Ya llevo dos semanas en Mayotte y siento que acabo de llegar. A bordo, la noción del tiempo se pierde completamente y los días pasan demasiado rápido. Creo que es momento de zarpar. Si estoy demasiado tiempo sin navegar, el cuerpo se acostumbra súper rápido al ritmo de tierra y luego me cuesta recuperar el modo navegación. Las transiciones son incómodas, me da por sobrepensar y la inseguridad está ahí. Es cuando más echo de menos a mis personas. A las horas, o a veces días, recupero el ánimo, me centro y disfruto como casi siempre.
Mayotte ha sido una parada muy necesaria para recuperar energías físicas y para planificar muy bien los siguientes pasos hasta llegar a Sudáfrica. Al canal de Mozambique hay que tratarlo con el debido respeto. He pasado horas leyendo en la cubierta sobre las próximas travesías. Siempre me gusta planificar los próximos movimientos: estudiar la meteo de la zona, trazar la derrota en la carta de papel, planificar fondeos de emergencia… He aprovechado también para hacer largas caminatas por la isla. Por cierto, me tengo que acordar de zarpar con el tanque de agua hasta los topes, porque he visto que el agua en Madagascar, a causa de los ríos, tiene muchos sedimentos y es marrón. No podré encender la potabilizadora para producir agua dulce. Hay que tenerlo en cuenta.
Durante las comidas que hago en cubierta, me quedo mirando las maniobras de los ferris: cómo llegan, descargan coches, cargan coches y se van. La corriente es bastante fuerte y las maniobras no deben ser nada fáciles; sin embargo, no hay fallo, lo tienen bien dominado. Las dos grandes poblaciones de Mayotte están en diferentes islas y el ferry las une. Los escucho hasta altas horas de la madrugada, todos los días de la semana. Sobre las dos de la madrugada, el servicio cesa y se amarran a una boya a unos 350 metros a popa del Sofía.
Aquí los vientos locales siguen un patrón claro. El viento es de unos 10-13 nudos durante todo el día y, al atardecer, se muere hasta los 5 nudos. Durante la noche, el ambiente refresca y duermo sin ventiladores. La dirección es constante del SE. Mayotte, al ser una isla rodeada de un arrecife, tiene una marea notable, de unos 2-3 metros. Cuando la laguna interior se vacía, la marea baja, y cuando se llena, la marea sube. La corriente es fuerte y todos los barcos de la zona bornean a su compás.
Empiezo a alejarme del clima tropical, de los vientos alisios y me acerco a latitudes en las que hay que navegar entre sistemas que se forman en el sur. Hay que calcular muy bien las ventanas buenas de tiempo para aprovechar y avanzar millas hacia el sur. Estoy nervioso y, a la vez, tengo ganas de navegar en este clima. Es muy diferente a los vientos de los trópicos y la estrategia juega un papel muy importante. La predicción cambia constantemente y tener fondeos de resguardo, en caso necesario, es vital. Ah, y al salir de los trópicos, ya no tendré la excusa de «trabajar a ritmo tropical».
Mi misión fallida aquí, en Mayotte, han sido las bombonas de gas para cocinar. Pensé que, al ser dependiente de Francia, podría rellenarlas; son de origen francés. Resulta que no utilizan el mismo sistema y me tendré que conformar con lo que me queda a bordo. Hasta llegar a Sudáfrica no tendré la posibilidad de volver a intentarlo. Por estas cosas, echo de menos las facilidades que tenemos cuando vivimos en tierra. La logística también forma parte de la navegación oceánica.
La última vez que las rellené fue en un pueblo remoto de Malasia que, contra todo pronóstico, aceptaron hacer el trabajo. Fue a cielo abierto: roscaron un regulador casero a mis botellas y, mediante una manguera conectada del regulador a otra botella de origen malayo, empezaron a llenar todas mis botellas. Por 3 euros por botella, volvía a tener gas para cocinar para los próximos seis meses. Este tipo de victorias te suben la moral, porque llegar al poblado no fue nada fácil.
A principios de la semana que viene zarparé hacia Madagascar y voy a dejar a son de mar al Sofía. Únicamente tengo que ir a comprar diésel, poner una última lavadora y comprar algo de comida fresca. Mi retiro en Mayotte llega a su fin. Siento que es momento de zarpar, pero otra parte de mí se quedaría unas semanas más viviendo este retiro. Madagascar está en la proa del Sofía.

