Esta es la historia de un constructor. De un constructor de barcos. De un alemán cuyo apellido ha sido un honor para el pueblo sueco y para todos los navegantes que nos sentimos seguros sobre las aguas al pronunciar su nombre.

La marca Hallberg-Rassy y el astillero Swan (ahora propiedad de la familia italiana Ferragamo) son los dos mejores constructores de barcos de vela del mundo, sin discusión alguna. Pero a diferencia del “cisne” sueco, y tras el fallecimiento de Harry Hallberg (1914-1997), Hallberg-Rassy es el único de los dos que continúa en manos de los fundadores. La muerte del patrón es el último capítulo de ese sueño que supone surcar los mares impulsados por la fuerza del viento.

Pero… ¿Cuándo empezó a forjarse la leyenda de aquel pequeño astillero bañado por el Mar del Norte?

Christoph Rassy creció en la Baviera alemana. Lo normal habría sido que la Baviera Motor Volkswagen (BMW) hubiese requerido sus servicios pero Rassy tenía ganas de fabricar barcos no coches. Las ruedas no eran lo suyo. Tras una temporada como aprendiz en un astillero de barcos de madera se plantó en Nötesund (Suecia) con una bicicleta y muchos sueños.

Se desconoce si una sueca o los cantos de sirenas que se escuchan en el  Baltico fueron los que le empujaron a dejar Alemania. Allí se encontró con Henry Hallberg, fundamental en esta historia húmeda, que ya experimentaba entonces con la fabricación en serie (en cadena de montaje) de barcos con fibra de vidrio, un material que fue muy discutido por los grandes astilleros defensores de la madera tradicional. 

Las ruedas no eran lo suyo

Rassy le compró a Hallberg un pequeño astillero viejo que le sobraba y empezó a construir barcos de madera. Hallberg no imaginó que aquel inquilino cambiaría su vida y le ayudaría a entrar en la historia de la navegación. Rassy empezó con la madera porque no sabía hacer otra cosa. Entre 1965 y 1972 Hallberg y Rassy compitieron, aunque no del todo. Hallberg continuaba con la fibra y Rassy con su madera. Los astilleros – que se llaman así de las astillas que sobraban de hacer los cascos -estaban instalados en Ellös, donde cincuenta años después la familia Rassy aun organiza la mayor feria nautica de la zona, a la que se invita cada mes de junio también a competidores como los reputados Najad. 

El primer barco de Rassy, construido en caoba, fue el Rasmus 35. Todavía puedes encontrarlo en el mercado por algo menos de 50.000 dólares. Siguen siendo buenos barcos, pero antes de lanzarte a por uno debes dejarte asesorar por un perito naval que te asegure si ha sido bien mantenido. En 1974 los dos competidores, casero e inquilino, decidieron juntarse y fabricar barcos uniendo experiencias y capital. Del Monsun 31 pies se fabricaron entre 1974 y 1982 la friolera de 904 barcos.

Algunos puedes encontrarlos por poco más de 20.000 euros y es un excelente barco para desfogarse entre vientos y oleajes. Pero no fue hasta 1975 cuando a Hallberg y a Rassy se les ocurre una de sus grandes aportaciones: incorporar una bañera central y protegerla con un parabrisas. Lo que en un principio pareció una salida de tono para vender barcos se ha convertido con el tiempo en una de las grandes aportaciones de Hallberg-Rassy a la nautica mundial. La bañera central proporciona seguridad a los navegantes oceánicos y el parabrisas protección ante las inclemencias. El modelo se llamó el HR 41 y fue botado en 1975. Si ves un velero con parabrisas y una raya azul que bordea su casco es un Hallberg-Rassy. 

La historia de Rassy ha sido escrita por Bengt Jörnstedt y su biografía “Batbyggaren” puede adquirirse en la página web del astillero. Lástima que está solo editada en sueco porque a los marinos les gusta llevar libros a bordo y es el inglés el idioma común entre todos los clientes del astillero que se mantienen bien conectados en redes sociales, orgullosos de la marca con la que navegan. Tener un Rassy es un valor seguro. El mercado de segunda mano mantiene su valor con precios que oscilan entre el 1.800.000 y los 23.000. El valor de estreno es un 40% superior y no es fácil encontrar modelos porque la lista de espera te hará dudar. Si dudas entonces es que no quieres navegar en un HR. 

Cuando Hallberg se jubiló el viejo Rassy compró las instalaciones completas de Ellös, incorporó a su hijo Magnus al negocio, y al llegar a sus 70, con una posición de mercado inmejorable, con fama de solvencia y firmeza comercial dedicó dos años a dar la vuelta al mundo y a testar sus barcos. Al recibir un sentido homenaje por su aportación a la industria náutica y la navegación mundial Rassy padre confesó: “Me sorprende que en todo el mundo conozcan mi apellido”. 

Con su marcha se cierra un capítulo en la historia de la construcción naval de barcos de vela, desde Suecia para el mundo, con armadores que confían en sus barcos -como Arturo Pérez-Reverte- y tantos otros que citar aquí sería romper su anonimato. Desde estas líneas le deseo buen viento Mr. Rassy. Todo tranquilo en cubierta.