Banda sonora para la lectura: La estatua del Jardín Botánico. Radio Futura en directo. (1982) Santiago Auserón, el autor de la letra explicó que la inspiración no surgió de una experiencia sentimental, sino de la lectura de la «Monadología» de Gottfried Leibniz, que plantea la idea de «mundos dentro de mundos», estanques que contienen otros estanques y jardines que contienen otros jardines. Iberoamérica es un gran jardín climático: la Amazonía, los bosques tropicales, la agricultura regenerativa, los mercados regulados, la influencia del otro lado del Atlántico, el Artículo 6 del Acuerdo de París. Cada elemento tiene valor por sí mismo, pero adquiere pleno sentido cuando se entiende dentro del conjunto.
Los mercados de carbono en Iberoamérica suelen ser percibidos como un espacio de oportunidades dispersas que observan abundancia de recursos naturales, proyectos forestales de gran escala y una creciente demanda internacional de créditos de carbono. Sin embargo, la ausencia de marcos regulatorios sólidos genera incertidumbre para inversionistas, desarrolladores y compradores. ¿Está cambiando algo?
Recientes impulsos normativos en la Región como el de hace unas semanas en Colombia confirman una incipiente consolidación normativa con capacidad para transformar el panorama iberoamericano. Desde Brasil hasta Chile, pasando por Perú, Ecuador, Panamá, México y la propia Unión Europea, los gobiernos están avanzando hacia modelos más sofisticados de fijación de precios al carbono y mecanismos compatibles con el Artículo 6 del Acuerdo de París. Para no iniciados, o seguidores de otras políticas y visiones de lo que acontece en el planeta, el citado Acuerdo fijó las reglas globales de la descarbonización. Concretamente, el sexto artículo impulsó la creación de una infraestructura jurídica para que las reducciones de emisiones puedan convertirse en un activo económico negociable a escala internacional.
Más importante aún, las nuevas normas que afloran en los países poseedores de los ecosistemas naturales más valiosos para la mitigación del cambio climático, envían una señal al mercado advirtiendo a los inversores y los operadores que la era de los proyectos desarrollados exclusivamente bajo estándares voluntarios internacionales está dando paso a una mayor supervisión pública y a una integración más estrecha con las políticas climáticas nacionales. Para no versados, en los mercados voluntarios, son los particulares, las empresas y los gobiernos los que establecen sus propios objetivos para cumplir compromisos voluntarios.
La adopción y desarrollo de marcos regulatorios más completos supone un punto de inflexión porque introduce reglas más claras sobre la generación, validación y comercialización de créditos de carbono, al tiempo que conecta estos instrumentos con los compromisos climáticos de cada nación.
Ciertamente, una extraordinaria concentración de los recursos naturales, incluyendo la Amazonía, y la progresiva implementación de sistemas regulados de comercio de emisiones, demuestra que prácticamente todas las economías nacionales de la Región podrían convertirse en el principal referente mundial durante la próxima década.
Un mercado regulado de carbono en economías con capacidad propias para su desarrollo puede actuar como catalizador para nuevas inversiones en energías renovables, agricultura regenerativa, bioeconomía y proyectos forestales.
Además, su creciente protagonismo coincide con una mayor atención internacional hacia los activos climáticos de América y las soluciones basadas en la naturaleza.
Pero todas estas ventajas aplicadas en los mercados de carbono no son suficientes para generar créditos. Es necesario demostrar integridad ambiental, trazabilidad y compatibilidad con los compromisos climáticos nacionales.

Sin poner nombres, algunos países disponen de instrumentos de precio al carbono desde hace años y han experimentado con sistemas de comercio de emisiones, pero aún tienen pendiente consolidar dichos mecanismos dentro de una estrategia de largo plazo que aporte estabilidad regulatoria y atraiga inversión internacional.
Otros, poseen claras ventajas comparativas extraordinarias en agricultura, ganadería sostenible y captura de carbono en suelos, pero, igualmente, necesitan fortalecer la infraestructura jurídica y financiera que permita transformar ese potencial en una oferta competitiva de créditos de alta calidad.
La experiencia internacional demuestra que el capital busca previsibilidad. Los países que logren ofrecer reglas claras, transparencia y seguridad jurídica serán los principales beneficiarios de la próxima ola de inversiones climáticas.
Hablando de Iberoamérica, la parte europea participa plenamente en el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (EU ETS), considerado el mercado regulado de carbono más importante del mundo. Este instrumento ha contribuido de forma significativa a la reducción de emisiones y continúa expandiendo su alcance sectorial. En definitiva, está ayudando a crear incentivos económicos concretos y, especialmente, Portugal y España, los cuales podrían contribuir y aportar experiencia para acelerar la descarbonización a ambos lados del Atlántico.
Dado ya por superado, y en parte fracasado, el objetivo temporal del 2023, y proponiendo una visión decenal, en los próximos años el desarrollo de la Región iberoamericana no estará definida únicamente por la abundancia de recursos naturales. La verdadera competencia se librará en el terreno de la gobernanza, la calidad de los créditos y la capacidad de conectar los mercados nacionales con los mecanismos internacionales previstos en el Acuerdo de París. La carrera por liderar la economía del carbono apenas comienza, pero los ganadores serán aquellos países capaces de combinar ambición climática, seguridad jurídica y credibilidad regulatoria.
Iberoamérica no debe contemplar los cambios que se están produciendo en el mundo desde la barrera, debe ser protagonista. Y para lograrlo, la clave está en el trabajo conjunto de gobiernos, instituciones, referentes de la región, empresas, científicos, academia, sociedad civil, y tantas instituciones que trabajan bajo el paradigma de lo iberoamericano. Ámbitos privados como el Foro Ciudades Neutras 2030, pero también otros públicos como la celebración de la próxima XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, y su XVI encuentro empresarial serán nuevas excelentes, y cada vez menos, oportunidad para concienciarnos.
Documental recomendado: “How to live on earth” (2026), dirigido y producido por Fredi Devas . No es un manual, sino un laboratorio conceptual que reúne científicos del clima, economistas ecológicos, artistas, filósofos, y expertos en gobernanza planetaria. El trabajo plantea la redefinición de los sistemas humanos, económicos, políticos, culturales, para que funcionen dentro de los límites biofísicos del planeta. En un mundo que empieza a comprender que la economía depende de la respiración de los bosques y del pulso de los ríos, proyectos como How to Live on Earth también recuerdan que los servicios ecosistémicos no son una metáfora, sino una infraestructura crítica. Los mercados de valores, que durante siglos ignoraron la naturaleza, comienzan a incorporar en su funcionamiento fenómenos como la captura de carbono de los manglares, la fertilidad de determinadas áreas para la agricultura o la acuicultura, o la regulación hídrica de muchas partes del continente.

