Economía

España se convierte en la puerta industrial de China hacia Europa

Las empresas del gigante asiático están instalando fábricas o realizando alianzas para producir localmente y neutralizar así el impacto de la guerra comercial entre Bruselas y Pekín

Xi Jinping, presidente de China
Xi Jinping, presidente de China. (EP)

China acelera su desembarco en España como puerta de entrada a Europa para la expansión industrial de sus empresas. De la automoción a la energía, son ya varias las empresas del gigante asiático que están instalando fábricas o realizando alianzas para producir localmente y reducir así el impacto de la guerra comercial entre Bruselas y Pekín.

La última en dar el paso ha sido SAIC (Shanghai Automotive Industry Corporation), uno de los grupos automotrices más grandes del mundo. El propietario de MG ha elegido Ferrol y As Pontes para levantar su primera fábrica de automóviles híbridos y eléctricos en Europa con una inversión inicial prevista de 200 millones de euros. SAIC promete 2.300 empleos directos e indirectos y una capacidad futura de hasta 120.000 vehículos anuales.

Al otro lado de la Península, en Barcelona, en 2024 la automovilística china Chery —propietaria de marcas como Omoda o Jaecoo— selló con Ebro-EV Motors la reactivación de la antigua planta de Nissan en la Zona Franca. Este proyecto fue presentado con una inversión público-privada de 400 millones de euros y la recuperación de más de un millar de empleos. También se marcó el objetivo de alcanzar 150.000 vehículos anuales en 2029.

De nuevo, la asociación permitía utilizar plataformas y componentes de Chery en un esquema de producción local, lo que reduce la exposición a los aranceles europeos. Europa los activó en 2024 para los vehículos eléctricos alegando que no competían en igualdad de condiciones, pero eso no ha frenado la expansión de las marcas. Leapmotor se ha aliado con Stellantis. Y España está en el radar de otras automovilísticas chinas como BYD o Geely.

La ofensiva china va más allá de la propia fabricación del vehículo. CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, pactó también con Stellantis a finales del año pasado la construcción de una gigafactoría en Figueruelas, junto a la planta zaragozana del grupo automovilístico. La inversión prevista asciende hasta 4.100 millones de euros y la capacidad podría llegar a 50 GWh.

El mapa se completa con otros proyectos energéticos. En Navarra, la multinacional china Hithium ha anunciado una inversión de unos 400 millones de euros para una gigafactoría de baterías y sistemas de almacenamiento, con cientos de empleos directos asociados. Y Hunan Yuneng, uno de los mayores fabricantes de materiales catódicos LFP, ha confirmado la construcción de una gran planta en Mérida con una inversión de hasta 800 millones de euros.

También en Extremadura, Envision AESC figura detrás del proyecto de gigafactoría de baterías en Navalmoral de la Mata, concebido como una de las grandes apuestas industriales de la región. Y en Andalucía, compañías como Hygreen y Sermatec han puesto sobre la mesa inversiones vinculadas al hidrógeno verde, los electrolizadores y el almacenamiento energético.

Inversión china en España

La inversión directa de empresas chinas en España alcanzó en 2025 los 643 millones de euros, según los últimos datos publicados por la Secretaría de Estado de Comercio. Es un 332% más que un año antes y el nivel más alto desde 2018. Representa un 2% de toda la inversión recibida en España desde el extranjero, un peso no visto desde 2017.

Las exportaciones desde China alcanzaron el récord de los 3,87 billones de dólares en 2025, un 6% más pese al contexto geopolítico. En España, durante el primer trimestre de este año sumaron 12.520 millones de euros, un 3,5% más que en el mismo periodo de 2025 y un 12% del total. De hecho, se ha convertido ya en el primer proveedor de bienes para España, por delante de Alemania.

Este avance se produce en un contexto de creciente preocupación por el papel de las ayudas públicas en China. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha advertido recientemente de que las empresas chinas de 15 sectores industriales clave recibieron un apoyo estatal muy superior a sus competidores internacional entre 2005 y 2024. Un 60% de la cuota de mercado lograda por estas compañías asiáticas ha sido gracias a las subvenciones públicas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también recomendó a China el pasado febrero reducir en unos dos puntos porcentuales del PIB —la mitad del volumen estimado actual, un 4% del PIB— las subvenciones y otros apoyos estatales a determinadas industrias. Advertía de la posible «sobrecapacidad» en China, con una demanda interna débil y un fuerte impulso industrial que aumenta la dependencia del sector exterior e intensifica las tensiones comerciales.

China busca en España acceso al mercado europeo, energía renovable abundante, costes competitivos, y una posición geográfica útil para exportar. España, por su parte, quiere inversión, empleo, tecnología y una segunda oportunidad para territorios golpeados por cierres de fábricas o por la reconversión energética. Sin embargo, abre interrogantes sobre la dependencia tecnológica, la transferencia real de conocimiento, o el control de sectores estratégicos.

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