Al final de nuestros días, personales o profesionales, conviene dejar algo sobre la mesa para los demás. Para las visitas. Para los amigos. Para la familia. Para los aprendices como yo. Para Frank Bennack dejar su experiencia sobre la mesa es importante. Leave something on the table (Dejar algo sobre la mesa, 252 páginas. Simon & Schuster. 28 $), así se titulan las memorias de Frank Bennack que quiere, con este libro, cerrar cinco décadas de éxito rotundo como consejero delegado de Hearst, al servicio del trustee (fideicomisario) de familiares herederos del viejo William Randolf que se hizo inmensamente rico, utilizando la Guerra de Cuba (1895-1989) para vender diarios a las clases populares. Y desde ahí construir un imperio. No cualquier imperio. Un imperio mediático que ha triplicado su tamaño gracias a las habilidades de Mr. Bennack.

En la contraportada del libro, cómo no, las alabanzas de turno. Mi favorita la de Ralph Lauren (80): “Siempre sentí que Frank Bennack sería el presidente ideal para Estados Unidos por su visión única, su liderazgo inspirador y su inquebrantable integridad“. También escriben piropos Robert Iger (69), presidente ejecutivo de Disney, Michael Bloomberg (78) –noveno hombre más rico del mundo–, y William R. Hearst III (70): “Frank Bennack es un gigante en el mundo de los negocios“. No le falta razón. Frank es gigante y grandullón.

Conocí a Bennack hace diez años más o menos, organicé para él y su segunda mujer, la doctora Mary Lake Polan (77), una merendola veraniega en el jardín del Hotel Santo Mauro en una parada de unos días de caza en los montes de Toledo. La segunda vez fui a verle a Nueva York cuando dejé de editar Esquire y Bazaar, quería darle las gracias por la confianza, y me dedicó una hora de conversación, consejos y quizá exageré yo… amistad entre el viejo maestro y al editor aficionado.

El libro se abre con los dos primeros consejos que recibió de su madre. “–Péinate– y siempre voy peinado“, escribe….Y el segundo, “en cuanto tengas edad para conseguir un trabajo busca uno“. Y así lo hizo.

Durante estas décadas Bennack puso su experiencia al servicio no solo de Hearst sino también de la Ralph Lauren Corporation, del Hospital Presbiteriano de Nueva York, fue director general del Metropolitan Opera de Nueva York, presidente emérito del Lincoln Center y presidente del Museo de la Radio y la Televisión, por citar solo algunas. Ni me quiero imaginar la de propuestas para estar en consejos que tuvo que rechazar. En Nueva York durante los noventa se hizo popular un dicho. “Si llaman a Bennack es para pedirle dinero”. En fin, la carrera de un titán que en su libro se pregunta: “¿Puede una compañía dirigida por algoritmos asumir los valores del humanismo?” La respuesta tendremos que encontrarla las nuevas generaciones.

Es imposible “destripar” el libro completo aquí, en tan solo una columna. Para alguien como yo, interesado en la cultura popular y como la reflejan los media el libro, aunque políticamente más que correcto, está lleno de anécdotas y vivencias. Bennack transformó Hearst en una empresa fundada sobre el liderazgo claro de William Randolph con algunos diarios regionales, en una multinacional con intereses en todos los media. En todos. La adquisición del 20% de ESPN por 187 millones de dólares es para muchos el negocio del siglo. Hoy la cadena deportiva está valorada en 30.000 millones de dólares.

Estas son solo algunas de las cosas sobre gestión que he aprendido al leerlo:

  1. El líder de la organización es como un padre o una madre para sus trabajadores. Es tú obligación ayudar a la gente a crecer, si tienes que despedir hazlo pero como último recurso. Recuerda que los fichajes debes hacerlos para traer talento.
  2. Incorporar talento de fuera es necesario pero no es la panacea. De la veintena de ejecutivos que formaban mi staff nueve llegaron de promociones internas, el resto de fichajes.
  3. No trabajé mucho con headhunters. Parte de mi trabajo era conocer a la gente de mi sector. Cuando me interesaba alguien ya daba por hecho sus éxitos profesionales, siempre me interesó más su vida personal, y si estaban involucrados en la vida civil, más allá de su trabajo y su familia.
  4. No basta con mezclar talento propio y reclutar el mejor, tienes que integrar ambos equipos. Recuerdo que organizaba en mi rancho de Tejas encuentros de trabajo y que una vez acabamos todos escuchando a Willie Nelson al que habíamos contratado como sorpresa final.
  5. Mantén la puerta de tu despacho lo más abierta que puedas. Una puerta cerrada es señal de aislamiento. Si vas a despedir a alguien no lo hagas en tu despacho. Ve a su puesto de trabajo y explícaselo. No utilices tu estatus para hacerlo. Ponte a su altura y explícaselo.
  6. Hay que estar informado de lo que pasa en tu empresa, las cosas buenas y las malas. Tienes que respetar la jerarquía pero saber todo lo que pasa. No pretendas que sean los de abajo los que resuelvan los problemas.
  7. Mis hijos explicaban mi trabajo así: “Papá va a reuniones”. Mis favoritas las Friday sessions, donde todos los ejecutivos contaban lo que habían aprendido esa semana. Mi sucesor Steve Swartz continúa haciéndolas y aún estoy invitado.

El libro ya vuela para NY para que Frank me lo dedique. Si tiene a bien. Gracias Mr. Bennack por inyectarle a los negocios un poco de humanidad. Lastima que no se presente a las elecciones.

*Artículo publicado originalmente en El Español