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La ruta de la carabela portuguesa: el visitante que recorre el Cantábrico este verano

De San Sebastián a Santander, la carabela portuguesa deja una estela de picaduras. ¿Cuál será su próxima parada?

Carabela portuguesa. (Foto de Getty Images)

La temida fragata portuguesa está causando estragos por el norte de España este verano. Una de sus primeras y más sonadas paradas fue San Sebastián, donde a principios de esta semana sus largos tentáculos azulados y violetas provocaron más de 120 atenciones por picaduras en un solo día, además de obligar a izar la bandera roja en sus tres playas más emblemáticas: Ondarreta, La Concha y Zurriola. La alerta también se ha extendido por municipios vizcaínos como Bermeo, Lemoiz, Ondarroa, Bakio, Ea, Getxo o Lekeitio, mientras que el Gobierno vasco ha confirmado tres hospitalizaciones relacionadas con sus picaduras.

Ahora, la carabela portuguesa continúa su travesía por el mar Cantábrico y ya ha alcanzado Cantabria. ¿Cuáles serán sus próximas escalas?

En Cantabria, Cruz Roja ha izado la bandera de aviso por la aparición de ejemplares en la playa de La Concha, en Suances, y en la Primera del Sardinero, en Santander, mientras los servicios de salvamento han atendido 49 picaduras en una sola jornada. La cifra se suma a las 135 asistencias registradas este pasado sábado, el día con más incidencias desde el inicio de la temporada, y eleva a 236 las atenciones por contacto con carabelas portuguesas en Cantabria desde el pasado 4 de julio.

¿Por qué están apareciendo tantas carabelas portuguesas en las costas españolas?

Los ejemplares adultos proceden del Atlántico abierto, concretamente de la zona del giro subtropical del Atlántico norte, y alcanzan el litoral cantábrico arrastrados por los vientos y las corrientes superficiales. En su caso, el viento desempeña un papel especialmente importante, ya que su flotador actúa como una vela que les permite recorrer grandes distancias. A esto se suma el aumento de la temperatura del agua, que podría estar favoreciendo su reproducción en zonas más próximas a la costa. Investigadores de AZTI han detectado incluso ejemplares de apenas unos milímetros en el golfo de Bizkaia, algo poco habitual hasta ahora. Las elevadas temperaturas, junto a los cambios en las corrientes y las condiciones meteorológicas, podrían explicar que su presencia se haya adelantado y multiplicado este verano.

Medidas ante su picadura

El motivo de la alarma está en su picadura, que puede provocar un dolor intenso, ardor y lesiones urticantes, además de espasmos musculares o problemas respiratorios en los casos más graves. No suele ser mortal, pero requiere actuar con precaución. Ante una picadura, la recomendación es acudir a un puesto de socorro, retirar los restos de tentáculos con unas pinzas -nunca con las manos- y lavar la zona únicamente con agua de mar o suero fisiológico, jamás con agua dulce ni frotando la piel. Después puede aplicarse frío durante un máximo de 20 minutos con hielo protegido por un paño. Si aparecen síntomas como dificultad respiratoria, mareos, náuseas o un dolor muy intenso, es necesario acudir inmediatamente a un centro sanitario. Además, el peligro no desaparece cuando la carabela muere: sus tentáculos pueden continuar siendo urticantes durante días, por lo que tampoco deben tocarse los ejemplares varados en la arena.

Pica como una, pero no es una medusa

Y aunque popularmente se la incluya entre las medusas, la carabela portuguesa (Physalia physalis) no es una medusa, sino un sifonóforo: una colonia de organismos especializados que funciona como un único ser vivo. Su característica más reconocible es el neumatóforo, un flotador azulado o violáceo que sobresale del agua y actúa como una pequeña vela. Bajo él cuelgan largos tentáculos que pueden alcanzar decenas de metros y que están provistos de células urticantes. Es una de las cuatro especies de Physalia y la que llega con mayor frecuencia a las costas españolas. Su presencia en el litoral vasco no es nueva -el primer ejemplar se detectó allí en 2008-, pero los avistamientos han aumentado en las últimas semanas del verano de 2026. Los expertos recuerdan, además, que no existe una forma eficaz de impedir su llegada: las redes, por ejemplo, pueden romperlas y separar el flotador de los tentáculos, haciendo que estos resulten todavía más difíciles de detectar.

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