La muerte de Alan Greenspan pone fin a la trayectoria de uno de los arquitectos económicos más influyentes del último medio siglo. Durante 18 años y medio, al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos, sus decisiones sobre los tipos de interés eran capaces de mover bolsas, alterar el precio de las divisas y cambiar el rumbo de las economías de todo el planeta.
Pocos banqueros centrales han alcanzado el nivel de notoriedad pública que consiguió Greenspan. Para inversores, gobiernos y grandes corporaciones, sus comparecencias eran analizadas palabra por palabra en busca de pistas sobre el futuro de la economía estadounidense y mundial.
De músico de jazz a economista de referencia
Nacido en Nueva York el 6 de marzo de 1926, Alan Greenspan creció durante los años de la Gran Depresión, una experiencia que marcaría su interés por el funcionamiento de los mercados y las políticas económicas.
Antes de dedicarse plenamente a la economía, estudió clarinete y saxofón y llegó a trabajar profesionalmente en bandas de jazz. Sin embargo, pronto orientó su carrera hacia el análisis económico, licenciándose en Economía por la Universidad de Nueva York y desarrollando posteriormente una exitosa actividad como consultor privado.
En 1954 fundó Townsend-Greenspan & Co., una firma de asesoría económica que prestó servicios a grandes empresas estadounidenses y consolidó su reputación como analista especializado en previsiones macroeconómicas.
El presidente de la Reserva Federal que sobrevivió a cuatro presidentes
Su gran salto institucional llegó en 1987, cuando fue nombrado presidente de la Reserva Federal por Ronald Reagan para sustituir a Paul Volcker. Lo extraordinario no fue solo su designación, sino su permanencia. Greenspan fue ratificado por administraciones republicanas y demócratas y continuó en el cargo durante los mandatos de George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush.
Su gestión se prolongó hasta enero de 2006, convirtiéndose en uno de los presidentes de la Fed con mayor permanencia en la historia moderna.
El «maestro» de la política monetaria
Durante su mandato, Estados Unidos vivió una de las expansiones económicas más largas de su historia reciente. Entre 1991 y 2001, la economía estadounidense encadenó aproximadamente 10 años consecutivos de crecimiento, mientras el desempleo descendía hasta situarse por debajo del 4 % en algunos momentos y la inflación permanecía relativamente controlada. En ese periodo también se produjo el auge de Internet y de las empresas tecnológicas, impulsando una fuerte revalorización bursátil. Greenspan se convirtió en una figura casi legendaria para Wall Street, aunque ya en 1996 advirtió sobre la posible «exuberancia irracional» que observaba en los mercados financieros.
Paradójicamente, aquella expresión terminaría convirtiéndose en una de las más citadas de la historia económica moderna cuando la burbuja tecnológica estalló pocos años después.
El gestor de las grandes crisis
Su primer gran desafío llegó apenas semanas después de asumir el cargo, con el histórico desplome bursátil conocido como «Lunes Negro» de octubre de 1987, cuando el índice Dow Jones sufrió una caída superior al 22 % en una sola sesión.
La rápida actuación de la Reserva Federal inyectando liquidez al sistema financiero contribuyó a estabilizar los mercados y reforzó la reputación de Greenspan como gestor de crisis. Posteriormente tuvo que afrontar episodios como la crisis financiera asiática de 1997, la quiebra del fondo LTCM en 1998, el estallido de la burbuja puntocom en 2000 y las consecuencias económicas de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En todos esos momentos recurrió a políticas monetarias expansivas y reducciones de los tipos de interés para sostener la actividad económica.
Luces y sombras de su legado
Aunque durante años fue considerado casi infalible, el tiempo también puso en cuestión algunas de sus decisiones.
Tras la crisis financiera global de 2008, numerosos economistas señalaron que el mantenimiento de tipos de interés muy bajos durante comienzos de la década y una confianza excesiva en la autorregulación de los mercados financieros pudieron contribuir a la formación de la burbuja inmobiliaria y al aumento del riesgo sistémico.
El propio Greenspan reconocería posteriormente que había encontrado «un defecto» en algunas de las premisas sobre las que había construido su visión del funcionamiento de los mercados.
Su influencia trascendió la política monetaria. Asesoró a presidentes estadounidenses, compareció regularmente ante el Congreso y fue una figura respetada y a menudo temida por gobiernos, bancos centrales e inversores internacionales.
Cada intervención pública era seguida con enorme atención por los mercados, conscientes de que una simple modificación en el tono de su discurso podía afectar al coste del crédito, la evolución de las bolsas o la cotización del dólar.
El legado de una era
Su mandato coincidió con la globalización financiera, la revolución tecnológica y algunos de los episodios más decisivos para la economía mundial.
Para unos fue el estratega que ayudó a consolidar uno de los periodos de prosperidad más prolongados de Estados Unidos. Para otros, el exceso de confianza en los mercados y una regulación insuficiente sembraron parte de las vulnerabilidades que desembocarían en la gran crisis financiera.
Lo que resulta indiscutible es que durante casi dos décadas fue una de las personas con mayor capacidad para influir en el precio del dinero, el comportamiento de los mercados y las expectativas económicas del planeta. Pocas figuras han ejercido un poder tan silencioso y, al mismo tiempo, tan determinante sobre la economía global.

