Las aguas situadas al norte de Menorca vuelven a confirmar su importancia para los cachalotes del Mediterráneo. La última campaña del proyecto Moby Mummy, impulsado por la Asociación Tursiops, ha detectado este verano 48 ejemplares en la zona, de los cuales alrededor de un 20% son crías, la cifra más alta registrada hasta la fecha en una serie de investigación que arrancó en 2019.
El hallazgo se produjo entre el 17 y el 30 de julio, durante una travesía en velero en la que los investigadores navegaron unas 1.100 millas náuticas. A lo largo de la campaña realizaron labores de búsqueda y localización de los animales, fotografiaron sus colas y aletas para la identificación individual de cada ejemplar, registraron en archivos acústicos las codas —patrones rítmicos de entre tres y cuarenta chasquidos que los cachalotes emplean para comunicarse entre sí— y captaron imágenes aéreas que permitirán determinar su estado nutricional, posibles gestaciones y medidas morfométricas.
En total, el equipo tuvo once encuentros con cachalotes: dos de ellos únicamente acústicos —uno con un grupo de cinco ejemplares y otro con una pareja— y los nueve restantes tanto visuales como acústicos. Entre estos últimos se contabilizaron tres machos solitarios y seis grupos que sumaban 38 animales, nueve de ellos crías. El grupo más numeroso reunía siete cachalotes, tres de los cuales eran crías.
«Que más del 20% de los animales encontrados en grupo sean crías son excelentes noticias», ha señalado el director científico de la Asociación Tursiops, Txema Brotons, quien subraya que los datos confirman que «el norte de Menorca está lleno de animales, está lleno de grupos y está lleno de crías».
La serie histórica del proyecto respalda esa afirmación. Las primeras observaciones que apuntaban a esta zona como área de cría recurrente datan de 2019. En la campaña de 2021 se contabilizaron unos 20 cachalotes; en 2022, con peores condiciones meteorológicas superadas gracias a una climatología más favorable, la cifra se duplicó hasta los 40 ejemplares —ocho de ellos crías— en una expedición realizada a bordo del velero Irifi y en la que participó, entre otros investigadores de Tursiops, la bióloga marina menorquina Aina Blanco, quien entonces destacó que «la mitad de los días que navegamos, vimos cachalotes». En 2023 se siguieron cuatro grupos con 36 ejemplares, nueve de ellos crías. La cifra de 48 cachalotes alcanzada este verano consolida así una tendencia al alza que, según los investigadores, confirma la robustez de la presencia de la especie en la zona.
El norte de Menorca es una región de baja intensidad de navegación, alejada de las principales rutas de tráfico marítimo de grandes buques, lo que la convierte en un espacio especialmente vital para la conservación de esta subpoblación mediterránea de cachalote (Physeter macrocephalus), catalogada En Peligro y amenazada principalmente por las colisiones con barcos, los enmallamientos en artes de pesca, la contaminación, el ruido submarino y las molestias derivadas del tráfico de embarcaciones.
Tursiops, que investiga la población mediterránea de cachalote desde 2003, solicitó al Ministerio para la Transición Ecológica la creación de un área marina protegida al norte de Menorca para salvaguardar la zona como principal enclave de cría de la especie en el Mediterráneo Occidental. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, avaló el pasado verano la creación de esta área protegida, una de las cinco anunciadas durante la Conferencia de los Océanos de Naciones Unidas (UNOC3) celebrada en Niza. En junio de 2025 el Gobierno confirmó que impulsaría oficialmente su declaración, y el Ministerio abrió posteriormente la consulta pública previa para elaborar el real decreto correspondiente.
Una vez delimitada la zona a proteger, los investigadores se centran ahora en recabar la mayor información posible sobre este espacio de cría esencial y estable, y en explorar las mejores medidas de gestión. «Vamos a focalizar el esfuerzo en delimitar las presiones y amenazas que afectan a la especie para que, una vez se declare el área protegida oficialmente, podamos presentar un mapa de gestión eficaz y reducir los impactos más importantes», explica Brotons.
Además de la fotoidentificación de cachalotes, el equipo ha estudiado su comportamiento acústico para distinguir diferencias entre codas y explorar posibles diferencias culturales respecto a otras poblaciones, y ha tomado muestras para análisis de ADN ambiental en colaboración con la Universidad de Valencia.
Aunque el cachalote fue el principal objetivo de la investigación, la travesía dejó también datos sobre otros cetáceos: cinco delfines mulares (Tursiops truncatus), tres grupos con unos 70 calderones grises (Grampus griseus) y seis grupos de delfines listados (Stenella coeruleoalba) con unos 104 individuos, además de más de veinte tortugas marinas (Caretta caretta) —una diversidad que ya en la campaña de 2022 se había hecho notar, con 41 avistamientos adicionales de especies como tortugas bobas, mantas, calderones grises, delfines listados y mulares, e incluso un zifio de Cuvier y un rorcual común.

