Colleagues having a work meeting through a video call. Desktop computer screen with people waving during online meeting.

¿Es la “nueva normalidad” más “normal” de lo que esperábamos y, en consecuencia, menos “digital” de lo que parecía?

Es la pregunta que se hacen los inversores que, al albur de los crecimientos que se registraban en 2020 y 2021, decidieron apostar por los valores tecnológicos en Bolsa. Millones de individuos que nunca habían invertido en Bolsa decidieron estrenarse durante la pandemia comprando acciones en el Nasdaq gracias a plataformas sin comisiones como eToro o RobinHood. Durante unos meses parecían más listos que nadie. Ahora, han malvendido sus carteras o acumulan pérdidas con la esperanza de que los Facebook, Amazon, Paypal y un largo etcétera de valores tecnológicos logren recuperar las cotas de la pandemia.

También ha vuelto la incertidumbre entre los máximos responsables de tantas empresas que aceleraron la transformación digital de sus negocios a partir de marzo de 2020. Muchos lo hicieron porque no tenían otra alternativa que cerrar sus oficinas y conectar con sus clientes a través de las pantallas. Se dijo entonces que los confinamientos habían logrado anticipar al menos cinco años de historia en el cambio tecnológico. Se dijo también que todos los sectores, y el mundo en general, ya no sería como antes. Era la «nueva normalidad»: los consumidores comprarían sólo online; los trabajadores no pisarían más una oficina; y vamos a ver qué podemos hacer en el Metaverso porque seguro que está a la vuelta de la esquina.

Pero como dice una amiga mía, “Gus, la Historia es muy interesante: siempre nos sorprende”.

Ya creo que lo es.

Ahora ya sabemos que una buena parte de las firmas y tecnologías que nos hicieron más fácil la vida durante el confinamiento han tocado techo con la reapertura de la vida offline, y su valor bursátil se ha evaporado.

Estoy pensando en casos como el de Zoom (vídeoconferencias), Teladoc (atención médica a distancia) o Docusign (firma de documentos a distancia). Quien invirtió, por poner un caso, 1.000 euros en acciones de Zoom en marzo de 2020, vio cómo su valor se multiplicaba por cinco un año después. Ahora mismo esas acciones valen 750 euros. Y Zoom es uno de los valores que mejor está capeando el temporal.

El caso más dramático entre las tecnológicas Stay at Home (las que se beneficiaron de los confinamientos) es el de Peloton, una marca poco conocida en Europa. Cuando cerraron los gimnasios, casi dos millones de americanos compraron una de sus bicicletas estáticas conectadas a través de una pantalla a clases en directo. Ahora, Peloton se debate entre la vida y la muerte. Su dirección no supo calibrar las circunstancias, y se lanzó a invertir en nuevas fábricas que ahora, antes de que estén operativas, ha tenido que poner a la venta.

Pero quizá la empresa cuya evolución mejor simboliza el cambio de tendencia en los patrones de consumo es Netflix. Desde abril ha perdido casi 80.000 millones de dólares de capitalización bursátil. No es capaz de mantener los suscriptores que ganó durante el encierro en casa y su modelo de producto parece agotado en un contexto de alta competencia.

Qué difícil es planificar el futuro cuando las cosas te van bien y todo va viento en popa. El crecimiento rápido ciega. Es una de las claves de la psicología humana que más cuesta interiorizar. Les pasa a los jugadores en los casinos: cuando les está yendo bien, sabemos que lo van a perder todo. Le ha pasado incluso a Amazon, que ahora reconoce que ha invertido más de la cuenta en personal y nuevos almacenes para acoger el crecimiento de la demanda en 2021. En consecuencia, ha perdido dinero por primera vez desde 2015, y acaba de anunciar el alquiler a terceros de los almacenes que ya no necesita.

Mientras tanto, en una galaxia que parecía ya muy, muy lejana, el mundo analógico, las cosas vuelven a la normalidad. Y vuelven con fuerza. Y son más normales de lo que preveíamos.

Los parques de Disney en Estados Unidos tienen ahora más visitantes que en 2019, el año previo al Covid. LiveNation, el mayor operador en el mundo de música en directo, está batiendo en 2022 todos sus récords tanto en el número de conciertos como en la venta de entradas, que superan en un 36% las que se vendieron en 2019.

Queremos salir a la calle, volver a viajar, pasarlo bien juntos, y experimentar el mundo con un ímpetu nuevo. España, por ejemplo, ha registrado nueve millones de turistas internacionales desde el mes de enero. Y las previsiones apuntan a cifras de récord: entre abril y junio hay 29 millones de asientos de avión en vuelos internacionales en la cola de despegue.

Durante la pandemia nos dimos un atracón de pantallas que hace que ahora las tecnológicas estén pasando una fase de resaca. Es el momento de un boom analógico. A disfrutarlo.