Ferran Torres entró al campo en el minuto 62 de la final del Mundial 2026, sustituyendo a Mikel Oyarzabal. Nadie podía imaginar entonces que ese cambio terminaría reescribiendo la historia del fútbol español. Con el marcador todavía a cero tras ciento seis minutos de máxima tensión ante Argentina, y con Enzo Fernández ya expulsado por doble amarilla, el delantero del Barcelona conectó un centro-pase de Nico Williams y definió con potencia para batir a Emiliano «Dibu» Martínez. Gol, título y segunda estrella para España, dieciséis años después de Sudáfrica 2010.
No fue casualidad ni un golpe de suerte aislado. Torres cerró el torneo con 283 minutos repartidos en los ocho partidos de España, siempre entrando desde el banquillo salvo en el estreno ante Cabo Verde, y aportó un gol y una asistencia antes de firmar el tanto más importante de toda su carrera: el número 25 con la camiseta de la selección, en su partido 65 como internacional.
Fue, además, el MVP indiscutible de la final. El «recambio de lujo», como ya se le conocía dentro del vestuario de Luis de la Fuente, apareció exactamente cuando su selección más lo necesitaba.
El otro terreno de juego: el ladrillo
Lo que pocos aficionados conocen es que, fuera de los estadios, Ferran Torres lleva tiempo firmando otro tipo de goles, mucho menos vistosos pero igual de rentables. A sus 26 años, el delantero valenciano ha construido en paralelo a su carrera deportiva un pequeño imperio empresarial centrado, sobre todo, en el sector inmobiliario.
El vehículo de esa fortuna se llama Eleven Future Invest S.L., una sociedad de inversión que el propio futbolista fundó y que gestiona junto a su hermana, Arantxa Torres. Lejos de las inversiones de alto riesgo que suelen tentar a otros futbolistas de su generación, Torres ha optado por el valor más clásico y menos volátil: el ladrillo. Su cartera acumula ya cerca de 20 propiedades, repartidas estratégicamente entre la Comunidad Valenciana y Cataluña, las dos regiones que han marcado su carrera futbolística, primero en el Valencia CF y después en el FC Barcelona.
Según las últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil, Eleven Future Invest S.L. cuenta con un patrimonio neto superior a los 6,5 millones de euros. El modelo de negocio no se limita a acumular ladrillos sin más: la sociedad compra, reforma, vende y alquila inmuebles de forma activa, generando un flujo de ingresos recurrente que funciona con independencia de su sueldo como futbolista o de sus contratos de patrocinio.
De la inversión inmobiliaria a la tecnología sanitaria
El instinto inversor de Torres no se ha quedado en los pisos. El delantero también ha entrado como socio en iNuba, una startup española de salud tecnológica especializada en inteligencia artificial aplicada a la nutrición y al escaneo corporal en 3D, un sector completamente distinto al inmobiliario y que muestra una diversificación poco habitual entre futbolistas de su edad.
A eso se suma una vertiente más social de su actividad fuera del campo: el Campus Ferran Torres, un proyecto de formación futbolística de base y alto rendimiento en Foios, su localidad natal, pensado específicamente para ayudar a menores en riesgo de exclusión social.
Un delantero que también sabe leer el terreno fuera del área
La combinación no es habitual: un futbolista que decide una final de Mundial desde el banquillo y que, al mismo tiempo, ha construido en silencio una estructura empresarial diversificada, rentable y gestionada en familia. Mientras el «Tiburón» sigue mordiendo en el momento justo sobre el césped, su hermana y él llevan años demostrando que esa misma capacidad de aparecer donde nadie lo espera también funciona, y muy bien, fuera de los terrenos de juego.

