La volatilidad de los mercados en las últimas semanas ha sido muy significativa y ha llevado a los activos de riesgo a descontar que el shock económico que supone el coronavirus no sólo va a ser muy importante sino que además tiene una elevada probabilidad de convertirse en duradero.

Desde MCH Investment Strategies, sin embargo, creemos que hay razones para pensar que, después de un primer semestre del año que sin duda va a ser muy duro para la economía global, lo que podríamos ver en la segunda parte del ejercicio es un rebote macro significativo.

Nuestro relativo optimismo se basa en tres factores fundamentales. El primero, en la capacidad que han mostrado varios países a la hora de controlar los contagios. El segundo, en las medidas adoptadas por las autoridades económicas, tendentes a evitar que los problemas de liquidez que muchas empresas y familias están experimentando se transformen en quiebras innecesarias. El tercero, en el hecho de que los fundamentos subyacentes en los que se apoya la economía global son en nuestra opinión bastante más sólidos de lo que la narrativa dominante ha venido estando dispuesta a admitir.

En cuanto al control del virus, la experiencia de varios países asiáticos (China, Corea, Japón…) es una muestra de que la propagación de la enfermedad (con medidas restrictivas muy duras, eso sí) se puede controlar. En este sentido, y dadas las fuertes medidas de control que se han impuesto posteriormente en casi todo el mundo, la hipótesis de que la pandemia va a poder ser controlada en cuestión de semanas nos parece razonable.

En lo que se refiere a las medidas de corte económico, lo cierto es que las autoridades han venido adoptando medidas muy agresivas para evitar un escenario de interrupción del flujo de crédito a la economía real (credit crunch). Esto es muy importante porque, de producirse ese credit crunch, asistiríamos a quiebras generalizadas de empresas y, entonces sí, el coronavirus tendría la capacidad de convertirse en un shock económico duradero. Los bancos centrales han aprobado inyecciones masivas de liquidez y han comprado activos con el objetivo explícito de mantener los spread de crédito bajo control. El BCE, incluso, se ha mostrado dispuesto a hacer todo lo necesario para evitar que las primas de riesgo de la deuda pública suban demasiado.

Las autoridades fiscales, por su parte, han introducido medidas agresivas de apoyo a familias y empresas y han aprobado también programas masivos de avales públicos para que el sector bancario esté tranquilo a la hora de dar créditos a los sectores más afectados por el coronavirus. Países como Francia y Alemania, por poner dos ejemplos, se han mostrado dispuestos incluso a adquirir participaciones directas en sus empresas si el stress de mercado alcanzar cotas insostenibles.

Por lo demás, nuestro relativo optimismo macro para la segunda parte del año descansa no sólo en el hecho de que el virus será con alta probabilidad un shock sólo temporal sino, también, en que creemos que los fundamentos subyacentes sobre los que descansa la economía global son bastante más sólidos de lo que normalmente se admite. En concreto, a nivel de economía real, no vemos grandes excesos ni por el lado de la demanda ni por el de la oferta que nos hagan pensar en una debilidad estructural. De hecho, los datos de diciembre, enero y febrero en una gran mayoría de economías estaban más bien sorprendiendo al alza y eran compatibles, no con un escenario de fin de ciclo, sino más bien con una economía mundial que estaba rebotando tras las incertidumbres vividas en 2018 y 2019 a cuenta de cosas como la guerra comercial, el brexit o la situación política en Italia.

Si nuestro escenario de shock muy negativo pero con efectos sólo temporales se confirma, existen oportunidades de inversión muy atractivas tanto en renta variable (sobre todo valores cíclicos y value) como en crédito corporativo (para aprovechar unos spreads que reflejan un escenario demasiado negativo en términos de quiebras). En sentido contrario, los bonos de gobierno a largo plazo nos parecen claramente el activo a evitar.

Siempre es difícil subir riesgo en momentos de incertidumbre pero la experiencia (y también el sentido común) demuestran que es precisamente es en estos momentos cuando se crean oportunidades de inversión verdaderamente atractivas a medio plazo.

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