Cuando Marta y Marilia, de Ella Baila Sola, decidieron separarse, Twitter aún no había llegado a España. Tampoco Facebook. Y, por supuesto, ni Instagram, Twitch o las que se quedaron por el camino. Cuesta creerlo, pero si las redes sociales fueran personas, todavía serían adolescentes con pelo nido usando Roacután. Pero todavía era 2001, aún Rockola emitía en Los 40TV, y las separaciones se hacían vía comunicado a través del agente. Seguían siendo tiempos de Blanco y Negro Mix y de Tang. Pero, sobre todo, eran años de rumorología no confirmada, de mitos que, sin las redes sociales, corrían como el teléfono estropeado. Hoy se difunden bulos a la velocidad de la luz; hace un par de décadas se construían historietas que volaban poco a poco por el imaginario colectivo. Ella Baila Sola fueron las últimas mohicanas de una época que con las redes sociales habría sido totalmente distinta.

Cuando se separaron, todavía muchos pensaban que era verdad que una chica holandesa que salió en el “Sorpresa, Sorpresa” tulipán tenía un perro llamado Ricky. O que Marilyn Manson se quitó varias costillas por un bien superior, aunque quizá algo individualista. Si hoy se extendiese cualquiera de estos rumores, esperaríamos encontrarnos cortes del programa en el que sucedió en las redes sociales o que el estupendo cantante norteamericano lo desmintiese. Pero antes no era así y, seguramente, sería muy raro lanzar un comunicado a medios para eso. La ausencia de canales de expresión individual y rápida hacía que los mitos se construyesen a fuego lento. Mitos como los que acompañaron a Marta y Marilia, nuestras Liam y Noel Gallagher particulares, a lo largo de su carrera. Supuestas peleas en los escenarios, problemas de amores comunes… Se escuchó de todo, pero no quedó constancia de nada.

Y, a la postre, quizá eso haya hecho todo un poco más fácil. No hay gestos, vídeos o frases sacadas de contexto de aquella época. Ambas cantantes, cuyas voces empastaban a la perfección, como si estuviesen inspiradas por Simon & Garfunkel (exageración que como fan me permito hacer), anunciaron la semana pasada que volvían a juntarse para una gira de reencuentro. No hay mal que cien años dure, que dice la sabiduría popular. El regreso del dúo, que habría sido imposible si hubiera registro popular de todo lo que pasó, es una estupenda noticia para aquellos que pensamos que hay un momento en el que, quizá no perdonemos, pero terminamos por sacar de nosotros el rencor que nos paraliza. Como decía su canción: “Será que la rutina ha sido más fuerte”.

Hace no tanto, era mucho más fácil que esas rutinas llegasen; no se veían tan sobresaltadas por cortes de vídeo interesados, conjeturas multiplicadas por hashtags o ‘me gustas’ que se toman por una opinión reposada. Marta y Marilia se encontrarán un escenario totalmente distinto al que dejaron, pero a mí me han abierto una puerta a la ilusión: muchos reencuentros imposibles pueden terminar por producirse. Hasta hace sólo una semana que volviese Ella Baila Sola era más que improbable. Los que albergamos el deseo de que grupos como Oasis vuelvan a encontrarse hoy somos un poco más optimistas. Más difícil era que los sapos bailasen flamenco.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.