Opinión Marina Specht

Gamechangers | «El espacio lo va a cambiar todo. Y no somos conscientes de que necesitamos una estrategia espacial»

Acaba de cerrar una ronda de 180 millones de euros con Mitsubishi Electric a la cabeza y tiene el primer lanzador orbital privado español a punto de volar desde Guayana Francesa. Hablamos con Ezequiel Sánchez, el hombre que está convirtiendo Elche en un epicentro de la nueva economía del espacio.

Hay una forma de reconocer a alguien que lleva años en una industria difícil: no se pone nervioso cuando le haces las preguntas incómodas. Ezequiel Sánchez, presidente ejecutivo de PLD Space, contesta con la misma calma y precisión si le preguntas por la dificultad de competir con el gigante SpaceX o por si PLD acabará haciendo negocio en defensa. La respuesta, en ambos casos, es honesta y directa.

Nos vemos en Forbes House pocos días después de que PLD Space haya cerrado la mayor ronda de financiación de su historia: 180 millones de euros liderados por Mitsubishi Electric, que no solo entra como inversor, sino como cliente. La japonesa ha firmado un contrato para lanzar sus satélites con el cohete Miura 5 en Japón y en Asia. El total de financiación acumulada por la empresa ilicitana supera ya los 350 millones de euros. No está mal para una compañía nacida en 2011 en Elche, una ciudad que durante décadas fue sinónimo de calzado.

Sánchez llegó a PLD Space en 2019. Venía de gestionar una unidad de más de 1.000 millones de dólares en Inditex, de hacer venture capital y de dar clase en el IE. Los fundadores, conocidos como los dos Raúles —Torres y Verdú—, le pidieron ayuda. Conoció a uno de ellos en la universidad. Y así, casi sin darse cuenta, terminó al frente de una empresa que construye cohetes.

El taller del fontanero donde empezó todo

La historia de PLD Space tiene algo de fábula industrial. Raúl Torres era biólogo con obsesión por los lanzadores espaciales; Raúl Verdú, ingeniero industrial con pasión por los coches de carreras. Torres le dijo a Verdú: te voy a enseñar algo que corre más que el motorsport. Y en el taller del padre de Torres, que era fontanero, en Elche, empezaron a construir el que sería el primer cohete privado europeo en volar con éxito.

En España no había analistas especializados en este sector, ni inversores, ni talento formado. «Fuimos muy por delante de la ola», recuerda Sánchez sus primeros años en la startup ilicitana. «No existía ese ecosistema.» Durante años, PLD Space tuvo que fabricar sus propios motores y levantar financiación en un mercado que no entendía bien lo que tenía delante. «Cuando no tienes nada, tienes que construirlo todo desde cero.»

En octubre de 2023, el Miura 1 —cohete suborbital demostrador— despegó desde Huelva y España entraba en el club de los diez países con acceso al espacio. La siguiente apuesta es mucho mayor: el Miura 5, lanzador orbital de 35 metros, capaz de poner hasta 500 kilogramos en órbita, con un primer vuelo previsto a partir de junio de 2026 y el plan de alcanzar 30 lanzamientos anuales en 2030. «Ha habido muchas veces en las que hemos estado más cerca de no conseguirlo que de sacarlo adelante», admite Sánchez.

El 7% que condiciona el 93% restante

La industria espacial global mueve unos 800.000 millones de dólares y crece a doble dígito —en torno al 20% anual en su conjunto, con el segmento de transporte al espacio creciendo al 12%. PLD Space opera en ese segmento que representa solo el 7% del total, pero condiciona al 93% restante. «Si no hay acceso al espacio, el resto de la infraestructura y servicios no se puede prestar».

Lo que ha ocurrido en los últimos diez años es lo que Sánchez llama «un tsunami tecnológico»: SpaceX, una compañía que opera un monopolio de facto del lanzamiento comercial con una facturación de 16.000 millones de dólares en 2025 y una valoración que roza el billón y medio de dólares tras su reciente fusión con xAI. Se habla de una posible OPV que podría recaudar hasta 50.000 millones, lo que la convertiría en la mayor salida a bolsa de la historia.

Sánchez matiza: «SpaceX ha hecho unos 170–180 lanzamientos en los últimos 12 meses, pero tres cuartas partes han sido autoconsumo, desplegando su propia red Starlink. Las oportunidades reales para clientes externos son más limitadas.» De ahí la oportunidad para Blue Origin —la empresa aeroespacial de Jeff Bezos— y para las startups europeas y asiáticas que compiten en el mercado de pequeños satélites.

Y hay una variable que lo cambia todo: la geopolítica. «Hay clientes que, por la sensibilidad de la carga o por afinidad geoestratégica, buscan alternativas», dice Sánchez. «O eres un ecosistema, traccionando a muchas empresas a tu alrededor, o estás dentro de uno ajeno.»

China, Trump y el fin del letargo estratégico

China, por su parte, ha desplegado una estrategia de dominio espacial que va mucho más allá de los cohetes: según un análisis reciente de Prague Security Studies, Beijing ha cerrado acuerdos con 125 países en los últimos años para convertirse en el proveedor principal de satélites e infraestructura terrestre para naciones en desarrollo. «China piensa qué es lo que hay que hacer en este siglo, actúa a largo plazo, muy apoyada por el Estado y diversificando el riesgo en varios players», afirma Sánchez. Mientras, Trump ha acelerado el despertar europeo. ¿Ha sido una buena noticia para PLD Space? No duda: «Ha marcado un punto de inflexión en las relaciones internacionales. A los europeos nos han despertado de un letargo estratégico de golpe. Wake up.»

Ezequiel Sánchez y Marina Specht.

PLD Space lleva 14 años en una industria de uso dual: los mismos lanzadores que ponen satélites de comunicaciones en órbita pueden cargar satélites militares. Durante años, ese perfil ahuyentó a inversores con criterios ESG estrictos. Ya no. «Hemos tenido muchos años de viento de morro y ahora lo tenemos de cola. Inversores que antes decían: esta industria es de uso dual, no podemos invertir, ahora están cambiando sus mandatos.» ¿PLD acabará haciendo defensa? «Ahora mismo ya tenemos clientes que son departamentos de defensa de determinados estados a nivel global.» Pero el verdadero reto es otro: «El elefante en la sala —pintado de rosa y con luces de neón— es la verdadera capacidad industrial. Hoy hay muchas expectativas y muy poca capacidad para cubrir esas necesidades.»

El espacio lo va a cambiar todo. Y aún no lo sabemos

Aquí es donde Sánchez para un momento, como si quisiera asegurarse de que lo que va a decir queda bien grabado. «El espacio va a marcar la competitividad entre las naciones en lo que queda de siglo. El mundo digital —incluida la carrera por la inteligencia artificial— ha sido el gamechanger en el primer cuarto de siglo. Ahora entramos en uno o dos cuartos de siglo en los que claramente el espacio va a marcar la competitividad entre naciones.»

Lo que le inquieta es que el mundo aún no ha interiorizado la magnitud del cambio. «Se está abordando esta transformación como en los inicios de Internet, cuando la gente veía la red como una herramienta para enviar correos. El espacio lo va a cambiar todo y no somos conscientes de que necesitamos una estrategia espacial en muchos ámbitos.» Los servicios satelitales que sustituyen infraestructuras terrestres, los data centers orbitales, la computación cuántica… Sánchez los va nombrando con la naturalidad de quien lleva años estudiando el futuro. «Tiene mucho sentido la combinación de inteligencia artificial, infraestructura y comunicaciones en el espacio. Pero esto es como hacer surf: si vas por delante de la ola, no lo pasas bien; si vas muy por detrás, tampoco. La clave es identificar el timing de esa ventana de oportunidad.»

Europa: sobrediagnosticada e infra-ejecutada

¿Dónde queda Europa en este escenario? «Necesitamos una estrategia industrial en tecnologías clave para mantener la soberanía en sectores como el espacial.» El diagnóstico del informe Draghi es correcto, dice Sánchez. El problema es la ejecución: «Lo que estamos haciendo es poner el capital en manos de fondos norteamericanos, que terminan comprando startups de deep tech europeas. El valor se lo damos a gestores internacionales. Hay que despertar.» ¿Tiene Europa capacidad real de competir en una industria espacial dominada por pocos grandes jugadores con fortunas personales billonarias detrás? «Nuestra idea de Europa está sobre-diagnosticada e infra-ejecutada. Cuando Europa se pone con algo —y en política espacial está ocurriendo—, se avanza. Europa ya es un gigante en muchos ámbitos. Lo que nos falta es creérnoslo.»

PLD Space ocupa un lugar privilegiado en ese esfuerzo. La ESA ha seleccionado cinco empresas para su European Launcher Challenge —169 millones de euros en juego—: Isar Aerospace y RFA (Alemania), MaiaSpace (Francia), Orbex (Reino Unido) y PLD Space (España). Hace pocas semanas, Orbex declaró la quiebra. «Muchas compañías del sector han estado a semanas de una situación similar; sabemos que esa complejidad existe», dice Sánchez.

Tres consejos

Hijo de un emprendedor ilicitano del sector del calzado y formado en ESIC, ESCP, MIT y Harvard entre otros, Sanchez reconoce que su verdadera escuela fue Inditex, donde gestionó la unidad de calzado y complementos y aprendió a “construir una organización desde abajo, donde la gente comparta esa visión de crecimiento y donde el límite sea el cielo.» La expresión tiene algo de literal, en su caso.

En PLD Space encontró un proyecto y construyó una empresa: hoy son 460 personas, más de 400 proveedores, la mayoría en España, y una innovación central que lo hizo posible: la integración vertical. Fabricar internamente lo que la industria externalizaba. «No fue una elección; era por falta de alternativas.» Lo que parecía una debilidad resultó ser su mayor ventaja competitiva. ¿Sus consejos para una carrera gamechanger?

  • Walk the talk. «Es importante saber lo que quieres hacer, pero hay que ejecutar. Requiere arremangarse, bajar al barro, conocer la realidad y mantener el equilibrio entre pensar y hacer.»
  • Ambición. «Creer que las cosas se pueden hacer. Si algo me gusta de PLD Space es que ha habido centenares de cosas que ‘no se podían hacer’ y se han hecho.»
  • Equipo. «Liderar es servir: hacer que la gente pueda desarrollar su carrera, que pueda crecer. Colocarte detrás para que otros puedan cumplir ese sueño.»

Ezequiel Sánchez se ha reinventado, dice, dos o tres veces, y le quedan «otras dos o tres». Su sueño más inmediato no es personal sino colectivo: ver a los dos Raúles —el biólogo y el ingeniero que empezaron en el taller del fontanero— completar lo que soñaron cuando aún no había nada. «Son dos personas brillantes, tanto en lo profesional como en lo humano. Lo que han construido desde cero se merece que funcione.»

Detrás de la historia de PLD Space no están solo unos emprendedores brillantes ni una empresa que construye cohetes desde Elche. Lo que está en juego es si seremos capaces, como país y como continente, de pasar de la inspiración a la ejecución en una de las industrias que definirán este siglo. El lanzamiento de Artemis II de la NASA ha vuelto a situar el espacio en el centro de la conversación global, dejando claro que ya no hablamos de promesas lejanas, sino de una infraestructura crítica, decisiva para el futuro.

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