Baleares

Entrevista a Lio Malca: «Ninguna tecnología ha cambiado mi forma de mirar el arte»

El afamado coleccionista afincado en Ibiza reflexiona sobre el valor del arte contemporáneo y el posible impacto de la IA sobre el mismo.

@ena

Lio Malca es un afamado coleccionista de arte contemporáneo y pensador surrealista que cuenta con galerías en Nueva York (60 White), la Fundación de Arte Contemporáneo La Nave Salinas (Ibiza) y Casa Malca, en Tulum (México). Es además una gran descubridor de artistas como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Kenny Scharf, KAWS, Marco Brambilla y otros actuales pintores de renombre. Malca ha presentado durante los últimos once años (desde 2015) grandes y exitosas exposiciones en la Nave de Salines de Ibiza de artistas como los reseñados, Pedro Pedro, Spencer Lewis, Mai Blanco, Jonny Niesche, Eva Beresin, Rafa Macarrón o Bill Viola. Su espíritu vanguardista, su conocimiento del relato del artista y su visión futura del mercado del arte le han convertido en un visionario promotor de proyectos curatoriales contemporáneos. 

¿Cómo se hizo galerista?

Nunca fue un plan. Empecé coleccionando ediciones, pero muy pronto descubrí que lo que realmente me apasionaba eran las obras originales y las historias de quienes las creaban. Esa curiosidad me llevó a abrir una galería en un sexto piso del Soho. Las ventas eran parte del camino; lo que realmente me movía era descubrir artistas, aprender de ellos y seguir alimentando esa curiosidad.

¿Qué es el arte para usted?

De niño me fascinaba la magia. Con el tiempo entendí que nunca la había dejado; simplemente había cambiado de escenario. Para mí, el arte sigue siendo esa capacidad de provocar asombro, de hacernos mirar las cosas de otra manera y de descubrir algo que siempre estuvo ahí y no habíamos visto. Nunca dejé la magia. Solo cambié el escenario.

¿Su visión del arte ha cambiado con la irrupción de las nuevas tecnologías?

Las herramientas siempre han cambiado. Lo que nunca cambia es la emoción que una obra es capaz de despertar. Hasta ahora ninguna tecnología ha cambiado mi forma de mirar, pero nunca descarto que pueda ocurrir. La curiosidad también consiste en estar dispuesto a sorprenderse.

¿Qué busca en un artista? ¿Valora a los artistas emergentes igual que a los consagrados?

Siempre intento sentir una obra antes de entenderla. Nunca he hecho una distinción entre artistas emergentes y consagrados. No elijo artistas porque se parezcan entre sí. Los elijo porque todos tienen una voz propia y algo verdadero que decir. El artista inicia la conversación, la obra es el lenguaje y nosotros somos los interlocutores.

¿Qué papel juega el dinero en el arte actual?

El dinero es muy importante porque permite que los artistas puedan subsistir y seguir creando. Ellos son el origen de todo este ecosistema. Sin personas que crean en su trabajo y quieran convivir con sus obras, sería muy difícil que pudieran dedicarse plenamente a crear.

¿El arte contemporáneo, en particular, sigue siendo un refugio para blanquear o invertir dinero?

No me gusta generalizar. Siempre puede haber personas que hagan un mal uso de cualquier actividad, y el arte no es la excepción. Pero reducir el mundo del arte a eso sería un error. Una obra puede convertirse en una buena inversión, pero la verdadera diferencia está en por qué la compras. Si la compras porque conectas con ella, porque te emociona y porque crees en el artista, el valor económico pasa a ser una consecuencia, no el motivo.

Lio Malca en una de las exposiciones que ha presentado en Ibiza.

¿Cómo se sustenta un proyecto como La Nave Salinas durante más de una década?

La Nave se sostiene gracias al compromiso y a la convicción de que vale la pena seguir haciéndolo. Nació por una pasión enorme por los artistas y por el deseo de ofrecerles un espacio único para mostrar su obra. Once años después seguimos con la misma ilusión y el mismo compromiso. Cada exposición representa un reto enorme, pero también una oportunidad de devolverles a los artistas una parte de todo lo que me han dado.

Vive entre Nueva York, Ibiza y Tulum. ¿Qué encuentra en estos lugares icónicos y totalmente dispares? ¿Existe una conexión entre ellos?

La conexión es precisamente la desconexión. Nueva York, para mí, es un lugar de transición por donde todo lo que me interesa, de una forma u otra, termina pasando. Tiene una energía que atrae a muchos y ahuyenta a otros. A mí me encanta y, cuando estoy lejos, siento que me reclama. De Ibiza escuché una vez una descripción que siempre me pareció muy apropiada: es la colección más grande de ovejas negras que con el tiempo se convirtieron en cisnes blancos. Hoy muchos de ellos son grandes amigos. Tulum fue muy fácil escogerlo como una de mis anclas. Cuando llegué en 2012 sentí algo parecido a lanzarme a un río con mucha corriente: una energía que te arrastra y te obliga a explorar. Allí pude profundizar en algo que me interesaba mucho: crear un híbrido entre el mundo del arte y la hospitalidad. Alquimia pura. No creo que haya sido casualidad que los mayas escogieran un lugar así para construir una ciudad tan importante.

¿La IA está cambiando las formas del arte?

Todavía no he visto nada que me haga pensar que la inteligencia artificial haya cambiado profundamente el arte, pero puede estar a la vuelta de la esquina. La innovación nunca me ha impresionado por sí sola. Lo que me impresiona es cuando una nueva herramienta consigue producir una emoción que antes no existía. 

Exposición de Kenny Scharf en La Nave Salinas.

La Nave lleva once años de exposiciones de éxito. ¿Soñó al principio con la importancia que ha adquirido esta galería y su proyecto artístico en la cultura local y global?

Siempre he dicho que soñar no cuesta nada, así que prefiero soñar en grande y muy despierto. Muchos de esos sueños se han hecho realidad, pero hay dos que para mí son especialmente importantes. El primero, que La Nave pueda ser un trampolín para los artistas que mostramos, que les ayude a dar un salto internacional y que museos e instituciones puedan descubrirlos e incorporarlos algún día a sus programas. El segundo son los talleres que hacemos con los niños. Si lo que alguno de esos niños ve en La Nave despierta algo en él que algún día lo lleve a descubrir su propia vocación por el arte, para mí sería un regalo enorme.

En un mundo convulso como el actual, ¿es más difícil vender arte?

Mi esfuerzo por vender arte es mucho menor que mi deseo de que los coleccionistas quieran comprarme esa obra que con tanto gusto escogí. Para mí hay una diferencia enorme entre vender una obra y lograr que alguien realmente quiera tenerla. Hoy hay mucha más gente interesada en coleccionar, pero también hay muchos más artistas. Lo que sigue siendo escaso es la calidad, esa obra que realmente me mueve el piso.

¿En qué sueña actualmente Lío Malca?

Sueño con seguir teniendo la ambición y las ganas de descubrir, aprender y compartir todo eso que todavía consigue hacerme vibrar. Y, sobre todo, con no perder nunca la capacidad de sorprenderme. Mi mayor sueño no es encontrar la próxima gran obra. Es no perder nunca la curiosidad ni la mirada que me permitan reconocerla el día que la tenga enfrente de mí.

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