Llevo muchos años navegando a vela, principalmente a bordo de barcos tripulados por genios de este deporte que me llevan a bordo a cambio de que luego cuente su historia. Sin embargo, la propuesta que me llegó en este caso era tan atípica como irrechazable: una travesía desde Gibraltar hasta Lanzarote en el barco de motor más inspirado en los veleros de competición que hay en el mercado. La excusa era arribar hasta Marina Rubicón, donde esta semana se celebra la tercera cita de las 52 Super Series, el circuito de la vela prevoladora más exigente del mundo.
El barco en cuestión era un Palm Beach 65, que ejerce dentro del circuito como embarcación VIP para los invitados. E investigando su origen ya explica su fama de buen navegar. Palm Beach es una marca creada hace ya más de tres décadas por Mark Richards, veterano de varias ediciones de la Copa América con Australia y legendario patrón del Wild Oats, con el que ha ganado nueve veces la Sydney Hobart en tiempo de real.
Richards decidió aprovechar los avances de los veleros punteros, como era el caso de su Wilds Oats, para crear una marca en lo que lo importante no era convertir el barco en una extensión del chiringuito playero con música y champán, sino navegar de la forma mas eficiente posible. Y a base de investigar, dio con la tecla: construir todo lo posible en fibra de carbono para ganar resistencia con el menor peso posible, imitar el diseño en los cascos de los veleros de competición e innovar en los materiales. Y este triple factor ha llevado a sus Palm Beach a ser de los barcos de motor que menos gasolina consumen del mercado gracias a su eficiencia en la navegación, además de convertirlos en la marca de motor de referencia para los apasionados de la vela que dan el salto a la combustión.

La travesía que nos ocupa constaba de 660 millas, que tardamos 32 horas en completar con una velocidad media de crucero de unos 20 nudos. Los motores oscilaban entre las 1750 y las 1800 revoluciones durante toda la travesía y, pese a llevar un mar bastante complicado de popa, el Palm Beach XII parecía navegar sobre raíles. El ‘XII’ le viene a este 65 pies porque ya ha ejercido como barco de apoyo para el Palm Beach XI, el antiguo Wilds Oats que ahora tiene como armador, además de como patrón, a Mark Richards tras comprárselo a la familia Oatley. Richards es, además, el CEO de Grand Banks, otra firma legendaria le adquirió Palm Beach hace unos años y lo puso como CEO de la empresa conjunta formada por ambas marcas.
Navegamos con tres australianos y un estadounidense. Nos repartimos las guardias en bloques de una hora en solitario durante las horas de luz y de dos horas por parejas por la noche. Nada más embarcar me preguntan si navego y al decirles que sí me meten en la rotación como un miembro más; es la mejor bienvenida posible. El capitán es Anthony Daube, un lobo de mar que acaba de venirse a Europa desde las Antípodas para abrir la oficina de Palm Beach en San Remo. Me maravilló su actitud ante el encuentro que tuvimos con la Armada marroquí. A mitad de travesía, una fragata del país africano (construida por Navantia, según investigamos luego) nos ordenó parar motores y envió una lancha para inspeccionar el interior del barco. Una vez subieron los marineros, Anthony les pidió que se descalzaran, a lo que los militares, muy respetuosos en todo momento, accedieron sin problemas. El capitán les enseñó todos los camarotes, comprobaron nuestra documentación y que no llevábamos nada ilícito y nos permitieron continuar la marcha con los habituales bocinazos de saludo de barco a barco.
Los otros dos australianos eran David Sampson, compañero de batallas de Mark Richards en la Copa América y actual comercial de Palm Beach en Florida, y su hijo Markus, un armario ropero de 19 años que ya está labrándose su camino en el mundillo y ha llegado a trabajar para Ben Ainslie en SailGP. La tripulación la completaba George Saas, un veterano del periodismo naútico estadounidense que ahora dirige la comunicación de la empresa y que es de las pocas personas de este planeta capaces de trabajar en el ordenador totalmente concentrado a 20 nudos de velocidad y con olas de casi tres metros. Tremendo.
Uno de sus grandes objetivos con el acuerdo que tienen con las 52 Super Series es afianzar el crecimiento de Palm Beach en Europa. Pese a que venden muchos de sus modelos sobre plano, sin ni siquiera haber puesto un gramo de fibra de carbono, el sueño europeo es demasiado tentador, ya que la filosofía de la marca tiene un enorme encaje con los armadores de toda la vida, a los que les gusta más navegar que alternar en el barco. Y tiene toda la pinta de que lo van a lograr.
Las 52 Super Series debutan en Lanzarote
Nada más pisar tierra nos ponemos en modo regata, ya que las 52 Super Series debutan en Lanzarote con la disputa de la tercera cita del circuito de este año. Marina Rubicón es la sede de un evento que tiene un claro favorito, el Sled, ya que es el velero que ha ganado las dos citas previas en Puerto Portals y Porto Cervo. El barco armado por Takashi Okura tiene a dos grandes estrellas en la popa como el neozelandés Murray Jones, seis veces ganador de la Copa América, y el italiano Queco Bruni.
En Lanzarote va a competir una flota compuesta por trece barcos de once nacionalidades y, aunque no tenemos barco español, muchos regatistas españoles pueblan diferentes tripulaciones. El caso más prototípico es el del Platoon, que lleva a bordo a Jordi Calafat, Joan Vila, Javi de la Plaza y Víctor Mariño. Además, la organización va a retransmitir por primera vez las regatas en castellano a través de Youtube, ya que las tres últimas dos citas se van a celebrar en España, dos en Lanzarote y una en Valencia.

