El Furoshiki es un arte tradicional japonés que consiste en utilizar una pieza de tela cuadrada para envolver regalos. Una fórmula sencilla, estética y ecológica de transportar y proteger objetos, que demuestra que el embalaje puede ser tan importante como su contenido. Durante las últimas décadas, el consumo de todo tipo de productos en los países desarrollados se ha visto envuelto en plástico. Desde las bolsas y guantes para pesar la fruta en el supermercado hasta los envases de bebidas, comida preparada o productos de higiene y limpieza. Prácticamente cualquier producto de consumo podía contenerse en este material versátil, cómodo y barato, que con el tiempo ha producido desastrosas consecuencias para el medio ambiente.

Un estudio publicado por la OCU, en colaboración con el Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social, afirma que el 73,5% de los españoles ya toma decisiones de consumo basadas en razones éticas o de sostenibilidad, y un 62% cree que su consumo es una herramienta potente para cambiar el mundo. Tal vez el reinado del plástico esté llegando a su fin porque muchos consumidores ya están concienciados, y demandan a las empresas soluciones de embalaje alternativas. Algunas ya están utilizando envases fabricados con materiales novedosos como pulpa de maíz o caña de azúcar, y otras siguen conteniendo sus productos en materiales tradicionalmente ecológicos como el cartón o el vidrio.

El papel del cartón

Ramiro Ortiz, managing director del fabricante (de origen sueco) de envases de cartón para la industria alimentaria Tetra Pak Iberia, afirma que desde su empresa se están llevando a cabo diferentes medidas para impulsar su agenda de sostenibilidad, con un enfoque claro en los recursos. “La ambición que nos impulsa es hacer que nuestros paquetes se fabriquen únicamente a partir de materiales creados a base de plantas o con productos reciclados, reciclables y adecuados, que encajen en una economía circular baja en carbono, que no comprometa nunca los requisitos exigidos en seguridad alimentaria”. Además, se han comprometido a reducir las emisiones directas de gases de efecto invernadero (GEI) en un 42% para 2030 y en un 58% para 2040. “Los objetivos, aprobados por la iniciativa Science Based Target (SBT), actuarán como punto de referencia medible externo para hacer crecer nuestro negocio sin aumentar las emisiones de carbono. También nos permitirán demostrar nuestros compromisos climáticos de manera transparente”, comenta el directivo.

Vidrio y energía

La evolución y la transformación hacia una economía circular tienen que pasar necesariamente por la colaboración, ya que lo que unos descartan puede ser útil para otros. Este es el caso de Verallia, empresa productora de envases de vidrio para alimentación y bebidas, que lleva casi 200 años trabajando con un material infinitivamente reciclable. Elena Andía, directora de Marketing y Comunicación externa en España, comenta: “El año pasado invertimos junto a Mahou San Miguel en un proyecto para impulsar la eficiencia energética en nuestras fábricas de Burgos con una inversión de dos millones de euros. Este proyecto busca aprovechar la energía residual que se genera en la fundición del vidrio, para emplearla en el proceso de elaboración de la cerveza en sustitución del gas natural, y reducir así el consumo del mismo y las emisiones de CO2 a la atmósfera. Por su parte, Verallia logrará disminuir un 40% la temperatura de la energía residual generada en el proceso de fundición del vidrio”.

Como consumidores podemos colaborar reciclando, ya que Elena recuerda que en Verallia utilizan el 50% de vidrio reciclado (calcín o casco de vidrio) en sus producciones en toda España. “La industria del envase de vidrio, gracias a su reciclado integral, cierra el ciclo productivo y puede considerarse paradigmática dentro del modelo de economía circular. Trabajamos para aligerar los envases y ayudar así a productores y distribuidores a conseguir ahorrar en costes y producción sostenible. Como resultado, las botellas de vidrio son hasta un 30% más ligeras que hace 20 años. Nuestro objetivo es seguir innovando para ofrecer envases cada vez más sostenibles”.

La carne, en bandeja

En La Finca llevan 20 años en el mercado de la carne de vacuno y comprometidos con el bienestar animal y el entorno. Su director general, Álvaro Jiménez Barbero, explica que “garantizar una buena vida al ganado y proteger el entorno son condiciones indispensables para asegurar un producto saludable y de la mejor calidad posible, que por supuesto deje la menor huella posible en nuestro entorno“. En este sentido, detalla, “La Finca ha incorporado tecnología de última generación para crear nuevos formatos y envases que den respuesta a las nuevas necesidades de consumo. Como un revolucionario sistema de trazabilidad que permite conocer, partiendo de una bandeja de carne, la procedencia, alimentación y el control sanitario del animal al que corresponde y mejorar así los resultados en cada producción. El último paso en este sentido ha sido sustituir las habituales bandejas de plástico por unas compostables, hechas a base de pulpa de celulosa con certificado FSC. Este cambio ha exigido una gran inversión en tiempo y recursos hasta encontrar el material adecuado para poder contener carne fresca, ya que no vale cualquiera”.

Restauración take away

Guillermo Fuente es cofundador de Aloha Poké, un restaurante donde sirven poké, un plato tradicional hawaiano a base de arroz, verdura y pescado, que se sirve en un cuenco o bowl. Desde el principio quisieron ser responsables con el medio ambiente y apostaron por marcas como Auara, el agua embotellada social y sostenible. “El año pasado sustituimos todos nuestros bowls de plástico por otros de material PLA y este año hemos cambiado los que usábamos en los locales por unos reutilizables de melanina. También cerramos un acuerdo con Too Good To Go para conseguir el objetivo Zero Waste”. El PLA que utiliza Aloha Poké “es un material sostenible e innovador que no usa derivados del petróleo entre sus compuestos, sino que se genera mediante una polimeración del ácido láctico procedente de la fermentación de azúcares derivados de residuos vegetales. A diferencia de otros materiales, no desprende olores incómodos, por lo que es ideal para uso gastronómico”.