-Hi, Aniston!

+Hi, Pitt!

-How you doing?

+I’m good, honey. How are you doing?

-I’m allright

No es tanto lo que dicen, que podría ser perfectamente una conversación con un compañero de trabajo a la vuelta de unas largas vacaciones, sino quiénes lo dicen, el hecho de que lo digan y, sobre todo, cómo lo dicen. La sonrisa de Morgan Freeman, de las que te salen cuando hay algo manifiestamente bonito, como un bebé riéndose, es reveladora. Jennifer Aniston y Brad Pitt, cuyas idas y venidas no hace falta explicaros, equipo, se encontraron hace unos días en una esperada lectura virtual del guion de la comedia adolescente “Fast times at Ridgmont High” (qué cosas más extrañas se hacen últimamente, ¿verdad?). Sus miradas, la sensación de comodidad, la relajación de sus caras o su postura corporal parecen indicar que el pasado ha sido pisado, que dirían Timón y Pumba, grandes filósofos contemporáneos. Ante todo, la escena nos muestra lo bonito que es pasar página.

Porque no hay mayor lastre para cualquier individuo que el peso del pasado; ni una mochila de piedras, ni un estreñimiento de tres días. Nada. Es curioso cómo de repente un día todo se rompe y uno se llena de rencor. A veces son motivos difícilmente perdonables, seguramente el caso que plantea este texto, pero la mayoría de las ocasiones son pequeñas rencillas, idioteces cotidianas fruto del contacto estrecho, del trabajo o, simplemente, de la edad. Seguramente, os haya pasado a todos. De repente, te ves dejando de hablarte con un compañero, criticando con ferocidad a alguien, distanciándote, fingiendo que no le has visto por la calle. Cuanto mayor es la afrenta, mayor es la separación. Una vez el veneno se cuela adentro, es difícil no sentirlo en las entrañas, como cuando sin querer pegas un trago de Listerine.

Qué difícil es pasar página. A cuántos temores hay que enfrentarse, a cuántos fantasmas del pasado, a cuántos golpes a la autoestima, cuántos muros debemos derribar. Pasar página requiere dosis ingentes de humildad y de honestidad, de comprensión y de empatía. Pero, cuando uno lo logra, empieza de verdad una historia nueva, es el presente el que vuelve a ganar la batalla. Es como cuando en la careta de entrada de “Los Simpson” se separan las nubes y el cielo brilla azul. Hay pocas sensaciones tan reconfortantes como saber que a uno ya no le duele el pasado o que, por lo menos, no le pesa tanto. Las piedras han desaparecido… También el estreñimiento, milagrosamente.

Vuelvo a ver el vídeo de Jennifer Aniston y de Brad Pitt y me doy cuenta de que una de las mejores cosas que tiene pasar página es que uno vuelve a sentirse cómodo en los momentos cotidianos, que son los que de verdad marcan nuestra felicidad. Más allá de las miradas y las sonrisas, lo que ahora me llama la atención es lo que dicen. La primera vez me pareció que el lenguaje no verbal revelaba más que sus palabras. Sin embargo, creo que hay todavía más química en lo que verbalizan: un simple saludo, una pregunta de cortesía y una palabra cariñosa. Porque, realmente, la magia de pasar página quizá sea simplemente poder volver a tener conversaciones banales en las que tu único interés genuino sea saber qué tal está el otro. “Hi Aniston”, “Hi, Pitt”.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.