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Diario de a bordo: capítulo 33 | «Rumbo a Madagascar: mi travesía desde Mayotte», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

A las 05:30 h estoy en pie y me preparo el café. Hoy zarpo hacia Madagascar. Desde Mayotte hay unas 220 millas, rumbo sureste. La mañana es calmada y el cielo está muy despejado; solo en el horizonte hay alguna nube. Recojo un poco el interior del Sofía y levo el ancla. A las 06:30 h ya estoy navegando a motor hacia la salida del arrecife. El viento sigue sin aparecer. Un par de delfines pequeños dan una vuelta tímida al Sofía y desaparecen. Mayotte se despide.

En cuanto salgo del sotavento de la isla, el viento aumenta e izo la mayor y el génova. Hay 14 nudos de viento, suficientes para poder apagar el motor. Primero haremos un rumbo sur para ir a buscar la corriente a favor y luego rumbo a Madagascar. Durante todo el día se mantiene esta brisa y ganamos millas a buen ritmo. Hace muy buen día y aprovecho para comer en cubierta verduras con pasta que me preparé ayer. Empieza a atardecer sobre las 17:30 y el cielo se tiñe de naranja. Me quedo en cubierta hasta ver al sol esconderse detrás del horizonte. A la vez que va oscureciendo, el viento va disminuyendo hasta quedarse en 3 nudos. Arrío velas y enciendo el motor.

La noche sigue igual de despejada que durante todo el día. No hay luna y las estrellas brillan con fuerza. A pesar de estar todo tranquilo, no puedo dormir y esta primera noche no descanso nada. A medianoche me desvelo y me tomo una taza de avena con chocolate. Salgo a cubierta un rato, intento leer, pero me entra el sueño. Me estiro en la litera para intentar dormir y me vuelvo a desvelar.

A las 07:00 h del segundo día sube el viento hasta los 18-20 nudos. Izo de nuevo las velas y apago el motor. ¡Qué gusto dejar de escuchar el ruido del motor! La corriente está a favor y el Sofía ciñe rumbo a Baly Bay, Madagascar. Si todo va bien, deberíamos llegar mañana por la mañana. La ola se ha levantado bastante y se ha desordenado. La vida a bordo es muy difícil; me recuerda a la travesía Seychelles-Mayotte. Viviendo en un plano inclinado 30 grados. Como lo mismo que ayer y, esta vez, en la cabina. Las olas barren cubierta y alguna que otra quiere entrar en el interior de la cabina. Para impedirlo, tengo que cerrar el acceso principal.

Desayuno en la mesa de cartas y me tumbo un rato a intentar descansar. Ahora me resulta mucho más fácil caer dormido durante un rato. Qué gusto dormir navegando a vela. Durante tres horas hago intervalos de sueño de 30 minutos. Me entra el hambre y como más verdura con pasta. Me siento un poco más descansado. El viento sigue en 20 nudos y el mar movido, así que lo mejor es estar sentado en la mesa de cartas o en la litera, tumbado, viendo una serie.

Siguiendo el mismo patrón que ayer, justo al atardecer, el viento se para. Motor encendido. Déjà vu. Otro atardecer de película. Mar en calma. Intento obviar el ruido del motor, pero es complicado. A las 23:00 h, el viento decide aumentar hasta los 17 nudos y me toca salir a trabajar. Suelto escota e izo la mayor; luego despliego el génova y apago el motor.

Miro el cielo, está despejado y me quedo un rato en cubierta. Poco a poco, la visión se va adaptando a la noche oscura y voy viendo más estrellas. Esta noche también duermo poco porque tengo el nerviosismo de que ya me estoy acercando a Madagascar. Solo quedan 40 millas. Pasamos toda la noche navegando a rumbo. Qué gozada.

Sobre las 06:00 h, la corriente se pone en contra y la velocidad del Sofía cae a 3-4 nudos. El viento está muy de proa y decido apoyar con el motor a 1.400 rpm. La velocidad aumenta hasta los 4,5-5 nudos. Madagascar aparece en el horizonte. Sin embargo, quedan las últimas 15 millas, que parecen eternas. Siempre me pasa.

Empiezo a ver veleros de madera de la gente local. Son preciosos. La bahía es muy grande y, poco a poco, voy entrando en su protección. El mar se va calmando; el viento sigue. Esta parte de Madagascar es bastante baja y no tiene mucho sotavento. Arrío el génova y avanzo hasta la zona donde fondeo con la mayor. Dentro de la bahía, la corriente está en contra.

Después de unas horas de navegación muy lenta, dejo caer el ancla en 5 metros de profundidad, en marea baja. El agua es de color marrón porque estoy cerca de la desembocadura de un río. La playa que se ve desde el Sofía es preciosa.

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