El olor no era demasiado agradable y ahí estaba yo, varado como una ballena frente a dos puertas. Ya me había costado encender la luz, que estaba escondida en un recoveco no iluminado y ahora me encontraba ante dos entradas distintas, cada una de ellas con un rectángulo identificativo. Había tomado un par de cervezas y apretaban tanto que me mantenía en pie como Chiquito de la Calzada, intentando aguantar. A pesar de la urgencia, no sabía bien qué hacer. ¿A qué baño debía entrar?

Sin pretenderlo, la semana pasada redescubrí la importancia que tiene ser claro. Que nadie se ofenda, pero tradicionalmente ha habido siempre dos baños. Quizá en el futuro haya más puertas y acabemos conformando un corredor, pero hasta hace unos años esas dos puertas se identificaban con dos dibujos nítidos, de los que salen en Power Point 1.0. Puede que esas representaciones se hubieran quedado obsoletas y arcaicas, pero para solventarlo se ha recurrido a una variedad de símbolos que a mí no hacen otra cosa que liarme.

Los he visto de todos tipos: acuarelas de hombres barbudos y sirenas, letras estilo Comic Sans indicando quién debe entrar y muchas cosas abstractas, muchísimas bizarradas. La que me topé la semana pasada superaba cualquier lógica: dos siluetas muy similares diferenciadas sólo porque una era convexa en su parte inferior y la otra cóncava. Tras mucho reflexionar, creo que acerté y alivié mi acuciante problema. Imagino a la persona que tomó esa decisión y sospecho que pudo ser la misma que diseñó los chándales Bosco de España en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Genios avanzados a su tiempo.

Esta anécdota a las puertas del baño pone de manifiesto lo importante que es la claridad. También reseña, además, algo que pasa con demasiada frecuencia; con el ánimo de ser creativos, de no dejar de innovar, de buscar una idea que no se haya hecho nunca, hay veces que perdemos lo más importante: que se entienda. Toda idea es un fracaso si no logramos que sea comprensible. Si yo sufrí lo indecible con algo tan pequeño, poneos en la situación de un consumidor ante un producto o una idea que no es clara. Las posibilidades de que elija la otra puerta son enormes.

Lo único que se debe tener claro es que hay que ser claro.

Feliz lunes y que tengáis una gran semana.