia para realizar inmersiones, fascinado desde muy joven por el mundo del silencio. He buceado cientos de veces en el Mediterráneo, en el Mar Rojo o en el Índico, y, sin embargo, una de las inmersiones más impresionantes que he hecho en mi vida tiene como escenario este destino guipuzcoano.

El pasado mes de agosto ha sido uno de los que más lunas ha congregado en Guetaria de la última década y fotografiarles es un reto fascinante en el que han alcanzado su mejor versión camarógrafos subacuáticos locales como Mak Iriarte o Gorka Leclercq, con quienes he tenido el privilegio de sumergirme.
Con el agua muy caliente en superficie, a 23 grados, la constelación de lunas se pierde en el azul verdoso a más de 20 metros, donde la temperatura desciende bruscamente a los 15. Con una visibilidad de apenas un puñado de metros y la atmósfera fantasmagórica que otorga el agua del Cantábrico con su color verdoso y sus partículas en suspensión, algunos ejemplares se cruzan fugazmente en los bajos como si quisieran comprobar qué o quiénes alteran su tranquilidad en ese ambiente espectral.

Estos peces prehistóricos se aproximan al buceador que osa deambular por su balneario y con un par de aletazos desaparecen entre las sombras como si fueran criaturas del más allá. Inmortalizarlos requiere una quietud y una paciencia de las que carezco pese a mi tenacidad. La luz artificial de los focos, que golpea sobre ellos como si se toparan con un espejo, provoca que se ahuyenten de inmediato y hay que combinar templanza y habilidad para atraer su innata curiosidad.
Fue en mi última inmersión del verano cuando, tras haberme cruzado con algunos ejemplares sueltos y esquivos, una nube oscura se aposentó sobre una lengua de arena y comenzó a moverse. Un par de compañeros y yo nos arrodillamos en silencio entre penumbras, conteniendo la respiración, y un banco de más de medio centenar comenzó a aproximarse hasta desfilar majestuosamente ante nosotros durante un minuto que se hizo eterno.
Nos rodearon a escasos centímetros, posaron ante nosotros para premiar el frío que estábamos pasando, tocamos el cielo con nuestras cámaras, y como si fuera un equipo de natación sincronizada, se perdieron con un par de aletazos en la oscuridad hasta quién sabe cuándo.
@estebanurreiztieta es subdirector de Investigación de El Mundo y buceador.
Este texto forma parte del número 8 de Nautik Magazine, que puedes encontrar en quioscos o en nuestra tienda online.

