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Madres solas después de los 40: el nuevo rostro de la maternidad en España

Los nacimientos registrados sin datos del padre siguen siendo minoritarios, pero el porcentaje entre las madres de 45 años o más se ha triplicado: representan ya el 15% del total.

Imagen de archivo de una madre con su hijo recién nacido.
Imagen de archivo de una madre con su hijo recién nacido.

España está viendo aparecer una nueva figura en su mapa demográfico: la madre que llega sola a la maternidad, especialmente después de los 40. No es todavía un fenómeno masivo, pero sí empieza a tener suficiente entidad estadística. El crecimiento constante desde 2007 ha llevado a que un 3,3% de los nacimientos se registren sin datos del padre, frente a una proporción del 1,2% en 2007.

El giro más visible aparece en las edades avanzadas. A los 45 años o más, el porcentaje se ha triplicado —son ya el 14,9%, frente al 4,6% hace dos décadas—, mientras la maternidad en solitario emerge como síntoma de un país que retrasa la fecundidad y diversifica sus modelos familiares. En un 7,6% de los nacimientos de madres con 44 años tampoco hay padre registrado, el doble que en 2007.

Funcas pone sobre la mesa estos datos a partir del Movimiento Natural de la Población del Instituto Nacional de Estadística (INE). Según el estudio del think tank, a lo largo de 2024 —último año sobre el que hay datos disponibles— 7.014 nacimientos de madres españolas se registraron sin padre, de un total de 212.191.

Además de concentrarse en edades avanzadas, también destacan los nacimientos sin padre entre las madres muy jóvenes, mayoritariamente con embarazos no planificados, “quizá vinculados a relaciones de pareja breves y con escasas perspectivas de continuidad”, apunta el servicio de estudios. Este fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado: un 33,1% de los nacimientos entre madres con 15 años se registran sin padre, frente al 16,8% en 2007.

El indicador exige cautela: no mide de forma directa la “maternidad en solitario por elección”. Funcas lo presenta como una aproximación «imperfecta», porque detrás de un nacimiento sin datos del padre pueden convivir realidades muy distintas: madres muy jóvenes con embarazos no planificados, mujeres de edad avanzada que deciden ser madres sin pareja masculina —a menudo mediante reproducción asistida— y parejas de mujeres en las que no se consigna ningún dato del padre.

“Las distintas formas de maternidad en solitario pueden entenderse como parte o consecuencia de transformaciones sociales más amplias, como unas trayectorias formativas y profesionales más largas, el retraso de la convivencia en pareja y las mayores dificultades para encontrar una pareja considerada adecuada para un proyecto reproductivo. A ello se suma un contexto cultural e institucional más favorable que en el pasado, en el que el estigma asociado a la madre soltera se ha reducido notablemente”, apunta Juan Carlos Rodríguez, investigador de la dirección de Estudios Sociales de Funcas.

La fecundidad se retrasa

La fecundidad “con padre” también se ha desplazado hacia edades más avanzadas: en 2024 alcanza su máximo a los 34 años, con 88,5 nacidos por cada mil mujeres, frente al máximo de 2007, situado a los 32 años, con 102,8 por mil. En los nacimientos sin datos del padre, la transformación es más acusada. En 2007, la tasa máxima se registraba a los 19 años, con 1,35 nacidos por cada mil mujeres. En 2024 alcanza su máximo a los 38 años, con 1,65 nacidos por mil mujeres.

Llama la atención que, si bien la fecundidad aumenta en las edades avanzadas tanto “con padre” como “sin padre”, el aumento relativo es claramente superior en el segundo caso. A los 40 años, por ejemplo, la fecundidad “con padre” crece alrededor de dos tercios, de 19,7 a 32,8 nacidos vivos por mil mujeres. A esa misma edad, la fecundidad “sin datos del padre” casi se quintuplica, al pasar de 0,32 a 1,45 por mil.

El contraste a partir de los 40 años es especialmente significativo. A los 40, la fecundidad con datos del padre creció entre 2007 y 2024 alrededor de dos tercios, de 19,7 a 32,8 nacidos vivos por cada mil mujeres. En cambio, la fecundidad sin datos del padre casi se quintuplicó, de 0,32 a 1,45 por mil. A los 45 años ocurre algo parecido: la fecundidad con padre se duplicó, de 1,5 a 3,3 por mil, mientras que la fecundidad sin datos del padre se multiplicó por más de cinco, de 0,08 a 0,45 por mil. Sigue siendo minoritaria, pero crece mucho más rápido.

El análisis de Funcas vincula esta tendencia con transformaciones estructurales: trayectorias educativas y profesionales más largas, retraso de la convivencia en pareja, mayores dificultades para encontrar una pareja considerada adecuada para un proyecto reproductivo y un entorno cultural menos estigmatizador para la madre soltera. También pesan las condiciones institucionales y de mercado que hacen más viable externalizar parte de los cuidados: guarderías, escuelas infantiles, cuidadores, o redes familiares. El dato demográfico, leído así, habla también de empleo, vivienda, conciliación y autonomía económica.

En todo caso, el nuevo rostro de la maternidad no debe romantizarse. Funcas recuerda que los hogares monoparentales son especialmente vulnerables en España: en 2025, el 16,9% estaba en situación de carencia material severa, más del doble que el conjunto de la población, situado en el 7,6%. Aunque las madres solas por elección pueden tener, en promedio, una posición económica más favorable que el conjunto de hogares monoparentales, el dato subraya la exigencia material de criar con un único adulto de referencia.

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