Frankenstein con niña

Amo el cine. Me gusta incluso antes de lo que recuerdo. No sé qué edad tendría, seis o siete años, cuando pusieron Frankenstein en televisión, en aquellos tiempos en los que aún dos rombos nos indicaban que los niños teníamos que ir a la cama. Pero yo insistí en verla. Mis padres me dijeron que de acuerdo, pero que después no fuera en mitad de la noche diciendo que tenía miedo. La vi, con ellos y mis hermanos mayores, y claro que me dio miedo. De hecho, me acompañó muchos años en los que, antes de acostarme, miraba debajo de la cama por si el monstruo estaba allí.

Sin embargo, tras aquella intromisión en las películas de los mayores, aprendí dos cosas: una, que depositaron en mí una nueva manera de negociar con la que, si me comprometía a algo y a pesar del miedo, podría conseguir casi lo que quisiera en la vida. Y la otra, que nunca iba a estar sola. Cuando el miedo me atenazaba en medio de la noche, pedía a alguno de mis hermanos que me acompañara al baño y mirara detrás de la cortina. Cuando hay hermandad, el miedo se disipa. 

Hoy, bastantes años después, miro ForbesWoman como si fuera una película. Antes de que leyeras estas líneas hubo un guion. Ay, las ideas. No nos pagan por escribir, sino por pensar lo que escribimos. También hay un story board –»la mano que mece el planillo»… escuchaba cuando era una junior en el periodismo, y un editor, que te compra la idea y cree en ti. Aunque luego lleguen los de producción pidiéndote que gastes un poquito menos. Y un montaje final, con su ‘monstruo’, que es como llamamos los que hacemos revistas al trabajo completo antes de entrar en máquinas.

«Las ideas siempre han de ser compartidas, como los sueños, porque si no las cuentas se te olvidan»

Igualmente, hay días de rodaje luminosos y cierres en los que te quedas trabajando hasta que sale el sol, pero siempre hay café y, con suerte, algunos bollos en la cocina. La documentación también es esencial. Para hacer esto hay que leer, mirar, escuchar mucho.

El equipo técnico nos provee de herramientas para teletrabajar y programas de edición que nos hacen sudar cuando todo no cabe. La tecnología es magia, pero menuda broma cuando se va el wifi. Eso sí, las antenas las tienes que desplegar tú. En esto, como en todo, conviene que estés atento a lo que te rodea, escuchar, mirar, admirar lo que hacen otros. Y por supuesto hay que echarse a la calle, a caminar, a beber, a compartir. Porque las ideas siempre han de ser compartidas, como los sueños, porque si no las cuentas se te olvidan. 

Portada del número de marzo de ForbesW.

«Este número hemos querido dedicárselo a ellas. Hacerlo sólo con ellas. No para subir la cuota, sino para reventarla»

Tampoco se me puede olvidar el casting: por un lado, el equipo técnico, formado por periodistas extraordinarios, talentosos diseñadores, fotógrafos, ilustradores… Y, por otro, el artístico: nuestras invitadas. Con permiso de los caballeros, este número hemos querido dedicárselo a ellas. Hacerlo sólo con ellas. No para subir la cuota, sino para reventarla.

Por aquí encontrarás a mujeres de todas las edades, de casi todas las profesiones, desde el espectáculo al deporte, el cine, la política o la televisión, emprendedoras, ejecutivas, artistas, vivas, muertas, altas, bajas, todas sabias… Están aquí pero están también donde tú estás. A tu lado. Espantando al monstruo. 

Tú misma estás aquí, dándole al play.

Paloma Leyra es directora de ForbesW, la plataforma de visibilización de talento femenino de FORBES.