La Bella Easo es una ciudad de muchos talentos. Capital gastronómica, ciudad de cine, destino de la Belle Époque y gran dama del Cantábrico. Ahora, San Sebastián suma un nuevo capítulo a su estrecha relación con el cine y el turismo con la apertura del Hotel Palacio Bellas Artes San Sebastián, un establecimiento de cuatro estrellas integrado en Curio Collection by Hilton. El edificio, inaugurado en 1914 y considerado uno de los primeros cinematógrafos construidos expresamente para este uso en España, permanecía cerrado desde 1982. Tras más de cuatro años de obras, el antiguo cine y teatro vuelve a la vida con 81 habitaciones, distribuidas en seis plantas, además de gimnasio, aparcamiento y el restaurante Lotu.
El nuevo hotel ha tratado de mantener vivo el espíritu del antiguo Bellas Artes a través de su arquitectura y diseño. El vestíbulo ocupa el espacio del antiguo patio de butacas y conserva el característico arco de embocadura, mientras que el restaurante se sitúa en la zona que antiguamente ocupaban los palcos. Las habitaciones también rinden homenaje a su pasado escénico con nombres como Galería, Anfiteatro, Gran Platea y Palco, mientras que las dos suites más singulares se encuentran bajo la cúpula reconstruida y cuentan con una configuración dúplex y terraza privada. La decoración incorpora además tonos rosados y terracota inspirados en la fachada y diferentes obras del artista guipuzcoano Lander Andonegi.
La memoria del edificio también está presente en pequeños detalles. Cada habitación incluye un cuaderno sobre la historia del Palacio Bellas Artes y su relación con San Sebastián, mientras que la música del Orfeón Donostiarra, que tuvo su sede en el inmueble durante más de seis décadas, forma parte de la experiencia sonora del hotel. El edificio también acogió conciertos y actividades culturales y estuvo vinculado a los primeros pasos de la Euskadiko Orkestra. Con la apertura del establecimiento se han generado alrededor de 70 puestos de trabajo entre la actividad hotelera y gastronómica.
La transformación del histórico inmueble no ha estado exenta de polémica. La rehabilitación, dirigida por el arquitecto Ignacio Quemada, ha enfrentado durante años a la propiedad con asociaciones defensoras del patrimonio, que han cuestionado la pérdida de algunos elementos originales. Uno de los episodios más controvertidos fue la demolición de la antigua cúpula, posteriormente reconstruida como réplica del diseño original. La intervención también llegó al ámbito internacional, con una alerta de Icomos en 2019 por el posible impacto sobre la autenticidad del edificio. La propiedad, por su parte, ha defendido que el inmueble se encontraba en un estado de deterioro avanzado y que su transformación era necesaria para garantizar su conservación.
El detalle donostiarra: una buena cocina
La gastronomía ocupa otro de los espacios protagonistas. El restaurante Lotu, situado en la antigua zona de los palcos, está dirigido por el chef Andoni Luis Aduriz, responsable de Mugaritz y reconocido con dos estrellas Michelin. Su propuesta busca recuperar el carácter social y cultural que históricamente tuvo el Bellas Artes a través de una cocina clásica revisitada: desde el pâté en croûte, el lenguado meunière y el solomillo Wellington hasta el txangurro a la donostiarra. La idea es combinar alta gastronomía y platos más informales en un espacio abierto tanto a huéspedes como a donostiarras, bajo una filosofía que Aduriz resume como «el lujo de la informalidad». El proyecto cuenta además con un obrador propio desarrollado con la colaboración del pastelero Antonio Bachour.
Una nueva vida
El Bellas Artes se suma así a una tendencia internacional de hoteles que recuperan antiguos cines y teatros para convertirlos en alojamientos sin renunciar a su pasado. Es el caso del UMusic Hotel Madrid, que integra el histórico Teatro Albéniz, o del Hotel Rival de Estocolmo, instalado en un antiguo cine y propiedad de Benny Andersson, de ABBA. En San Sebastián, sin embargo, la transformación adquiere una dimensión especial por la estrecha relación de la ciudad con el séptimo arte y por el peso que el antiguo Bellas Artes tuvo durante generaciones en la vida cultural donostiarra. Más de un siglo después de su inauguración, el edificio estrena una nueva vida como hotel sin dejar de contar, a través de sus espacios, la historia del cine y la cultura de la ciudad.

