Hay una pregunta que parece sencilla pero que tiene una respuesta cada vez más compleja: ¿quién controla los bancos españoles?
La respuesta ya no está únicamente en las grandes familias que durante décadas dominaron algunas de las principales entidades financieras del país. Tampoco está exclusivamente en los grandes fondos internacionales que han ido entrando en el capital de los bancos cotizados.
El mapa actual es una combinación de ambos mundos, a los que se han sumado las fundaciones bancarias herederas de las antiguas cajas de ahorro, grandes patrimonios españoles, aseguradoras y, cada vez con más frecuencia, otros bancos europeos.
La última prueba ha llegado esta semana. El francés BPCE ha adquirido aproximadamente un 7% de Banco Sabadell, una participación que a precios actuales ronda los 1.200 millones de euros. El grupo ha construido la posición mediante compras en mercado e instrumentos financieros y ha comunicado que no pretende superar el 9,9% del capital. Además, aspira a contar con un representante en el consejo de administración.
No es una inversión puramente financiera. Sabadell y BPCE quieren explorar acuerdos en banca corporativa y de inversión, leasing de bienes de equipo, crédito al consumo y negocio internacional. Las conversaciones deberían concretarse a comienzos de 2027.
La operación convierte al grupo francés en uno de los principales accionistas de Sabadell, solo por detrás de BlackRock y por delante de Zurich. Pero también introduce una nueva figura en el accionariado de la banca española: el gran grupo financiero europeo que entra con una participación minoritaria, busca representación en el consejo y aspira a convertirse en socio estratégico sin hacerse con el control. Y no es un fenómeno aislado.
Sabadell: de la opa de BBVA a un nuevo núcleo accionarial
Sabadell es probablemente el banco en el que más ha cambiado el debate sobre el accionariado durante los últimos dos años. En julio, antes de la entrada de BPCE, BlackRock tenía un 8,443% y Zurich Insurance un 4,947%. A ellos se suma ahora el aproximadamente 7% de BPCE.
El resultado es una estructura en la que tres grandes accionistas concentran cerca de una quinta parte del capital. La entrada del grupo francés llega además después del intento fallido de BBVA de hacerse con Sabadell y en plena nueva etapa del banco catalán, con Marc Armengol como consejero delegado.
BPCE ha definido expresamente su inversión como amistosa, estable y de largo plazo. Sabadell, por su parte, ha respaldado su futura presencia en el consejo. Eso no convierte a BPCE ni a Zurich en accionistas de control. Pero sí modifica el equilibrio de fuerzas de una entidad que durante años tuvo un accionariado mucho más disperso.
El movimiento también tiene una lectura europea. BPCE es el segundo grupo bancario de Francia, cuenta con 36 millones de clientes y 110.000 empleados y ha acelerado su expansión internacional, incluida la adquisición de Novo Banco en Portugal.
La operación de Sabadell, por tanto, no es una opa encubierta ni una toma de control. Es algo más sutil: un gran banco extranjero adquiere una posición relevante en una entidad española y busca convertirla en una alianza industrial y financiera.
Santander: BlackRock pesa más que cualquier familia
En Banco Santander no existe un accionista que pueda considerarse propietario o controlador de la entidad. El capital está extraordinariamente atomizado. A 30 de junio de 2026, los inversores institucionales representaban el 66,39% del capital y los minoristas otro 32,27%. El consejo concentraba el 1,34% restante. Santander contaba con 3,5 millones de accionistas. En este escenario, BlackRock es el principal accionista individual identificado, con un 6,861% de los derechos de voto. Pero Santander conserva una característica que lo diferencia de otros grandes bancos cotizados: la presencia de la familia Botín.
La familia mantiene un pacto accionarial y Javier Botín, hermano de Ana Botín, continúa como consejero externo de la entidad. Además, preside la Fundación Botín. La posición que representa y que incluye acciones familiares sindicadas y títulos de la fundación, supera el 1% del capital, aunque eso no significa que la familia controle Santander.
La diferencia es importante. La familia Botín conserva peso histórico, representación y una participación relevante, pero el Santander actual no es un banco familiar en el sentido clásico. Su accionariado está dominado por inversores institucionales y millones de pequeños accionistas.
Es uno de los mejores ejemplos de cómo ha cambiado la propiedad de la gran banca española: las familias siguen presentes, pero el capital institucional tiene mucho más peso que hace dos décadas.
BBVA: el banco de los grandes fondos
BBVA presenta un escenario todavía más atomizado. BlackRock controla un 7,158% de los derechos de voto y es el único accionista significativo que aparece actualmente en el registro de la CNMV por encima del umbral correspondiente. Eso no significa que BlackRock controle BBVA. La gestora administra activos por cuenta de sus clientes y fondos de inversión. Su participación convierte a la firma en un accionista institucional de enorme peso, pero no en el propietario económico de todo ese porcentaje.
La diferencia entre ser el mayor accionista individual y controlar una compañía resulta fundamental para entender la banca cotizada española. BBVA, como Santander, pertenece en la práctica a una enorme base de accionistas institucionales y minoristas. No existe una familia, fundación o empresario que pueda equipararse a Escotet en Abanca o a CriteriaCaixa en CaixaBank.
CaixaBank: aquí sí hay un accionista de referencia
La excepción entre los grandes bancos cotizados es CaixaBank. Su principal accionista es CriteriaCaixa, el holding de la Fundación Bancaria La Caixa, con un 30,012% del capital. El Estado, a través de BFA, mantiene otro 16,117%, mientras que BlackRock posee un 4,680%. Aquí sí existe un núcleo accionarial perfectamente identificable.
CriteriaCaixa tiene una posición suficientemente grande como para desempeñar un papel central en el gobierno de la entidad y constituye, de facto, el principal accionista estable del banco. La presencia del Estado tiene un origen diferente. BFA heredó la participación pública vinculada al rescate y posterior reestructuración de Bankia, cuya integración terminó dando lugar a la actual CaixaBank.
El resultado es peculiar: uno de los mayores bancos españoles está controlado accionalmente por una fundación bancaria y mantiene además una participación pública cercana al 16%. Y este es un modelo que no se repite entre Santander y BBVA.
Bankinter: la gran excepción de la banca familiar
Si existe un banco cotizado español donde la huella de las familias empresarias sigue siendo especialmente visible, ese es Bankinter. El principal accionista es Cartival, vehículo vinculado a la familia de Jaime Botín, con un 23,191% del capital. Tras el fallecimiento del histórico presidente de Bankinter, el vehículo familiar quedó bajo el liderazgo de su hijo Alfonso Botín-Sanz de Sautuola. El segundo gran núcleo familiar es el de Fernando Masaveu, que mantiene un 5,311% y cuenta con representación en el consejo como consejero dominical.
Aquí la fotografía es radicalmente diferente a la de BBVA o Santander. Un accionista familiar controla prácticamente una cuarta parte del banco y otro gran patrimonio español supera el 5%. Bankinter es, por tanto, uno de los últimos grandes ejemplos de concentración accionarial familiar dentro de la banca cotizada española.
Unicaja: fundaciones, aseguradoras y grandes fortunas
Unicaja ofrece una de las fotografías más complejas del sector. La Fundación Bancaria Unicaja es el principal accionista, con un 30,236%. Pero en los últimos meses la estructura se ha diversificado considerablemente.
Santalucía alcanzó el 10% del capital en mayo de 2026, convirtiéndose en uno de los principales accionistas de la entidad. BlackRock, por su parte, supera ya el umbral del 3%, con un 3,002%. ambién tienen posiciones significativas varios accionistas vinculados a grandes patrimonios españoles.
La Fundación Bancaria Caja de Ahorros de Asturias mantiene un 6,56%, mientras que el empresario Tomás Olivo posee un 5,178% e Indumenta Pueri, sociedad vinculada a la familia propietaria de Mayoral, otro 5%. La composición convierte a Unicaja en una especie de cruce entre los diferentes modelos de propiedad bancaria que existen actualmente en España.
Tiene una fundación heredera de una caja como accionista principal, una aseguradora con una posición de dos dígitos, grandes patrimonios españoles y una gestora internacional. Y ninguno de ellos, por separado, controla la entidad.
Cajamar: la llegada de dos gigantes europeos
El caso de Cajamar muestra otra tendencia que empieza a ganar relevancia: la entrada de socios extranjeros con participaciones inferiores al 10% pero acompañadas de acuerdos estratégicos. En junio de 2026, Crédit Agricole adquirió un 9,9% de Banco de Crédito Social Cooperativo, la entidad cabecera de Grupo Cajamar. La operación vino acompañada de acuerdos comerciales en áreas como custodia y administración de activos, factoring, leasing y renting, además de soluciones de inversión. Cuatro meses después llegó Generali.
La aseguradora italiana ha acordado adquirir otro 9,9% por aproximadamente 150 millones de euros y contará con un representante en el consejo una vez completada la operación, que está prevista para el segundo semestre de 2027 y queda pendiente de las autorizaciones regulatorias. Entre ambos acuerdos, dos grandes grupos financieros europeos se situarán con cerca del 20% conjunto del capital de BCC.
Pero no controlarán Cajamar. Las entidades del Grupo Cooperativo Cajamar conservarán más del 78% del capital de Banco de Crédito Social Cooperativo después de la entrada de Generali. Además, la operación permitirá reforzar la solvencia del grupo: la ratio phased-in pasaría del 16,6% al 17,6%, según las previsiones comunicadas con la operación.
La fórmula es significativa: el grupo cooperativo mantiene el control mientras incorpora a dos gigantes europeos como socios industriales y financieros.
Es una estructura distinta de la de Sabadell, pero con un elemento común: el capital extranjero entra para acompañar el negocio, no para hacerse inmediatamente con el banco.
Kutxabank: el poder sigue en las antiguas cajas vascas
En Kutxabank prácticamente no hay fondos internacionales ni grandes fortunas que buscar. El banco es propiedad de las tres fundaciones bancarias que heredaron las antiguas cajas vascas: BBK, Kutxa y Vital.
La distribución es del 57% para BBK, 32% para Kutxa y 11% para Vital. Las tres son las únicas accionistas de Kutxabank. Es uno de los casos más claros de continuidad del antiguo modelo de cajas dentro de la banca española. Kutxabank nació en 2012 a partir de la integración de BBK, Kutxa y Caja Vital. Las cajas traspasaron su negocio financiero al nuevo banco y posteriormente se transformaron en fundaciones bancarias. Más de una década después, la estructura accionarial permanece prácticamente intacta.
Aquí la respuesta a quién controla el banco es mucho más sencilla: las tres fundaciones bancarias, con BBK como accionista mayoritaria.
Ibercaja: 88% en manos de una fundación
Ibercaja constituye otro ejemplo de concentración heredada del antiguo sistema de cajas.
La Fundación Bancaria Ibercaja posee el 88,04% del capital. El resto está repartido entre Fundación Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, con un 4,73%; Fundación Caja Badajoz, con un 3,90%, y Fundación Círculo Católico de Burgos, con un 3,33%. En total, el 100% de Ibercaja está en manos de cuatro fundaciones.
La entidad, que finalmente descartó su salida a Bolsa, mantiene así una estructura muy diferente de la de los grandes bancos cotizados. No hay BlackRock. No hay Vanguard. No hay un empresario individual. El accionista dominante es la fundación heredera de la antigua Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja.
Abanca: el banco de un gran accionista
Si Ibercaja representa la continuidad del modelo de las cajas, Abanca representa el extremo contrario: la concentración en manos de un empresario. El banco gallego está controlado por Juan Carlos Escotet y su vehículo familiar.
A cierre de 2025, Escotet poseía directamente el 43,50% del capital y Escotet Family Office otro 41,25%. En conjunto, ambas posiciones alcanzaban el 84,75%. Abanca no cotiza en Bolsa. Es, por tanto, uno de los pocos grandes bancos españoles en los que puede identificarse claramente a una persona y a su familia como núcleo de control.
Escotet adquirió Novagalicia Banco en 2013, durante el proceso de reestructuración del sistema financiero español, tras imponerse en la subasta organizada por el FROB. Desde entonces, Abanca ha construido un grupo financiero con presencia en España y Portugal y ha mantenido una estructura accionarial altamente concentrada.
El nuevo mapa de poder de la banca española
La fotografía conjunta muestra que la banca española ya no puede explicarse con una única categoría.
Santander y BBVA representan el modelo de capital cotizado y atomizado, donde los grandes gestores internacionales tienen posiciones relevantes pero ningún accionista individual controla el banco.
CaixaBank mantiene un núcleo mucho más concentrado alrededor de CriteriaCaixa y, en segundo lugar, del Estado.
Bankinter conserva una fuerte presencia de familias empresarias y grandes patrimonios.
Unicaja combina fundaciones bancarias, aseguradoras, empresarios y fondos internacionales.
Sabadell acaba de incorporar a un gran banco europeo como accionista estratégico, junto a BlackRock y Zurich.
Cajamar está haciendo algo parecido, pero desde un modelo cooperativo: dos grandes grupos financieros europeos, Crédit Agricole y Generali, entrarán cada uno con el 9,9%, sin desplazar al grupo cooperativo de su posición mayoritaria.
Y Kutxabank e Ibercaja mantienen estructuras dominadas por las fundaciones herederas de las antiguas cajas, mientras que Abanca constituye el ejemplo más claro de control concentrado en manos de un empresario y su familia.
Así se reparte el poder
| Banco | Principales accionistas | Modelo de propiedad |
|---|---|---|
| Santander | BlackRock 6,86%; familia Botín mantiene una posición relevante y representación | Capital institucional y accionariado atomizado |
| BBVA | BlackRock 7,16% | Capital institucional atomizado |
| CaixaBank | CriteriaCaixa 30,01%; BFA 16,12% | Fundación bancaria + Estado |
| Sabadell | BlackRock 8,44%; BPCE ≈7%; Zurich 4,95% | Fondos + socios financieros estratégicos |
| Bankinter | Cartival 23,19%; Fernando Masaveu 5,31% | Familias y grandes patrimonios |
| Unicaja | Fundación Unicaja 30,24%; Santalucía 10%; Caja Asturias 6,56% | Fundación + aseguradora + grandes patrimonios |
| Cajamar | Grupo Cajamar >78%; Crédit Agricole 9,9%; Generali 9,9% | Cooperativas + socios financieros europeos |
| Kutxabank | BBK 57%; Kutxa 32%; Vital 11% | Fundaciones bancarias |
| Ibercaja | Fundación Ibercaja 88,04% | Fundaciones bancarias |
| Abanca | Juan Carlos Escotet 43,50% + Escotet Family Office 41,25% | Accionista de control |
Del banquero familiar al inversor institucional
La evolución del accionariado cuenta, en realidad, buena parte de la historia reciente de la banca española. Las antiguas familias de banqueros perdieron peso con la transformación del sector, mientras que las cajas de ahorro desaparecieron como entidades financieras independientes. Algunas de ellas sobrevivieron convertidas en fundaciones bancarias y conservaron participaciones significativas en los bancos resultantes.
Al mismo tiempo, la internacionalización de Santander y BBVA y el crecimiento de los mercados de capitales hicieron que los grandes fondos globales adquirieran posiciones cada vez mayores. Pero la última oleada de operaciones apunta hacia una nueva fórmula.
BPCE en Sabadell. Crédit Agricole y Generali en Cajamar. Santalucía en Unicaja.
Son operaciones diferentes, pero comparten una característica: grupos financieros extranjeros entran en bancos españoles con participaciones minoritarias y las acompañan de acuerdos comerciales o estratégicos.
El objetivo ya no tiene por qué ser comprar el banco entero. Puede ser entrar con un 7%, un 9,9% o un 10%, conseguir presencia institucional, desarrollar productos conjuntamente y participar en el crecimiento de una entidad que mantiene su independencia. Ese cambio explica mejor que cualquier ranking de accionistas cómo ha evolucionado el poder financiero en España. La banca española ya no está dominada por un puñado de familias, pero tampoco está simplemente en manos de BlackRock y otros grandes fondos. Está repartida entre gestoras internacionales, fundaciones bancarias, familias empresarias, grandes fortunas, aseguradoras y bancos europeos.
Y el movimiento de BPCE en Sabadell demuestra que el mapa todavía está lejos de haber quedado definitivamente dibujado.

