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Todo sobre el cuadro marinero que va a subastar la baronesa Thyssen por unos 20 millones

Carmen Thyssen saca a subasta el 18 de noviembre en Sotheby’s un Hopper, artista que adoraba navegar, de 1944. El precio estimado oscila entre 17,9 y 26,8 millones de euros.

El cuadro El «Martha McKeen» de Wellfleet y Carmen Cervera. FOTOS: Sotheby’s / Getty Images

Muchos medios españoles se han hecho eco de una noticia un tanto inesperada: la baronesa Carmen Thyssen va a sacar a subasta una de las joyas de su colección privada: El Martha McKeen de Wellfleet se pondrá a la venta el próximo 18 de noviembre en Sotheby’s Nueva York. La estimación de la casa es que el precio de venta se sitúe entre 20 y 30 millones de dólares (entre 17,9 y 26,8 millones de euros). ¿Qué tiene de especial este lienzo para alcanzar semejante precio?

Cuando se piensa en Edward Hopper (Nyack, 1882 – Nueva York, 1967), vienen a la mente calles desiertas, habitaciones de hotel y figuras solitarias. El óleo de Carmen Cervera rompe con ese cliché: es un velero bajo el sol de una mañana de agosto en Cape Cod, y esa rareza explica buena parte de su interés.

Un Hopper luminoso, lejos de la melancolía urbana

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, subrayaba en 2015 en Expansión que estamos tan fascinados por el Hopper de la desolación urbana (su Hotel Room, obra maestra del museo, responde a ese estereotipo) que casi resulta inconcebible que pintara un velero en un radiante día de verano. Y sin embargo la navegación era para él una pasión comparable a la que le provocaba el arte: según Solana, «navegar le apasionaba tanto como pintar, o quizá más».

Edward Hopper, The Martha McKeen of Wellfleet. FOTO: Sothebys.com

La obra (óleo sobre lienzo de 81,5 x 127,5 cm, firmado en el ángulo inferior derecho) es, según el informe de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, «impresionante»: fuertes tonalidades de azul que contrastan con las velas blancas y el banco de arena, una luz solar que dramatiza toda la composición y gaviotas que proyectan sombras azules. La acción aparece congelada en el tiempo, pero Hopper capta, en palabras de la historiadora Gail Levin, la enorme fuerza del mar y la armonía momentánea del hombre con él.

La pasión de un pintor por los barcos

Hopper dibujaba veleros de niño en Nyack, puerto del Hudson con industria de astilleros en aquella época, y de adolescente construyó un laúd. La primera pintura que vendió, Navegando, fue además la única obra que exhibió en el famoso Armory Show de 1913 en Nueva York. Después llegaron óleos marinos como Bordada larga (1935), Mar de fondo (1939) y Costa de sotavento (1941), de los que El Martha McKeen de Wellfleet es el sucesor.

Su mujer, Josephine Nivison (Jo), le había obligado a dejar de navegar en solitario por considerarlo demasiado peligroso. Así que Hopper salía con Martha y Reggie McKeen, de Wellfleet, una pareja mucho más joven, y de esas travesías nacieron este cuadro y otros de tema náutico. Con ellos navegó el 12 de agosto de 1944, «buscando la inspiración al mismo tiempo que el placer», según recoge Solana de la biografía de Levin.

Un título con valor sentimental

El balandro del cuadro, un barquito sencillo de un palo y dos velas (cangreja y foque), no existía con ese nombre. Cuando un editor le propuso cambiar el título, Hopper se negó: «La joven por la que está nombrado el cuadro nos ha llevado a navegar tantas veces en el puerto de Wellfleet que el título tiene un valor sentimental para nosotros y también para Martha McKeen». Y añadía que, que él supiera, no había ninguna embarcación con ese nombre: «La nombramos por nuestra amiga».

Gaviotas, un timonel y una obra de «ideas»

Jo anotó que durante una visita a Provincetown, donde estudiaban las gaviotas en una pescadería del muelle, las aves se alineaban mirando todas en sentido opuesto al viento. Así aparecen en el lienzo, formando un friso decorativo. A ese cuadro le puso un subtítulo cómico: Donde se llenan el buche las gaviotas. A bordo hay dos hombres sentados, uno de ellos al timón, y Jo pensaba que podía ser el propio Hopper. El único boceto preparatorio que se conserva muestra que el pintor pensó primero en una sola figura de pie junto al mástil.

La obra le costó. Empezó en agosto de 1944, la dejó aparcada el 12 de septiembre sin terminar y no la concluyó hasta diciembre, ya de vuelta en Nueva York. El 8 de septiembre, según Solana, explicó a Jo que avanzaba despacio porque el cuadro no pintaba hechos (fact), sino ideas (thought).

Una de las joyas de la baronesa

Según Vanitatis, la baronesa, de 83 años, se desprende de una obra con «connotaciones sentimentales» por un motivo que «nada tiene que ver con su estado de salud». El Español, en cambio, lo enmarca en su intención de convertir en liquidez parte de su patrimonio, tras alquilar este verano su velero Mata Mua por 50.000 euros a la semana.

La obra figura en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza con la siguiente procedencia: Frank K. M. Rehn Gallery (Nueva York), Harold Harris (Ellenville, Nueva York), Kennedy Galleries (Nueva York) y Thyssen-Bornemisza Collection (Lugano), a la que llegó en 1980. En 2015, Expansión la citaba como una de las cuatro obras de Hopper que habitualmente se podían ver en el Museo Thyssen, y ese verano estuvo cedida al museo Carmen Thyssen de Málaga para la exposición Días de verano. De Sorolla a Hopper.

El enlace para registrarse en la subasta es el siguiente: Sothebys.com

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