Facebook ha sido la primera red social cuya culpabilidad en el manejo y comercio de datos humanos se ha podido probar, y es el mejor ejemplo del poder que estas plataformas pueden llegar a adquirir: no solo controla la interacción en redes sociales de las personas físicas, sino nuestras comunicaciones privadas (por Whastapp) y los alter egos que creamos en el metaverso, una proyección de nuestra personalidad en la que reflejamos nuestras más íntimas aspiraciones y deseos, frustraciones y aversiones, regalando las claves de nuestra identidad.

Tal como he ido desarrollando en este hilo de artículos, nos encontramos ante un nuevo tipo de capitalismo en el que el dato es la materia prima, gracias a la cual la IA desarrolla los bots y algoritmos que logran predecir y condicionar nuestras opiniones y conductas, lo cual nos convierte en surtidores de datos para las multinacionales que se han hecho con el poder de cambiar nuestros destinos.

Personalmente, la comprensión de esta nueva realidad me hace ser cauto al desenvolverme en el medio digital y las redes y me previene de participar en el metaverso, que interpreto como la puerta al infierno de la esclavitud: la entrada a una vida virtual desarrollada por una IA a la que entregamos todos los datos de nuestra personalidad. Durante siglos se ha discutido si somos verdaderamente libres, pero el libre albedrío no tiene cabida en el territorio del algoritmo.

Mente de perro, mente de león

Una parábola zen muestra la diferencia entre dos maneras de pensar y actuar. Habla de dos mentes, la del perro y la del león. Cuando se lanza una estaca, el perro la sigue con su mirada y va corriendo hacia donde se le ha lanzado. El león, sin embargo, actúa de forma más inteligente: no sigue la trayectoria de la estaca, sino que fija su atención en el que la ha lanzado.

Si en lugar de dejarnos llevar por las informaciones que se nos lanzan para provocar una respuesta emocional, nos fijamos en de dónde proceden, podremos actuar con mayor libertad emocional y, por tanto, pensar más libremente. Solo en esa situación podemos darnos cuenta de quién se está beneficiando de captar nuestra atención.

Es el primer paso en el reseteo de nuestra vida, que nos protege de las influencias indeseables.

Boomerang

Una vez identificada la corriente, se trata de volverla sobre sí misma, como un boomerang: la teoría conspiratoria se vuelve sobre su autor.

Este es el segundo paso: devolver la estaca a quien nos la lanzó ¿Quién nos está manipulando? ¿Las estructuras de poder ocultas tras los medios de comunicación generalistas o las que filtran las informaciones que nos sirven a la carta las redes sociales?

Los algoritmos diseñan el escenario que con mayor viralidad capta nuestra mente, y la adicción más efectiva se logra despertando los miedos y generando ansiedad. Se trata, entonces, de volver nuestra mirada hacia el iluminador de la escena, y voltear el foco hacia él.

¿De dónde proceden las informaciones que cautivan nuestra mente, nuestra atención?; ¿quién saca provecho de ello?

Basta dar ese giro para identificar a quienes manejan los hilos de nuestros perfiles sociales y, por tanto, de nuestra sociedad.