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Nautik Interview | Antonio Carmona: «Tras 8 horas en un 600, veíamos el mar y mi hermano y yo intentábamos salir por la ventana»

A bordo de un velero en Mallorca, Antonio Carmona rompe ocho años de silencio con ‘Baro Drom’ (Éxodo). Un regreso marcado por el fl amenco fusión, sus raíces gitanas y una emotiva mirada al mar que inspira su música.

Nada más subir a bordo a Antonio Carmona (Granada, 1965), soltó una pregunta: ¿Tenéis un altavoz para poner música?’. En ese instante supimos que el artista no iba a ser un tripulante más. Nos embarcamos en un Dufour 44 de Yates Mallorca con un cantante que ha roto moldes de pura esencia, que ha llevado al flamenco al siguiente nivel y que deshizo todos los esquemas con una fusión de estilos que lo ha llevado a lo más alto.

Ahora, renace con su nuevo disco Baro Drom, que en la lengua gitana, el romaní, significa Éxodo. «Ha sido un éxodo musical muy grande. He hecho música y producido con gente muy grande», explica sobre este álbum. Un retorno muy esperado tras ocho años de silencio: «La promoción que me he pegado con este disco, hacía años que no la tenía. Ha sido muy dura, pero muy bonita. Reencontrarme con toda la gente que me quiere, con todos los medios… La gente estaba con ganas de verme y de ver qué cosas había hecho».

En la obra destaca su alianza con los raperos Bigflo y Oli en La Paz: «Me han dado una manera de refrescar mi música. Nos metimos en el estudio y da mucha satisfacción trabajar con gente que tiene un concepto musical tan diferente». Un canto crucial hoy: «Con todas las guerras que hay en el mundo, al menos con nuestra música dar un pequeño mensaje». Mirando al futuro, revela su gran sueño pendiente: «Estoy trabajando con un artista que se llama José. Es un compositor gallego. Me apetece meterme en ese mundo».

Navegando por costas baleares, Carmona rememora su primer contacto con el mar: «Veraneabamos en Málaga, porque mi padre hacía festivales por Andalucía. Tras 8 horas en un 600 desde Madrid veíamos el mar y mi hermano y yo intentábamos salir por la ventana a que nos diera ese primer bofetón del mar».

Hoy reside en Cádiz, un refugio que ama pero que le muestra realidades complejas: «Yo vivo en Cádiz y como ahí en ningún sitio. Pero también ves ese tránsito de gente que viene a buscarse la vida. A veces aparece un cayuco con niños y mujeres. De ahí vino la inspiración para ‘Para que tú no llores’ con Alejandro Sanz; una manera de explicar ese tránsito humano que al final es un éxodo. Nosotros, los gitanos, venimos de la India, hemos emigrado por todos los sitios».

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