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El Sargazo invade el Caribe: ¿será 2026 la temporada más severa jamás registrada?

México está en alerta: Quintana Roo acumula ya 92.581 toneladas de sargazo recolectado, con Playa del Carmen y Cancún concentrando el 60% del recale. Los expertos coinciden en que las algas han llegado antes, con más volumen y para quedarse.

Grandes masas de Sargazo en una imagen de archivo. FOTO: Getty Images

Cada año, entre primavera y principios del otoño, el fenómeno se repita: grandes masas de la macroalga sargazo invaden el Caribe, un fenómeno que, como explica la Fundación Caribe Sur, afecta no solo al turismo y la navegación: su descomposición consume oxígeno del agua y crea las mareas marrones o doradas creando condiciones de bajo nivel de oxígeno (hipóxicas) o sin oxígeno (anóxicas).

La temporada de sargazo 2026 amenaza con ser la más severa jamás registrada. Según el último informe de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente (SEMA) de Quintana Roo, el estado acumula 92.581,04 toneladas de la macroalga recolectadas en lo que va del año. La cifra confirma lo que científicos venían anticipando desde principios de año. Los primeros indicios ya se habían detectado en febrero. El doctor Christian Appendini Albrechtsen, director del Grupo de Estudio del Sargazo del Instituto de Ingeniería de la UNAM, advirtió entonces que el tamaño de la mancha detectada por satélite a inicios de año apuntaba a una temporada «muchísimo mayor» que las anteriores. El récord histórico (522.000 toneladas) se registró en 2018, y todo indica que 2026 podría acercarse a esa marca o superarla.

La razón, según la Universidad del Sur de Florida (USF) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) hay que buscarla en una combinación de factores: temperaturas superficiales del mar más altas, un exceso de nutrientes vertidos por el río Amazonas y patrones de viento y corrientes que favorecen el crecimiento acelerado de la llamada Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una formación de algas pardas que se extiende desde África hasta América.

En mayo de 2026, la biomasa flotante alcanzó las 40 millones de toneladas métricas en el Atlántico y el Caribe, superando todos los registros anteriores y cubriendo cerca del 4% de la superficie oceánica monitoreada.

Lo que dejó 2025: la referencia que dispara las alarmas

El fenómeno no es nuevo: desde 2011, con la única excepción de 2013, el Caribe mexicano enfrenta cada verano la llegada masiva de sargazo, según datos del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la USF. Pero el reporte técnico de 2025, elaborado por el investigador Uriel de Jesús Mendoza Castillo, dimensiona la magnitud del problema con una precisión inusual: ese año se detectaron 252.659 polígonos de presencia de sargazo en el litoral mexicano, equivalentes a 382,7 kilómetros cuadrados de superficie afectada a lo largo de 70 días. La biomasa llegó a una cota máxima estimada de 1,30 millones de toneladas, aunque bajo escenarios más conservadores la cifra se sitúa entre 130.000 y 520.000 toneladas.

El estudio también reveló un patrón clave: la estacionalidad del fenómeno se concentra con fuerza en julio y agosto —su mes pico—, y cerca del 70% del área afectada se localizó a más de 20 kilómetros de la costa, es decir, mar adentro, antes de que el alga llegue a la playa. Este dato refuerza el argumento de científicos como Appendini a favor de interceptar el sargazo en altamar, antes de que se descomponga en la orilla.

Con ese antecedente como vara de medir, las 92.581 toneladas ya recolectadas en 2026 —y el hecho de que julio y agosto, los meses de mayor arribazón según el propio patrón histórico, aún están en curso— sugieren que la temporada podría cerrar con cifras muy superiores a las del año pasado.

Playa del Carmen y Cancún, los más golpeados

El reparto del recale no es uniforme. Playa del Carmen (Solidaridad) encabeza la lista con 33.411,42 toneladas retiradas —el 36,1% del total estatal—, seguida de Cancún (Benito Juárez), con 21.669,58 toneladas (23,4%). Entre ambos destinos concentran casi seis de cada diez toneladas que llegan a las costas de Quintana Roo.

La estrategia de contención prevé instalar 16.030 metros de barreras antisargazo en puntos estratégicos, pero hasta ahora solo hay 9.450 metros colocados. Estas estructuras —similares a las usadas en derrames de petróleo— actúan como muros que frenan el alga antes de que llegue a la arena, aunque su eficacia depende de una recolección constante: si el sargazo acumulado no se retira a tiempo, el peso puede hundir la barrera y dejarla inservible.

Autoridades estatales y municipales, la Secretaría de Marina (Semar) y el sector turístico mantienen operativos diarios de limpieza en mar y tierra, con maquinaria pesada y embarcaciones sargaceras.

Cuando el sargazo llega a la costa y comienza a descomponerse, libera ácido sulfhídrico, un gas con olor a huevo podrido, y amoníaco, que pueden causar irritación respiratoria, especialmente en personas con asma. A esto se suma un riesgo menos visible: el alga bioacumula metales pesados como arsénico y cadmio a lo largo de su trayecto oceánico, y algunos estudios advierten también sobre la presencia de microplásticos concentrados.

De residuo a oportunidad

En el mar abierto, el sargazo cumple una función esencial como refugio y alimento para tortugas, peces y aves marinas. El problema surge únicamente cuando se acumula en la orilla: bloquea la luz solar que necesitan los corales y los pastos marinos, y su descomposición reduce el oxígeno del agua, alterando el equilibrio de ecosistemas costeros clave para la biodiversidad y la protección natural de las playas.

Frente al golpe económico —que en México ya supera los 150 millones de pesos anuales solo en labores de recolección, según la Semar—, el Gobierno mexicano impulsa proyectos de aprovechamiento industrial de la macroalga: biocombustibles, fertilizantes y materiales de construcción figuran entre las alternativas en estudio, aunque expertos insisten en que su procesamiento debe hacerse bajo controles estrictos para evitar la liberación de los contaminantes que el propio sargazo transporta.