La inclusión de herramientas de base tecnológica ha permitido mejorar la calidad de vida de las personas, al mismo tiempo que han impulsado numerosos avances en infinitas direcciones para obtener información objetiva de variables de las que antes no éramos ni siquiera conscientes. Entre otros, la detección de ínfimos detalles biométricos que se convierten en indicadores de enfermedades es estadios mucho más tempranos. Se trata de una evolución que, por lo general, se ha ido produciendo de manera gradual en todos los sectores con el paso de los años, con alguna excepción ‘atropellada’. Es el caso de la pandemia y el sector salud, cuando el Covid-19 colocó la vida de las personas en el centro y puso sobre la mesa la necesidad de potenciar avances tecnológicos. Por ejemplo, a través de la combinación la tecnología, automatización de procesos, digitalización, big data y 3D, conseguimos llevar a cabo soluciones que ayudan a los especialistas a evaluar las capacidades y habilidades visuales con una muchísima más precisión y en tiempos mucho más reducidos, que hasta ahora eran impensables de conseguir.

Considero la tecnología como el medio que nos ayuda a prosperar, a ser más competitivos y poder comunicar universalmente todas las mejoras en la atención en salud a las personas, proceso muy difícil de conceptualizar hace años. Imaginad una videollamada cara a cara con un especialista, que está monitorizando el estado de salud a través de un reloj inteligente.

En salud, es importante avanzar en la calidad de los servicios ofertados por el especialista, porque ¿qué es preferible?, ¿una decisión clínica realizada con pocos y subjetivos datos o con información medida, que permita identificar, tempranamente o con mayor precisión, las alteraciones del organismo?

Las ventajas son claras. En primer lugar, permite explorar nuevas áreas que facilitan la labor de los profesionales del sector y, por supuesto, la vida de los pacientes, que pueden encontrar soluciones a viejos problemas que les afectan durante años, sin ser identificados o solucionados. También mejora la precisión, la exhaustividad, la eficacia o la personalización de las herramientas del mundo sanitario y, sobre todo, la experiencia del paciente.

Además, la tecnología permite incidir en otra área de igual o mayor importancia: la detección precoz y la prevención. En esta línea, al igual que ayuda a simplificar e identificar problemas presentes, estos avances permiten a los profesionales anticiparse a la aparición de futuras enfermedades y actuar en los primeros estadios, cuando aún no han aparecido alteraciones importantes.

No obstante, la faceta más prometedora de esta cuestión es la esperanza que genera la tecnología a la sociedad. La inmensa mayoría de las herramientas que han nacido fruto de estos avances cuentan con un amplio margen de mejora y presentan un potencial de evolución que permitiría gestionar y dar solución a enfermedades o problemas irresolubles, a día de hoy. Una visión ilusionante que tenemos del futuro del sector, que alimenta nuestras ganas por seguir investigando, aprendiendo e impulsando los cambios necesarios que mejoren la calidad de vida de las personas.

*Eva García, cofundadora y CEO de Wivi Vision.