El dinero no da la felicidad, pero sí puede comprar un superyate, que viene a ser lo mismo. Entonces, ¿de cuánto dinero estamos hablando? Siendo los superyates la compra pasional por excelencia, ¿no es valorarlos como intentar ponerle precio a una nube?
Es fácil mirar un superyate y asumir que, donde se gasta tanto dinero, el propietario ha perdido la cuenta o ha dejado de importarle. Sea así o no, otros necesitan saber cuánto vale un superyate. No el coste de construcción. No la oferta inicial de un corredor de yates. Su valor intrínseco actual.
¿Quién quiere saberlo?
Las aseguradoras de superyates necesitan saberlo. Con precisión. Las pólizas pueden ser por valor acordado o por «suma asegurada». En este último caso, se trata de un límite de responsabilidad, y el valor real solo se tiene en cuenta cuando se produce el siniestro. En el caso emblemático del Thor II, el propietario creyó que consignar una suma asegurada de 1,5 millones de dólares en el condicionado de la póliza equivalía a una valoración acordada. El tribunal sostuvo que los aseguradores solo debían responder por el valor de mercado real de la embarcación en el momento del siniestro: unos exiguos 800.000 dólares.
¿Y qué ocurre cuando el valor está acordado, pero el propietario facilita una cifra deliberadamente demasiado optimista? Tampoco acaba bien. En el célebre caso Galatea, de 2015, el propietario de un yate a motor Riva 115 lo aseguró por un valor acordado de 13 millones de euros, a pesar de disponer de valoraciones de mercado que lo situaban entre 7 y 8 millones. La embarcación quedó destruida por un incendio. El tribunal sostuvo que no haber revelado las valoraciones de mercado más bajas, aunque fuera de manera inocente, constituía una omisión sustancial de información que facultaba a los aseguradores para anular la póliza por completo. El propietario no recibió nada.
Cuanto más vale una embarcación, menos probable es que, como propietario, quiera ver tanto capital inmovilizado. Sabrá cuál sería la rentabilidad si lo invirtiera en alguno de sus negocios. Por eso la financiación tiene sentido. Los bancos quieren cifras auditables y contrastables para justificar su ratio préstamo-valor, que garantice que su préstamo está debidamente cubierto, con valoraciones periódicas para no quedarse con un patrimonio negativo si el mercado se hunde. Las autoridades fiscales también necesitan valoraciones. Y mejor ni hablar de los tribunales de divorcio.
A lo largo de los años, la industria marítima ha ideado varios métodos de valoración. Unos son más útiles que otros.

Valoración por ventas comparables
Igual que haría cualquiera al comprar un coche usado, este método compara el yate objeto de valoración con embarcaciones similares que se encuentran actualmente en el mercado, ajustando por tamaño, antigüedad y astillero. Se prefiere el arqueo bruto (GT) a la eslora total (LOA), porque el volumen representa el espacio habitable realmente utilizable. Aunque la eslora es la medida más visible, puede resultar engañosa.
Pero el precio de salida, por supuesto, no es el valor. Las cifras de acceso público consisten casi en su totalidad en precios de salida anunciados, que pueden ser realistas u optimistas. Vaya usted a saber.
En el juicio del Galatea, el juez desmontó el análisis comparativo del perito tasador porque este había seleccionado los datos a conveniencia: excluyó de forma arbitraria un anuncio comparable de un Riva de precio elevado, no efectuó ajustes monetarios por la calidad superior del astillero y calculó su descuento de mercado a partir de ventas forzosas de bancos en situación de apuro.
Depreciación anual de tasa fija
Este enfoque parte de un precio de construcción original conocido y supone que, a partir de entonces, el superyate se deprecia a un porcentaje anual fijo durante toda su vida. Un modesto componente matemático da la impresión de un enfoque científico. Sin embargo, tiene que ser el método más perezoso y menos fiable de todos, incluso aunque se conozca el precio original de construcción. Cosa que normalmente no ocurre. En el caso Galatea, el juez rechazó este método y afirmó que no existe una tasa de depreciación típica o esperable.
De hecho, la investigación empírica, calibrada sobre una muestra estadísticamente significativa de anuncios de brokerage, demuestra que la depreciación sigue una curva más o menos predecible, que se desacelera con el tiempo, y no una línea recta. Curiosamente, las cifras muestran que las marcas de gama alta del norte de Europa obtienen una prima que, expresada como porcentaje del precio de nuevo o casi nuevo, es permanente: no se erosiona con la edad.

Regresión hedónica
Este modelo descompone el bien que se quiere valorar en sus características constitutivas (tamaño, año, reputación del astillero, etc.) y asigna a cada una un valor negativo o positivo. Una vez introducidas todas las variables en la ecuación, se puede obtener un valor.
La regresión es brillante porque garantiza que se tienen en cuenta todos los factores clave que influyen en el valor. Pero no es infalible. Los modelos de regresión miden lo bien que un modelo ordena las embarcaciones dentro de una flota; no ofrecen una precisión exacta para un casco concreto. No recogen el estado actual ni el alcance o la calidad de las reformas. Tampoco reflejan una negociación específica. Y el modelo funciona peor con características menos habituales, como los veleros. Su principal punto débil es que solo es tan bueno como la información utilizada para obtener cada elemento, y para eso no hay sustituto de la información sobre precios reales de venta.
En resumen
Valorar un superyate no es una ciencia abstracta. Las valoraciones deben basarse en la realidad: los atributos y el estado reales de la embarcación, en el contexto de precios de venta reales comparables. Son predicciones, no precios. Y un superyate vale lo que alguien esté dispuesto a pagar realmente por él, no lo que el propietario espera, no lo que el corredor susurra y no lo que mejor queda en el condicionado de una póliza.
Este artículo no ofrece ni sustituye el asesoramiento jurídico.

